
Por Mónica Delgado
Que un cineasta colombiano decida abandonar el llamado “cine for export”, es decir, aquel que construye imágenes exotizantes de su país para satisfacer la mirada de circuitos internacionales como el Festival de Cannes, la Berlinale o San Sebastián, implica la continuidad de una transformación estética que rechaza la reproducción de estereotipos asociados casi automáticamente al país (violencia, narcotráfico, pobreza espectacularizada o paisajes exuberantes convertidos en postal) y que ha caracterizado al cine de este país en años recientes. Están los trabajos de La vulcanizadora, de Camilo Restrepo, Tiagx Vélez, Theo Montoya, Natalia Santa o Simón Mesa Soto, incluso un cortometraje estupendo de Diana Bustamante también visto en Forum Expanded de este año. Obras que recuperan la autonomía creativa y narran desde una perspectiva menos condicionada por la validación extranjera, desplazando el foco hacia historias, personajes o conflictos que no funcionan como explicación folclorizada de su país. Este es el caso de Piedras preciosas, un film pequeño, de coproducción con Portugal, que algunos podrían decir que parece una película francesa, pero que logra construir con autonomía un universo visual particular, lejos de un canon.
Piedras preciosas, ópera prima del cineasta colombiano Simón Vélez, apela a la economía de la elipsis para tratar con toques de comedia una historia de robo desprovista de cualquier tensión y de códigos de los usuales heist film. Centrada en las acciones de un personaje, un migrante de Medellín, que trabaja en algún lugar de Francia, en el campo cosechando uvas, es obligado por una singular pareja de franceses a regresar a su país para obtener una apreciada esmeralda resguardada en los arreglos de una virgen en una iglesia. Por lo descrito, parecería que se está en el terreno de los clásicos films de robos, sin embargo, se trata de una comedia basada en diversas viñetas, centradas en la subjetividad de su protagonista, un joven sin mucha ambición que encuentra en esta oferta la continuidad de su tranquila cotidianidad: escenas tan simples como transmitir el momento de descanso de su personaje en medio de la naturaleza al llegar a Medellín (confrontado com el mundo de las uvas en Francia asociado a un trabajo desgastante).
Por momentos, Piedras Preciosas no parece en sí una película colombiana como mencioné, es decir no se afilia a aquellas que usualmente llegan a festivales de este tipo explotando la atracción por un tipo de violencia cliché sudamericana, realismo mágico o desde historias basadas en las miserias de personajes marginales. Aunque hay que aclarar que en esta ópera prima hay sicarios, delincuentes, ilegalidad, salsa y corrupción, sin embargo, la forma en que Simón Velez ejecuta todo el trayecto de su personaje, quien funge de cura para poder realizar el pedido, se basa en la austeridad en el manejo del tiempo y espacio, y en su capacidad de sintetizar en esta pequeña historia llena de personajes que entran a escena y luego desaparecen sin explicaciones. También podría decirse que como reverso es un cine de imitación. Es inevitable que en sus setenta minutos esta comedia absurda remita a algunos abordajes del cine de Dumont o Serge Bozon. Sin embargo, Simón Vélez logra salir bien librado sobre todo por su sentido del montaje, que hacen que el film no se regodee en mayores recursos más que en su cuidado trabajo fotográfico ya expresado en sus cortometrajes como Los mayores ríos se deslizan bajo tierra (2022) o La máxima longitud de un puente (2018).
Sección Forum
Piedras preciosas
Director: Simón Vélez
Guión: Paulo Carneiro
Fotografía: Mauricio Reyes,Liberman Arango
Edición: Juan Cañola
Música: Carlos Quebrada
Diseño de sonido: Daniel Giraldo,Juanma López
Vestuario: Paula Ciro
Productor: Simón Vélez
Productores ejecutivos: Simón Vélez,Paulo Carneiro
Reparto: Juan Lugo, Laura Taurines, Sofía Jaramillo, Yira Plaza, Daniel
Colombia, Portugal, 2026, 70 min