
Por Mónica Delgado
La particularidad del largometraje mexicano Chicas tristes está en evitar abordar los mismos lugares comunes sobre la violencia de género en las adolescencias que lamentablemente pulula en los imaginarios de diversas películas. No es un film sobre la víctima en sí, ni se detiene en describir detalles escabrosos ni ahondar en revictimizaciones. Más bien su argumento se centra en un personaje que no necesariamente es el protagonista de la violencia, por lo que su apuesta se proyecta sobre el espectro del cuidado, la sororidad y la lealtad entre amigas.
Chicas tristes está dirigido por la cineasta mexicana Fernanda Tovar, quien forma parte del Colectivo Colmena desde hace cinco años, espacio gravitante para el desarrollo de proyectos colaborativos como este y con énfasis en la investigación para la escritura de guion. Como dijera en el Q&A de la presentación del film, se trató de un proceso largo de producción, en el marco de las diversas luchas que se dieron desde la aparición del Me Too, y de las necesidades de las adolescencias ante cómo responder en casos de violencia y masculinidades tóxicas. Obviamente la película no es un manual de feminismo ni una guía para saber actuar en casos de abusos o violencias, sino más bien es el retrato que quiere transmitir una experiencia sensible sobre una joven nadadora, llamada La Maestra, cuya mejor amiga Paula, ha sido violentada y decide ocultar el caso. Ambos personajes tienen 16 años, son nadadoras que entrenan para representar a México en el Campeonato Panamericano Juvenil de Natación, sin embargo un hecho de violencia cambia el clima de la amistad y de los entrenamientos. Todo iba bien hasta que tras una fiesta Paula cambia, debido a un ataque de un compañero de natación. Poco a poco ella va relatando a La Maestra lo que pasó, lo que desencadena una serie de insistencias para que Paula enfrente y denuncie.
Tovar nos adentra en el terreno del coming of age centrado en el proceso de crecimiento de ambas adolescentes de 16 años; sin embargo este aprendizaje se ve forzado no por un tipo de amistad, conflicto familiar o el descubrimiento sexual (tópicos usuales en el subgénero) sino por la debilidad o miedo que se percibe de una persona víctima de violencia sexual. Y esta decisión en el argumento es lo que enriquece el visionado de Chicas tristes, pese a algunos recursos manidos de un cine pop o juvenil, ya que todo el peso dramático reside en el personaje de La Maestra (Rocio Guzmán), quien debe asumir un rol de acompañamiento sin saber bien cómo. Usualmente en historias sobre violencia se pone el foco en el sufrimiento de la víctima: el trauma, el daño, la denuncia, el estigma o el proceso judicial. En cambio, Tovar al centrar la trama en la amiga de Paula (Darana Álvarez), la película desplaza la mirada hacia el entorno, sobre cómo impacta esta violencia en una red de relaciones amicales y familiares. Y concentra el personaje de La Maestra desde el motivo del acompañamiento no como un gesto menor ni pasivo, sino desde una escucha sin juzgar, donde convencer no equivale a coerción. La película probablemente tensiona esta línea: ¿hasta dónde insistir para que se denuncie? ¿Cómo apoyar a la víctima sin invadir? ¿Cómo no reproducir otra forma de presión? ¿Hasta qué punto comprender si la víctima no desea denunciar ni hablar del tema? El acompañamiento aparece así desde la visión de Tovar como un acto de cuidado que reconoce la autonomía de la víctima. No se trata de “salvarla”, sino de caminar al lado; un trayecto nada fácil (como lo expresara la actriz Rocio Guzmán en el Q&A sobre las dificultades para construir el personaje) .
Por otro lado, Chicas tristes es una película que grafica muy bien el desarrollo de guiones de laboratorio, de fórmula, casi perfectos, que inician con un motivo que sí o sí tiene que estar en el cierre para que el espectador tenga la sensación de que el círculo se abraza y la historia queda totalmente saldada. Este largometraje comienza con dos personajes jugando con espejos en la azotea de un edificio, y, por ende, el final considera la misma situación para dar cuenta de que todo el proceso se ha cumplido y que ha habido un desplazamiento simbólico en la relación de las dos protagonistas. No es que necesariamente esto sea un defecto pero se percibe la exigencia de querer lograr un relato también a partir de algunos artificios dramáticos o narrativos. De todas formas, se trata de un film importante sobre mujeres y desde mujeres que aborda un tópico poco tratado en el cine latinoamericano.
Generation 14+
Chicas Tristes
Directora: Fernanda Tovar
Guión: Fernanda Tovar
Fotografía: Rosa Hadit Hernández
Edición: José Pablo Escamilla
Música: Wissam Hojeij
Diseño de sonido: Alejandro Castillo,Eva Valiño
Diseño de producción: Selva Tulián
Vestuario: Daniela Guardado
Productores: Daniel Loustaunau,Araceli Velázquez
Reparto: Rocio Guzmán, Darana Álvarez, Tatsumi Milori, Tomás García-Agraz, Mónica del Carmen
México, España, Francia, 2026, 90 min