CINE PERUANO: POLÍTICAS FAMILIARES DE MARTÍN REBAZA PONCE DE LEÓN

CINE PERUANO: POLÍTICAS FAMILIARES DE MARTÍN REBAZA PONCE DE LEÓN

Por Mónica Delgado

Hay un tipo de documental donde la subjetividad en primera persona del cineasta desestabiliza los relatos familiares. A través de la interpelación directa, estos cineastas revelan tensiones entre memoria, afecto y trauma, evidenciando que lo privado está atravesado por lo político y que toda reconstrucción familiar implica, inevitablemente, enfrentarse a verdades fragmentarias y silencios persistentes. En Du verbe aimer (1984), la cineasta Mary Jiménez confronta desde un presente a su pasado familiar (vínculos entre madre e hija, o relaciones padre y madre) a partir de la búsqueda de su propia identidad personal y creativa tras haber abandonado Lima años antes. Es un relato duro, que pasa por la autoidentificación, la marginación social y familiar, y la relación de amor y repelencia hacia una figura materna entre hostil y tierna. En El pacto de Adriana (2017), la directora chilena Lissette Orozco interpela a su tía Chany tras descubrirse su participación como agente secreta de las fuerzas militares en la dictadura de Pinochet. El realizador boliviano Mauricio Obando destruye en Algo quema (2018), a modo de gesto simbólico de repudio, un material de archivo que resguarda la memoria de su abuelo, el general y dictador boliviano Alfredo Obando Candía. En todos estos documentales, los realizadores eligen el relato íntimo y familiar,  dentro de los códigos de un cine de lo real basado en plasmar abiertamente su subjetividad (ya sea desde una voz en off o desde una mirada identificable en la puesta en escena, tratamiento o montaje), afirmando la necesidad de sacar a la luz aquello que permaneció por años soterrado. Como dice la cineasta Lisette Orozco en su película: “todas las familias tienen al menos un secreto”, y estas películas a su manera dan cuenta de verdades a medias.

Dentro de las formas y tendencias de este tipo de documental de tinte autobiográfico, es cuasi regla el dato oculto traducido en esa interpelación desde el material de archivo, cartas, fotos, diarios, recortes de periódicos o voces y rostros ante las cámaras, cuestionamientos donde los realizadores conversan, cuestionan, confrontan a madres, padres, primos, tías o hermanos. No solo se trata de “sacar los trapitos sucios” sino de encontrar a su vez una vía para la exploración de la propia identidad desde el trauma, la herencia o la genealogía. Hay componentes performativos y reflexivos que hacen que la obra transite también por la hibridez o la duda, de que si aquello que vemos en realidad sucedió. Y sobre todo, aparecen también interpelaciones de tipo ético, sobre hasta qué punto es posible exhibir o desnudar estas problemáticas familiares que quizás debieron quedarse tras cuatro paredes. Es inevitable que estas obras cuestionen el acto de filmar a los propios seres queridos, desde la sobreexposición, los límites de la intimidad o la validez del consentimiento.

En Políticas familiares (2025) del cineasta peruano Martín Rebaza Ponce de León también hay secretos. Si bien aparecen todos los elementos de este tipo de documentales sobre sucesos filiales vertidos por los mismos cineastas, esta vez, Rebaza elige un episodio particular para revelar una posible distancia: la candidatura de su padre, el político Mariano Rebaza Alfaro, como gobernador regional de Ucayali por Fuerza Popular, el partido de Keiko Fujimori, afín a la ultraderecha. A diferencia de otros films de similar intención, el cineasta no da mucho contexto sobre quién es Fujimori. Apenas al inicio de la película le comenta a una amiga alemana que se trata de la hija de un dictador peruano, Alberto Fujimori. Para un espectador local evidentemente se está en terreno conocido, pero para uno ajeno a esta pintoresca realidad, no. Por ello, es que lo que se sabe de este nefasto personaje de la política peruana es apenas revelado por los mismos personajes. No importa si se trata de un sentenciado por delitos de lesa humanidad, que robó millones siendo presidente o que tuvo una red de sobornos juntos a su socio Vladimiro Montesinos.

El film comienza en el contexto del año 2018, con una llamada telefónica de la madre del cineasta, Rose Mary Ponce, quien anuncia que el patriarca va a postular a un cargo con el partido Fuerza Popular. Apenas el cineasta responde; más bien se trata de un monólogo donde la madre comenta un poco del contexto y de los familiares que apoyan esta decisión. Luego de eso, se ve que el cineasta, con cámara en mano, retorna a Perú, motivado por el pedido materno. Ya en Ucayali, región amazónica, acompaña los mitines y demás eventos de campaña del padre, donde se ve la relación con los partidarios y la captación de posibles votantes. En este trayecto, de Leipzig a Ucayali, el cineasta deja en claro sus recursos: una apuesta por la observación, con escasa presencia de su subjetividad, salvo en algunos momentos puntuales, donde se acompaña al político y a su familia en estas ideas y venidas de una campaña. Por ello, la película permite conocer la mecánica al interior del fujimorismo, donde la lideresa del partido nunca asoma y el candidato se las arregla con sus propios recursos y estrategias en el anhelo de llegar al sillón del gobierno regional.

El seguimiento a los entretelones de la campaña no escapa a los típicos componentes al que ha apelado el fujimorismo en sus recorridos electorales durante más de tres décadas: cumbia, bailes, obsequios y promesas. Y el cineasta hace registro fiel de esas acciones, donde el padre regala caja de fósforos, la madre infla globos o los demás parientes reparten volantes. Hay evidencia de una campaña austera, contradictoria si se trata de comparar con la ostentación propagandística de la más grande mafia que viene gobernando bajo la sombra al país. Es más, en algún pasaje del documental se escucha decir: “lo dejaron solo para todo”. Luego de ello, el padre y su familia se vuelven víctimas de un partido que los deja a la deriva, sin aportes a la campaña y sin, lo más importante, el aval de Keiko Fujimori. Allí radica el problema ético del film, puesto que no existe al final de cuentas cuestionamiento alguno sobre la participación del padre en una de las agrupaciones más nefastas de la historia reciente. Pareciera que el problema moral no está en pertenecer o no al partido, sino en que al padre lo hayan dejado en orfandad de recursos, sin mucha platay apoyo para pagar o culminar bien su campaña. Y, más allá de lo que el film propone, sí deja una interrogante: ¿quién es víctima? Aquellos que no tienen apoyo del partido de Keiko o las víctimas de la dictadura fujimorista (de su terrorismo de estado, de las esterilizaciones forzadas, de su corrupción). Por ello, resulta conflictivo hasta promover esta obra como antifujimorista.

En Políticas familiares, Martín Rebaza como personaje que registra y acompaña este proceso paterno y filial ocupa un lugar ambiguo: aunque parte de un dispositivo autobiográfico propio del cine que parte lo íntimo, opta por una distancia observacional que atenúa su implicación crítica. La cámara registra sin interpelar, incluso cuando el núcleo del conflicto (la adherencia del padre en el fujimorismo) exigiría una toma de posición más incisiva. Así, el film desplaza el urgente cuestionamiento ideológico del padre hacia la queja por una precariedad logística y económica en la campaña, revelando una renuncia a problematizar políticamente lo íntimo.

En Shiringa, genocidio y resistencia en la Amazonía (2025), el reciente documental del investigador y antropólogo Wilton Martínez,  Sheila de Loayza, nieta de Miguel Loayza, colaborador de uno de los responsables de la explotación del caucho y de la desaparición, tortura y asesinato de más de 30 mil indígenas, Julio C. Arana, se reúne con parientes de las víctimas en un proceso aún ambiguo de reconciliación, puesto que en un pasaje ella afirma que no es necesario hacer memoria sobre esta cruel historia olvidada. Menciono esta referencia porque si no asoma el deseo de interpelación, que tampoco es una obligación, al menos la falta de profundidad en hechos terribles deja abierta la lectura del cinismo: otra forma de mirar a otro lado cuando es nuestra propia familia la que nos pone entre la espada y la pared.

La película está disponible hasta el 10 de abril de manera gratuita en Cineaparte.

Dirección: Martín Rebaza Ponce de León
Guion: Martín Rebaza Ponce de León
Fotografía: Martín Rebaza Ponce de León
Edición: Martín Rebaza Ponce de León
Sonido: Willy Illizarbe
Música: Los chacareros de Ucayali
Producción: Carolina Denegri, Martín Rebaza Ponce de León
Participantes: Mariano Rebaza Alfaro, Rose Mary Ponce de León Ojeda, Giuliana Ponce de León Ojeda, Mariano Gavidia, Clara Pohl
Perú, 2025, 88 min