CINÉMA DU RÉEL 2021: FILMS DE SANDRO AGUILAR Y JESSICA SARAH RINLAND

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Por José Sarmiento Hinojosa

Me pregunto el significado exacto de la frase “arqueología de la imagen” (no en el sentido habitual de restauración de archivo), y si este término podría abarcar la ruta mental que estoy tratando de seguir cuando veo las últimas películas de Sandro Aguilar y Jessica Sarah Rinland. Si por arqueología entendemos la recuperación o el análisis de la cultura material, ¿cómo se puede desenterrar la imagen en su materialidad, de su presencia subyacente, para resignificar el uso de sus momentos, para contextualizar una narrativa diferente ligada a la idea deleuzeana de la imagen-tiempo?

Este es, en efecto, un vínculo fácil de establecer, ya que la película de Rinland Sol de Campinas (2021) trata directamente del proceso de la arqueología en sí, del desenterrar la memoria como proceso matérico, que es un camino que la cineasta argentina ha seguido antes, en obras / instalaciones como We Account the Whale Inmortal (2012 – 2016) o su anterior película those that, at a distance, resemble another (2019). Pero va más allá de eso.

La película de Aguilar, Armor (2021), sigue el camino de una narrativa tradicional a partir de una construcción de instantes, cartulinas y espacios, construyendo una historia a partir del mero acto de recontextualizar fragmentos. La historia detrás de Armor (y me atrevería a decir que la “historia” en sí viene después de la estructura) es un desenterrar de duraciones periódicas de tiempo, que muy bien podrían ser la esencia del cine, pero en este caso, a través de los fragmentos, los caminos, o la posibilidad de que las rutas queden concatenadas entre sí para reconstruir un rompecabezas que avanza, como una excavación arqueológica, un ejercicio para encontrar cohesión de fragmentación; la unidad de desconexión.

La atmósfera de la película juega un papel crucial: solo vemos la “armadura” de la historia asomarse por breves momentos, y parece que estamos en el camino de la claridad, pero, como proceso de recuperación, funciona lentamente, se toma su tiempo para construir sus fragmentos, como un esqueleto incompleto. Se convierte en arqueología.

Sandro Aguilar, para mí, aparece como un cineasta bastante subvalorado (al contrario de su papel de productor, trabajando con gente como Eugene Green, Salome Lamas, Manoel de Oliveira, etc.). Jewels, su película de 2013, permanece en la memoria como una obra maestra absoluta donde la ficción se encuentra con la entomología, y la cibernética se encuentra con el drama y el horror. La facilidad con la que Aguilar se mueve en un entorno tan híbrido de géneros habla de los hitos de su carrera como director, y Armor no es una excepción. Quizás esta curiosidad innata suya por elegir materias abiertas a la exploración y a la disección, lo lleve a una avenida de puro descubrimiento, que es la esencia de cualquier buena película experimental (o de cualquier buena película, en todo caso). El drama detrás de la historia del personaje de Armor, ebrio y con armadura, se encuentra dentro de una exploración pura de las posibilidades de las narrativas y  su atmósfera.

Armor

Jessica Sarah Rinland sigue su propia ruta de exploración en un sentido más literal del ritual de la arqueología y la memoria. Sin embargo, hay que considerar su camino como uno muy particular, donde lo táctil, o la exploración, ha cobrado protagonismo a lo largo de toda su filmografía. Las manos, por ejemplo, juegan un papel de descubrimiento infinito, pero también son herramientas de empatía, de conexión, de las formas intrínsecas de la recuperación de algo que conserva un misterio oculto, como temas recurrentes (una coincidencia): la entomología (Black Pond, 2018), o disección (Necropsy of a Harbour Porpoise (Seeing From our Eyes into Theirs), 2015), o mera sensualidad (Expression of the sightless, 2016)). Mientras, Sol de Campinas podría ser una pieza de acompañamiento a su anterior corto those that, at a distance, resemble another, en cierto modo: ambas películas están dedicadas al proceso, y a la potencialidad de lo táctil como método de reflexión sobre la ecología y la memoria.

Pero, de nuevo, los ojos de Rinland están ansiosos por observar el proceso como un elemento de revelación, y esto se muestra en sus diversas presentaciones en vivo, sus entusiastas esfuerzos por convertirse en parte de los eventos sobre los que ella está tratando de arrojar luz. Su cámara (y esta es una de las principales cualidades de su cine) se pregunta a través de las tomas como un ojo curioso, como una extensión biológica del brazo que quiere ser parte del desenterrar, del polvo, del acercamiento práctico y de atravesar los complicados palimpsestos de la memoria. No siempre es completamente revelador, no siempre da respuestas, pero se acerca lo más que puede, tanto como la empatía por una disciplina puede llegar a recuperar esas verdades no contadas, o respuestas difusas que habitan entre las estéticas de la imagen en movimiento. Dos películas fascinantes para una primera entrega de Cinéma du Réel.

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