
Por Mónica Delgado
La premiación de Dreams (sex love), el cierre de la trilogía del cineasta noruego Dag Johan Haugerud, fue una sorpresa en la reciente edición de la Berlinale. Por un lado, debido a que muy pocos -o casi nadie- la pronosticaban como ganadora, y por otro, debido a que dentro de la competencia hubo films que tendrían más elementos para dar en la yema del gusto del jurado- presidido por Todd Haynes- y no tanto en la yema del gusto de la crítica. De todas formas, esta decisión por la película noruega se empata con las sensibilidades de estos tiempos, que prioriza los tratamientos diversos de historias sobre mujeres (aunque las dirijan hombres) y que aborda también temáticas LGTBQ+, en este caso, desde un coming of age.
Como mencionamos en otro texto en Desistfilm sobre las películas en la competencia protagonizadas por mujeres desde narrativas que las empoderan o que las arroja al estereotipo, este film de Haugerud resultó ser el más amable de todas las propuestas sobre personajes femeninos, y muestra un “mensaje” más acorde con la necesidad de visibilizarlos con agencia desde una peculiar historia de amor lésbico; requisito básico para ganar films dentro de las ya consabidas tendencias de inclusión. Es decir, la película no es una obra extraordinaria en un sentido cinematográfico, es más, hasta contiene momentos muy “Subiela”(cursis), para añadir un término desencajante. Además, la presencia de este cineasta noruego dentro de la selección no es ajena al ámbito festivalero, cumpliendo otro requisito propio de la endogamia del circuito, puesto que dos de sus films que conforman la trilogía sobre “sexo, amor y sueños”, se presentaron con éxito tanto en la misma Berlinale como en el Festival de Venecia. Sex (2024) se estrenó en la sección Panorama de la 74º edición del festival alemán, mientras que Love (2024), segunda entrega de la trilogía, tuvo su estreno también el año pasado en el mencionado festival italiano. Es decir, la trilogía se propone como un gran fresco sentimental y generacional. Una suerte de educación sentimental desde la sexualidad en la contemporaneidad hecha para los festivales.
Dreams (sex love) (Drømmer, en noruego) en la segunda parte de una trilogía, pero es la tercera que se estrena, descompensando la lógica propuesta por el mismo cineasta, aunque parece ser que la premisa “el orden no altera el producto” se cumple aquí. En la línea de su paisano, Joachim Trier, a este cineasta le interesa explorar las tensiones amorosas desde la perspectiva de diversos personajes que tienen de marco a una de las ciudades del primer mundo, donde el deseo sexual se convierte en pieza vital del sostén y armonia social. Así, la trilogía Sex, Love, Dreams se vuelve una exploración matizada de la sexualidad, el deseo y las relaciones humanas en esta alejada y resuelta sociedad actual. En Sex (2024), dos amigos heterosexuales que trabajan como limpiadores de chimeneas enfrentan una crisis de identidad cuando uno de ellos revela haber tenido un encuentro sexual con otro hombre, mientras el otro experimenta sueños recurrentes en los que se siente mujer. Mientras que en Love (2024), Marianne, una doctora pragmática, y Tor, un enfermero compasivo, exploran la intimidad más allá de las relaciones convencionales. Y, finalmente, Dreams narra la historia de Johanne, una adolescente blanca, de 17 años, que se enamora de su profesora afrodescenciente y documenta sus sentimientos en un manuscrito que su madre y abuela descubren de casualidad. Johanne enfrenta así no solo sus propias percepciones sobre el amor y la sexualidad, sino también a un enredo donde la profesora es vista como amenaza. A través de estas tres películas, Haugerud ofrece una mirada introspectiva sobre cómo las personas navegan sus deseos sexuales en un mundo -el europeo y occidental- que constantemente redefine las normas de intimidad y afecto, desde la sospecha y lo políticamente incorrecto.
Más allá del aspecto narrativo, Dreams (sex love) propone la extrañeza como motor en todo lo que está alrededor de su personaje (la joven actriz Ella Øverbye), quien no solo debe atravesar un típico proceso de amor desde los códigos del film de aprendizaje y de despertar sexual, sino que su derecho a imaginar en una fase platónica, a través de una novela que crea a partir de esta fascinación por su maestra, se ve intervenida por dos mujeres de su familia, que desconfían de la ficción. La premisa es interesante, la de proponer un quiebre entre el derecho a imaginar y crear una ficción, y la alerta de que todo lo que está escrito en esa novela inédita sea producto del testimonio. Sin embargo, esta idea del poder del deseo sexual como esencia creativa queda en promesa, sobre todo debido al tipo de puesta en escena que el cineasta elige para transmitir esta difuminación de fronteras, y que a veces nos somete a la simpleza de planos y contraplanos sin mayor ambición (o a una inexplicable escena del sueño de la abuela donde se le ve ascendiendo a los cielos). Aunque lo más burdo aparezca, como suele pasar, hacia el final, haciendo que su protagonista que comenzaba teniendo algunos matices dramáticos termine su proceso convertida en la comprobación de una tesis sobre la volatilidad del amor en la adolescencia. Ese final tan remarcado e innecesario, quizás producto de algún agotamiento expresivo, revela que estos sueños terminan haciéndose agua, saboteados por la inocua realidad.
Ganadora Oso de oro competencia internacional Berlinale
Drømmer
Director: Dag Johan Haugerud
Guion: Dag Johan Haugerud
Fotografía: Cecilie Semec
Edición: Jens Christian Fodstad
Música: Anna Berg
Diseño sonoro: Gisle Tveito, Yvonne Stenberg
Productores: Yngve Sæther, Hege Hauff Hvattum
Reparto: Ella Øverbye, Selome Emnetu, Ane Dahl Torp, Anne Marit Jacobsen
Noruega, 2024, 110 min