
Por Arnau Martín de Cannes
Toda película se busca a sí misma. Los recuerdos de los creadores, voluntarios o involuntarios, siempre interceden y se filtran en todas las partes que componen el proceso de fabricación de las películas, las cuales no dejan de ser paréntesis organizados de la vida. Incluso son su empaste. Asimismo, el cine no está pensado para ser abordado por una sola mente, como comprende a la perfección la cineasta Carla Simón. Para la directora catalana la praxis del cine es un elixir, un oficio curativo tanto en su pensamiento como en su ejecución. El suyo es un claro ejemplo del cine como una representación discreta de la intimidad personal y familiar, pues en incontables ocasiones, y sin recurrir a psicoanálisis sofisticados, necesitamos verbalizar o poner en imágenes lo que sentimos para poder razonar sobre ello con posterioridad. Con su último largometraje, Simón completa su trilogía sobre la pérdida con una propuesta que quiere ser un salto cualitativo, y lo consigue en gran medida. Verano 1993, Alcarràs y Romería conforman un tríptico que versa, entre diversas cosas, sobre el simulacro de recuperación de lo que se ha perdido.
El guión de Romería es ambicioso, sobrio y contenido, y su aplicación se esfuerza al máximo por disipar la niebla de la memoria, al calor de referentes como el Carlos Saura de Cría Cuervos, que hacen mucha sombra. La narración nos sitúa en el año 2004, cuando la protagonista, una joven de 18 años –alter ego de la directora- pretende traer al presente la biografía de sus padres con la máxima objetividad a la que puede aspirar, y de la que sólo tiene información sesgada. Romería es humildemente epifánica, en el sentido de que su resolución permite restituir ciertas experiencias que en el momento de vivirlas, o de heredarlas generacionalmente, no se pudieron interpretar correctamente.
Uno de los encantos de Romería, que peina Vigo y mira al mar con el deseo de los poetas, es que a medida que avanza la trama va adquiriendo más coherencia tonal. El recuerdo de los padres se va destilando en paralelo a la imagen, que se aclara mediante el montaje y la fotografía. Este departamento ha estado a cargo de Hélène Louvart, habitual colaboradora de la italiana Alice Rohrwacher. Su avenencia con Carla Simón ha dado sus frutos, y la estética y la narración casan con la sutileza de los autores más avezados en la materia.
En algunos momentos, en concreto cuando la cámara trata de definir a los protagonistas a través de la postura, la estética resultante recuerda a Dolor y Gloria, de Pedro Almodóvar, a causa también de los violines en la banda sonora, que moldean la atmósfera y le añaden una pátina de indagación. Por otro lado, los flashbacks incorporados arrastran ecos de muchos filmes del cine moderno, desde Philippe Garrel hasta Michelangelo Antonioni, especialmente cuando los padres deambulan poseídos por un espíritu de libertad que les terminaría jugando a la contra.
A destacar también la actuación de Llúcia Garcia, en quien Simón encuentra una aliada fascinante para vehicular sus preocupaciones. La joven actriz transmite, a ojos de la cámara, una manera muy sugestiva de abrirse hacia dentro, en complicidad con los espectadores pero al mismo tiempo conservando una distancia púdica. Por otro lado, el también joven Mitch Robles encarna con mucha precisión determinado espíritu de la década de los ochenta, sobre todo desde el peinado y el vestuario.
Romería está polinizada por el aroma de los viajes iniciáticos emocionalmente más poderosos, aquellos que parten de la frustración de no entender. No quiere ser definitoria ni alentar a cierres forzosos, sino que más bien se desarrolla como una exhalación borrosa de las historias que se nos quedan tatuadas, sin catarsis ni histrionismos.
Competencia oficial
Romería
Dirección: Carla Simón
Guion: Carla Simón
Edición: Sergio Jiménez y Ana Pfaff
Música: Ernest Pipó
Fotografía: Hélène Louvart
Compañías: Elastica Films, Ventall Cinema, Dos Soles Media, Movistar Plus+, RTVE, 3Cat, ZDF/Arte
Reparto:Llúcia García, Mitch Martín y Tristán Ulloa
España-Alemania, 2025, 115 min