BERLINALE 2026: DAO DE ALAIN GOMIS

BERLINALE 2026: DAO DE ALAIN GOMIS

Por Mónica Delgado

Hace poco, la estrella de streaming y youtuber estadounidense, de origen afrodescendiente, Darren Jason Watkins Jr., mejor conocido como Speed, hizo una gira por 19 países de África durante veinte días, logrando audiencias con millones de vistas. Los titulares de medios destacaron que esta gira significó “mostrar la otra cara” de este territorio, o que implicó un “abrir los ojos” ante otra realidad que los medios tradicionales o los influencers no muestran. Durante estas transmisiones en vivo, Speed dejó en ascuas a sus seguidores, ya que una de las motivaciones era encontrarse con sus orígenes, buscar algunos nexos entre la historia familiar: allí encontró danzas, buena comida, animales salvajes, bastante alegría, también visos de modernidad y pobreza, pero también testimonios que las juventudes actuales no conocen, como por ejemplo la historia del regreso de esclavos libertos desde los EEUU en 1821 a Liberia (ya para crear una confederación de liberados, o lograr que EEUU se deshaga de ellos).

Bajo este tramado histórico, en medio del espectáculo para redes, Speed encontró otros Watkins allí, con quienes se activó un tipo de memoria histórica, y también a su manera, y quizás sin querer, permitió que a través de su exitosa y ultramediática figura el subalterno hable: escuchado y validado por el filtro de un sujeto legitimado por el sistema global de medios y redes sociales. En todo caso, África parece necesitar que los hijos de sus hijos retornen de alguna manera, ya como afirmación de una filiación o como encuentro original con los ancestros. Viajes identitarios, dentro de actuales formas de reconocimiento y de circulación de memorias a través de un dispositivo mediático legitimado por el Norte global. Algo de esta intención por “mostrar otra cara” aparece, guardando las distancias, en Dao, del director franco senegalés, Alain Gomis, una obra sentida del retorno al origen familiar, desde la cual se establecen vínculos con la diáspora afrodescendiente, desde algunos elementos asequibles y de facilidad empática, pensada para un público que necesita ser acercado, es decir, que requiere esta mediación como si fuera una oportunidad única. ¿Para quiénes es Dao?

Dao presenta dos tipos de ritos que se van entrecruzando a lo largo de sus tres horas: uno de unión matrimonial en Francia, y otro, un funeral en Guinea-Bissau. Ambas ceremonias de índole social y colectiva tienen sus propias marcas y convenciones, sus pasos, sus repeticiones y sus protagonistas, desde los cuales también se traza un contrapunto atravesado por procesos implícitos de colonización. Los personajes principales, una madre y una hija (la novia), encarnadas por dos actrices no profesionales, participan de estas dos ceremonias en distintos tiempos y espacios. Ambas viajan a Guinea-Bissau para asistir al ritual de despedida del abuelo y líder comunitario. Pero Alain Gomis no busca solo hacer una ficción en dos tiempos en torno a estos dos eventos sociales, sino que agrega un dispositivo particular que construye un velo a todo lo que vemos a lo largo de esas tres horas. Al inicio del film, luego de un texto que indica que “DAO es un movimiento perpetuo y circular que fluye en todo y une al mundo”, entramos al terreno del casting, de cine dentro del cine. Vemos a una serie de personas actuar ante la cámara y recibir el pedido de representar ante el director (fuera de campo y desde una voz en off) diversas situaciones familiares. Luego de esta presentación, sabemos que hay dos mujeres elegidas, que encarnarán a la madre y a la hija de las dos líneas narrativas. Desde este contrato de la ficción, empieza a desarrollarse un interesante recurso: se inserta la desconfianza constantemente sobre qué es actuado y que no, qué es la realidad en esa comunidad rural de Guinea-Bissau o qué de real hay en esa boda.

Al revelar estas dos líneas narrativas, Gomis mantiene el recurso documental desde una tercera ruta, la de incluir entrevistas a las personas que participaron en el casting, tanto en Francia como en Guinea-Bissau, sobre racismo, colonialismo e identidad. Quizás esta sea la decisión más aleccionadora, pero se entiende que Gomis desea no solo tratar a estas personas del casting como actores, sino como habitantes de un tiempo y espacio con problemáticas y donde ellos tienen una agencia determinada. El cineasta no solo quiere hacer una ficción, sino que confía en la hibridez de su dispositivo cinematográfico para mostrar las dos caras de una África extendida; una desde el continente y otra desde un país europeo que los cobija.

Estos dos acercamientos a la diáspora, migración y a los africanos que resisten, se aborda desde dos tiempos: la boda se realiza durante una larga tarde-noche, que incluye la salida de la iglesia, la llegada a una mansión en el campo alquilada para el evento, la recepción, la cena, el baile y la despedida de los novios. Mientras que el funeral transcurre durante una semana, con una serie de conmemoraciones, como la bienvenida, el encuentro con la familia, los preparativos para los diversos rituales, que implican rezos, alabanzas, bailes y comida, con un tono alegre si cabe el término. Todo lo que se ve en los rituales de matrimonio y sepelio, más allá de establecer una dicotomía facilista de vida y muerte, permite transmitir una serie de actos en torno al sentido de comunidad. ¿Qué implica actuar en comunidad en algún poblado de Guinea-Bissau o Senegal? ¿Qué implica esto siendo migrante o hijo de migrantes en Francia? En uno tenemos alianzas normadas por un sistema donde hay organización colectiva para la conducción y supervivencia de todo un pueblo, donde cada miembro del lugar cumple un rol para la siembra, cosecha, ganadería, etc.; mientras que en el otro, este sentido de comunidad es producto de una arcadia, reunida solo para una boda.

Las partes notables de Dao van de la mano de su protagonista, una espléndida Katy Correa, quien, por ejemplo, es disputada por varios hombres durante la ceremonia de la boda, mientras en el rito fúnebre aparece como interpelada ante el ente paterno, admirado en su comunidad. Y a través de sus personajes femeninos -porque también Dao es una obra sobre mujeres inmersas en estos nuevos entornos de enamoramiento y encuentro con ancestros-, el director va apelando a un ámbito tamizado por estas miradas o subjetividades, como cuando el personaje de D’Johé Kouadio (Nour, la hija y novia) visita el bastión en un puerto de Senegal desde donde salían los esclavos hacia América y Europa durante más de dos siglos.

En ese sentido, la película de Gomis funciona en la Berlinale como espacio de traducción cultural. No se trata únicamente de “mostrar otra cara” de los pueblos africanos (racializados y marginados en una Europa racista), sino de complejizar la mirada, de habilitar encuentros intergeneracionales y transnacionales donde la diáspora se reconozca y sea reconocida, desde el uso creativo del lenguaje audiovisual, marcado por planos cerrados que transmiten experiencias cercanas, hasta corporales, de celebración. El retorno en Dao ya no es solo una búsqueda íntima, sino un modo de inscribir estas pequeñas historias africanas desde la afirmación, la dignidad y la potencia de su memoria viva.

Dao
Competencia oficial
Dirección y guion: Alain Gomis
Cinematografía: Céline Bozon,Amath Niane,Deme Mabeye
Edición: Alain Gomis,Fabrice Rouaud,Assetou Koné,Dimitri Ouedraogo,Elizabeth Ndiaye,Moustapha Mbalo Dieng
Música: Gaspard Gomis,Duques del espacio,Keita Janota,Cie
Diseño de sonido: Dana Farzanephour,Franck Cartaut
Diseño de producción: Éliane Lorthiois,Moussa Diene
Productores: Sylvie Pialat,Benoît Quainon,Toufik Ayadi,Cristóbal Barral
Reparto:  Katy Correa, D’Johé Kouadio, Samir Guesmi, Mike Etienne, Nicolas Gomis
Francia, Senegal, Guinea-Bissau 2026, 185 min