
Por Mónica Delgado
Unsere Zeit wird kommen (Our Time Will Come), documental de la austriaca Ivette Löcker, está construido desde la lógica de la ficción y el aleccionamiento. Es decir, la cineasta organiza una serie de situaciones dramatizadas, desde una puesta en escena que presenta a dos protagonistas de la vida real, al ghanés Siaka, y a la austriaca Victoria, su esposa, como una pareja que vive diversas consecuencias indirectas del racismo estructural. Aunque no se presentan eventos incómodos para los dos protagonistas durante el seguimiento de un año que realiza la cineasta, el racismo, la discriminación o la xenofobia están fuera de campo pero siempre presente en los recuerdos y vivencias pasadas, y más bien el desarrollo del film se concentra en transmitir la cotidianidad sencilla de ambos en una Austria actual.
El film comienza con Siaka mostrado su hartazgo ante cámaras, como si estuviera siendo entrevistado, en un clásico talking head: “El racismo es una enfermedad. Una enfermedad para la sociedad humana. Una enfermedad que nunca se curará. A menos que uses tu poder para detenerlo”. Este tipo de recurso, que es utilizado para mostrar lo que piensa Siaka de diversas problemáticas que lo afectaron, se repite varias veces a lo largo del documental, ya sea para hablar del trabajo, desempleo o las vicisitudes de sus familiares en su país. Sin embargo, Victoria no pasa por el mismo procedimiento.
Siaka también es mostrado en diversas actividades manuales: ayuda a los vecinos a sembrar nuevas plantas, ayuda a arar la tierra en la casa de sus suegros, o enseña a su cuñado algunas posiciones de calentamiento deportivo. Si bien la intención de la cineasta es mostrar la realidad de los personajes tal cual, hay un desequilibro en cómo Siaka es mostrado, confrontado con lo que encarna Victoria, siendo una austriaca que trabaja como diseñadora gráfica en una agencia. Sabemos por lo declarado por Siaka que vive precariedad laboral, siendo lavaplatos en algunos restaurantes. Sobre este punto hay una escena importante, donde aparece con los dedos vendados y lastimados debido a que unos platos se rompieron mientras lavaba, y pese a ese detalle, la vecina deja que él siga utilizando una lampa para ayudarla a remover tierra y poder así sembrar. Con esta escena, es probable que la cineasta haya querido mostrar la excesiva condescendencia con la que los migrantes, debido a la exclusión, siempre tengan un afán colaborativo, pero a veces el modo en que está siendo mostrado este deseo, puede echar por la bora el gesto que saluda la amabilidad de Siaka.
Our Time Will Come es, ante todo, un film que busca la reflexión en torno al racismo. Hay buenas intenciones, pero no bastan. Hay algunas decisiones en la estructura narrativa y, sobre todo, en el montaje, que revelan un tratamiento desigual entre los dos personajes. Por un lado, asoma una cineasta comprometida que busca sensibilizar sobre un problema grave que sigue deshumanizando (más aún en la misma Austria donde la ultraderecha viene ganando terreno político), y por otro, se cae en el cliché del “africano”, quien es representado bajo el signo de lo intuitivo y marcado por el influjo ancestral frente al racionalismo europeo.
Sección Forum
Unsere Zeit wird kommen (Our Time Will Come)
Directora: Ivette Locker
Guion: Ivette Locker
Fotografía: Frank Amann
Edición: Esther Fisher
Diseño de sonido: Inés Vorreiter
Productores: Bárbara Pichler, Gabriele Kranzelbinder
Austria, 2025, 105 min