PIÈCE TOUCHÉE DE MARTIN ARNOLD

This entry was posted on March 9th, 2014

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Por Mónica Delgado

En Pièce touchée (1989), el vienés Martin Arnold toma 15 segundos de The Human Jungle de Joseph M. Newman de 1954, de claro espíritu noir, para dilatarlos y proponer así un nuevo acercamiento figurativo hacia el concepto de matrimonio bajo el yugo de Hollywood. Arnold se detiene en una escena simple, donde vemos a un marido llegar a su casa mientras su esposa lee un diario. La besa y se va. Este extracto es alargado a decenas de cuadros que repiten una y otra vez las acciones, logrando una atmósfera freak de un hecho convencional y de rutina marital. La mujer sentada, el hombre que entra y el beso de atrás hacia adelante, o en inversión del fotograma, modos de mostrar que permiten aflorar el lado sexual, y que en el plano original aparecen como reprimidos.

A través de esta manipulación del ritmo de los fotogramas es que Arnold va a sacar a la luz intenciones entre los personajes, gestos y movimientos, que en los planos de 1954 permanecen ocultos, o que en todo caso pasaron desapercibidos. A diferencia de Alone, Life wastes Andy Hardy, (donde Judy Garland o Mickey Rooney se extienden para crear una nueva ilusión, centrada en ruidos disruptivos, o en cantos que hacen énfasis en determinadas palabras de estas dos figuras importantes del cine de Hollywood), en Pièce touchée no se cuenta con esta fascinación fetiche,  por tratarse de dos actores poco conocidos y de una película del montón.
Arnold dijo alguna vez que “El cine de Hollywood es un cine de exclusión, reducción y negación, un cine de la represión. Siempre hay algo detrás de lo que es representado, que no estuvo representado. Y es exactamente eso lo más interesante a considerar” (1). Escenas cortadas y repetidas de modo abrupto donde aflora el lado oscuro y bizarro: en Passage à l’acte (1993), Gregory Peck ya no es el mismo y se comporta como un padre de golpes certeros en la mesa, con hijos gritones que desbordan la misma violencia al hablar. En Passage á l’acte , Matar a un ruiseñor se convierte en una oda del golpe seco, del grito y de un “coma, coma, coma” en medio de un desayuno familiar. El hijo sale molesto de la cocina pero regresa a hacer las pases con la hermana. Lo que es una acción inocente se vuelve un acto de violencia y de inmovilidad paterna. O como sucede con Judy Garland, que canta de modo asbtracto Alone, alone, alone para formar una orquesta de sonidos subhumanos.

La maestría de Arnold no está en extraer estos fragmentos y aplicar repeticiones a destajo con un claro sentido de la burla y el nonsense, sino en sacar a la luz una sinfonía de ruidos ordinarios de puertas, jadeos, y suspiros para transformarlos en evidencia de sentimientos más allá de lo permitido. El mundo idealizado de Hollywood se va al tacho y emerge como un entorno que se abstrae a través de los sonidos y de palabras nuevas hacia actos cuasi incestuosos o pulsionales. En Alone. Life Wastes Andy Hardy, un beso cobra dimensiones inusuales a punta de gemidos salvajes. Allí, Arnold apunta a enfatizar la posibilidad del lado oscuro del personaje que encarna Mickey Rooney, y traza el deseo edípico hacia su madre de manera elocuente, mientras que en Pièce touchée  la sexualidad asoma como eje vital de la vida en pareja, para luego desaparecer a ritmo de antagonismos.

Nota

1. ARNOLD, Martín, en Index DVD: Martin Arnold – The Cineseizure http://www.index-dvd.at/en/program/018/index.html [Consulta 04/03/2014]