
Por Arnau Martín desde Cannes
En su reciente libro Volver al cine, el catedrático de Narrativa Audiovisual Aarón Rodríguez Serrano describe así la genealogía de la sala de cine: “Podría funcionar como una serpiente que se enrosca entre posiciones contradictorias. La sala surge como curiosidad burguesa, desemboca en barracas de feria, se traviste en palacio de cartón piedra con miles de butacas durante la edad dorada de Hollywood, se empequeñece como una caja de zapatos casi clandestina en los pases intelectuales de la modernidad fílmica, es expulsada de las ciudades y confinada a los centros comerciales en la postmodernidad y ahora amenaza con desaparecer”. Esta minuciosa descripción encaja precisamente con lo que el cineasta chino Bi Gan encauza en su última obra, la sorprendente y formidable Resurrection, cuyo prólogo es el mejor arranque que se ha visto este año en el Festival de Cannes, en cualquier categoría. A juzgar por el resultado, Bi Gan no es un apologeta de las salas, pues no deja de preguntarse ambiciosamente por el futuro del cine. Sin embargo, hay mucha resignación en su praxis.
El cineasta chino Bi Gan, comprometido al máximo con el empaque formal de sus películas, sacude el lenguaje visual desde muchas perspectivas y nos introduce en un gran túnel lisérgico que atraviesa diversas épocas. No obstante, habla de algo que ya conocemos y que nos vuelve a trasladar a los discursos de la nostalgia originados en los años ochenta y los noventa, cuando Jean-Luc Godard o Serge Daney proclamaban que “el cine había muerto”. En manos de cineastas como Bi Gan esa exclamación parece corroborarse de nuevo, en la medida en que su visión parte de la conciencia benjaminiana de que es necesario releer los fragmentos de la Historia que han quedado suspendidos para dotarlos de nuevos significados. ¿Y si hemos leído erróneamente la Historia del Cine? ¿Hace falta consolidar nuevos realismos ontológicos, para huir finalmente de esta posmodernidad enferma incapaz de conjuntar nada? ¿Es la evolución del cine una historia del arte comprimida o explicada al revés, hacia la nada?
La ejecución es heredera directa del mito órfico, del cine surrealista de Jean Cocteau e incluso de la visión barroca de Emir Kusturica, de Terayama Shuji o de Toshio Matsumoto. El encuadre de Bi Gan le teme al vacío, a lo que queda por desvelar, y por ello, sus primeras partes están tejidas por un aluvión de imágenes que, de acuerdo con la guía demiúrgica de una narradora omnisciente, hacen avanzar el tiempo. Y el tiempo desgasta la imagen.
Nuestra cultura contemporánea, eminentemente visual, ha condenado a la imagen cinematográfica a un ostracismo que parece irreversible, por lo que el director, se cuestiona Bi Gan, tiene que buscar vías alternativas, y una de ellas es regresar a la artesanía. Para sacudir el lenguaje instaurado, devoto de la inmediatez consumista, hay que reprimirse y tener mucha conciencia del espacio limitado que requiere una imagen cinematográfica si quiere poseer densidad. Resurrection es una elegía por todas aquellas imágenes, y también gestos, que han quedado esculpidos para siempre porque llegaron en el momento adecuado. El presente, no obstante, nunca es satisfactorio. Si tenemos expectativas de que una imagen se produzca ya carecerá de la fuerza absorbente que necesita, y quizá el gran problema de la comunicación en nuestros días, amplificada por los algoritmos, es que está excesivamente centrada en lo previsible. Hay un miedo fatal al error.
El cine sólo puede cultivarse desde dentro, desde la semilla inexpugnable e imprevisible del acto de creación. Sin embargo, necesita una estructura que lo acoja y lo envuelva, y por desgracia o por fortuna, nos encontramos en una época de coexistencia fragmentada de diferentes paradigmas. El filme parece apartado de su propio camino, casi cercano a la mística (pregúntenle a Apichatpong Weerasethakul o a Pham Thien Am), y busca colonizar otras formas de hacer para seguir teniendo la especificidad que siempre ha reclamado. Hace cien años existía una fascinación por los circos, los parques de atracciones o los trenes, un deslumbramiento por el movimiento. Hoy, por el contrario, parece haber una sumisión a lo técnicamente perfecto y a lo preciso. Por eso, Stanley Kubrick fue un profeta.
En el origen de las cosas siempre late una fuente de verdad. Bi Gan está obsesionado con beber de ella, pese a que en algunos instantes su deriva se retuerza demasiado en sí misma. Toda la parte final de Resurrection, que rima con el comienzo y nos deja con un final que parece una respuesta apesadumbrada a la célebre escena de la pantalla de Sherlock Jr., de Buster Keaton, es el dibujo chocante de un estado de ánimo sombrío que perfora nuestro inconsciente colectivo.
Competencia Oficial
Resurrection (Kuang ye shi dai)
Director: Bi Gan
Music: M83
Sonido: Li Danfeng
Edición: Bi Gan, Bai Xue
Diseño de producción: Tu Nan
Fotográfia: Dong Jinsong
Guion: Zhai Xiaohui
Reparto: Shu Qi, Jackson Yee
China, 2025, 160 min