CANNES 2026 (QUINZAINE): LA PERRA DE DOMINGA SOTOMAYOR

CANNES 2026 (QUINZAINE): LA PERRA DE DOMINGA SOTOMAYOR

Por Mónica Delgado

La perra, quinto largometraje de la cineasta chilena Dominga Sotomayor, es una adaptación bastante fiel de la novela de la escritora colombiana Pilar Quintana. Cambian los espacios (de la selva a la costa), los nombres de los personajes, algunas pequeñas circunstancias, pero se mantienen las situaciones más generales del texto de ficción de manera intangible: una mujer de cuarenta años (Manuela Oyarzún) adopta a una perra y se la lleva a su casa en una zona costera que se sostiene de la pesca. Silvia vive con su esposo pescador y no tienen hijos a pesar que el mandato social lo exige. El nacimiento de un bebé en la comunidad remueve su imposibilidad de ser madre y tensa la relación con el animal que cuida como alguien de la familia.

En el Q&A, Dominga Sotomayor sostuvo que el film es una obra sobre la maternidad y los vínculos que se establecen a través de este deseo. Sin embargo, La perra es también otra cosa tras su pasaje al medio cinematográfico y más allá de esa primera capa narrativa: hay una potencia del territorio y también, por momentos, un punto de vista desde el animal, y, sobre todo, una ambigüedad en su protagonista, que en la obra literaria estaba explícita en su frustración de no poder ser madre. En el traslado que hace Sotomayor al cine, el personaje de Damaris (en la novela) sufre una transformación con Silvia (en la película): hay un suceso de infancia que la ata a un permanente estado de culpa, a tal punto que la no maternidad es parte de ese proceso de expiación. Allí, la perra cumple un rol de suplantación de ese deseo autorreprimido, sin embargo, se trata de un animal que es mostrado disfrutando de su libertad cuando se escapa, de ladrar a caballos tranquilos o dormir en las carpas de viajeros extraños frente al mar. La perra Yuri, nombrada así en honor de la famosa cantante mexicana, no quiere una madre (ni mucho menos serlo tras haber sido preñada y haber dado a luz a tres cachorros que Silvia debe regalar).

Hay un tratamiento del espacio a través de la fotografía bastante sublime. Los espacios abiertos o paisajes de la zona pesquera de la isla de Santa María (en Concepción) es mostrada casi como si fuera una arcadia donde no parece pasar nada, pese a ser un entorno de trabajo duro, tanto en altamar como en sus costas, donde personas como Silvia deben bucear para sacar yuyos o mariscos. El uso de prendas rojas para caracterizar algunos momentos de la vida de Silvia con relación a  la culpa o su deseo quebrado de maternidad (que devienen en una misma sensación) se vuelve constante, más aún en la escena con Nicolás, en ese flashback logrado, donde las fauces del mar adquieren un halo de destino trágico del cual jamás Silvia se podrá deshacer.

Como en el otro film chileno de Manuela Martelli, estrenado en Un certain regard de este año, en este nuevo trabajo de Sotomayor también hay una desaparición, un hecho traumático que deviene en un síntoma de lo que atraviesa como culpa el personaje de Silvia. Pese a esa ligera similitud, se agradece que Sotomayor no haya elegido alguna metáfora social y política como trasfondo, sino ejecutar una trama dentro de los linderos de la novela en sí.

Si bien la película es llevada de manera concreta desde la interrelación entre las miradas de Silvia y su perra (porque las dos miradas se vinculan en su forma de percibir esa realidad, y en ese sentido Sotomayor le da una agencia al animal), por momentos desde la ternura, otras desde la rabia e indiferencia; la crueldad de la novela de Quintana gana espacio con poca sutileza, a tal punto que el final resulta cínico, a punta de recursos retóricos como sobreimpresiones o formas asumidas como “poéticas” que buscan idealizar o abrir paso a la belleza del plano a la fuerza tras el horror. Lo que tenía un halo de película portuguesa, deviene en una obra de Haneke u Óstlund sin más ni más.

Hay otras deficiencias en La perra, quizás menores: siempre resulta problemática la forma es que se agregan a las tramas los acuerdos de coproducción, en este caso con Brasil, ya que se incluyen algunos componentes que se perciben impostados, como la presencia del actor Serton Mello o la inclusión de la canción de una famosa telenovela de ese país de inicios de los noventa Vientre de alquiler, que sublima el derecho de ser madre por compra, y que Silvia se niega a asumir como íntimo himno.

Quincena de cineastas
La perra
Dirección: Dominga Sotomayor
Guion: Inés Bortagaray, basada en la novela de Pilar Quintana
Fotografía: Simone D’Arcangelo
Diseño de producción: Natalia Geisse
Edición: Federico Rotstein
Música: Clint Mansell
Productores: Rodrigo Teixeira, Fernando Bascuñán, Berta Marchiori
Reparto: Manuela Oyarzún, David Gaete, Selton Mello, Paula Luchsinger, Paula Dinamarca, Rafaella Grimberg
Chile, Brasil, 2026, 112 min