ROTTERDAM 2026: ENTREVISTA A CARLOS CASAS

ROTTERDAM 2026: ENTREVISTA A CARLOS CASAS

Por Mónica Delgado

El artista y cineasta español Carlos Casas ha estado presentando dos trabajos a partir de un mismo proyecto en la 55º edición del Festival Internacional de Cine de Rotterdam. Por un lado, a través del estreno de Krakatoa, un film ensayo documental sobre un sobreviviente a una de las erupciones de uno de los volcanes más icónico del mundo, y por otro, una versión reducida del documental experimental, pero amplificada en su tratamiento sonoro como parte de la sección Art Directions: installations, realizada en Katoenhuis, un hub para obras inmersivas.

Carlos Casas (1974, España) estudió Bellas Artes, Cine y Diseño en Barcelona y Viena. Ha dirigido los films Aral: Fishing in an Invisible Sea (2004, codirigido con Saodat Ismailova), Patagonia, Solitude at the End of the World (2006, codirigido con Fernando Zuber), Hunters since the Beginning of Time (2008), Avalanche (2009), Cemetery (2019, presentada también en IFFR), entre otros. Krakatoa  (España, Reino Unido, Polonia) se mantiene dentro de sus intereses recurrentes a lo largo de los años: una investigación de tipo antropológico y un tratamiento audiovisual basado en el encuentro con medio ambientes extremos que retan a sus habitantes, como las referencias al Estrecho de Bering, las montañas Pamir, o algunos lugares de la Tierra del Fuego en trabajos previos. Conversamos con él sobre su reciente película aquí en Rotterdam.

Desistfilm: ¿Por qué te interesó hacer un film sobre la figura del volcán? Puede que haya una motivación estética, ya que hay varios cineastas que se sintieron atraídos por filmarlo (desde Epstein hasta Herzog), pero acá hay otra cosa, una búsqueda de una forma, de una materia.

Carlos Casas: Desde joven me ha fascinado la idea del volcán, de un organismo que está sacando, digamos, las entrañas del planeta, del lugar donde vives, etc. Quería que esa fascinación pudiera hacer que surja algo nuevo. Y luego también había ese lado de profundizar en el mito en torno a esa figura. La experiencia de la erupción del Krakatoa en 1883 me resultaba fascinante, sobre todo para trabajar o imaginar todo el concepto del sonido. El trabajo de sonido fue quizás el verdadero empuje, teniendo como una referencia importante un libro que se llama The Soundscape o The Tuning of the World de R. Murray Schafer. En un pasaje se habla de la gran erupción como si fuese el grito más grande producido por la tierra.

Y esa sensación al haber oído esa historia y la fascinación por la la idea del sonido es que se desata esa voluntad por hacer este trabajo, en torno a este mito a medida que empiezo a entenderlo y tener un mejor acercamiento para alguien como yo que no tenía una relación muy directa con Indonesia. El nombre de Karakatoa lo había oído y formaba parte también de un inconsciente, de una especie de arquetipo mitológico, de una imagen que tenía en la cabeza y eso también me parece fascinante dentro del proceso. Volver a esas imágenes y mitos que tenemos dentro, que vienen de generación en generación, y que no sabes cómo se han introducido, como si fuera un organismo a través de pequeñas noticias o libros de referencia. Y a partir de estas imágenes me propuse reelaborarlas en la película viendo de dónde vienen,  de dónde viene ese mito, cómo se ha ido creando en la sociedad y cómo se ha evolucionado. Hubo una voluntad de seguir esa intuición y de hablar de este mito y de la erupción.

Desistfilm: En Krakatoa trabajas con un director de fotografía con el cual ya habías trabajado antes en Cemetery (2019), el chileno Benjamín Echazarreta (Una mujer fantástica, Gloria, Lina de Lima, La Ola), que procede de otro tipo de ámbito del cine; y también retomas la colaboración con el editor colombiano Felipe Guerrero (también cineasta y productor), con quien también ya habías trabajado antes. ¿Cómo te planteaste este acercamiento en Krakatoa desde el aporte desde estos dos profesionales latinoamericanos?

Carlos Casas: Todas las películas que he hecho las he montado con Felipe Guerrero. Tenemos una relación casi desde el inicio de mi carrera a partir de una serie de documentales. Es un colaborador con el cual ya hemos establecido casi una sinergia total de trabajo y de facilidad de entendimiento. Entonces, en esos aspectos yo sé que él entiende mi universo y al mismo tiempo también él es un poco aquel que protege un cierto tipo de relación con un lenguaje que para mí es importante. Luego, evidentemente toda esa parte experimental de Krakatoa, sobre todo la última parte, el uso del flicker y demás, todos son elementos que trabajo más yo.

El primer punto de partida es trabajado siempre con Felipe, y aquí en esta película ha pasado lo mismo con Benjamín, con quien hice el trabajo anterior. Benjamín fue quizás el primer director de fotografía con el que yo trabajé, o al cual yo le cedí mi posición de director de fotografía porque en obras previas lo hice yo. Entonces, fue muy importante superar ese rol y finalmente decir: “No; estoy detrás y con la cámara, pero no voy a operar, me voy a fiar de otra persona, quien va a conseguir de alguna manera que este aspecto mejore”. Esto no quiere decir que no haya imágenes que yo haya rodado, pero para mí es importante también que él tenga esa total responsabilidad. Benjamín Echazarreta sabe un tipo de lenguaje y comprende que también puedo empujar ciertas cosas y llegar a otros elementos. Entonces, para mí es importante ese diálogo con el equipo. Y espero seguir trabajando con ellos: con Felipe, con Benjamín, con Nicolás Becker (compositor e ingeniero de sonido francés) para la próxima película, puesto que es como una especie de familia donde cada uno de ellos tiene una responsabilidad.

Desistfilm: Has mencionado la importancia del sonido. La primera impresión cuando vi Krakatoa fue que estaba inmersa dentro de un elemento acuoso, poco usual cuando cineastas suelen optar por las crepitaciones o el material candente de una erupción. Hay desplazamiento de la materia líquida, desde el mar hasta las fauces del volcán. Cuéntanos este trabajo del diseño sonoro. 

Carlos Casas: Esto tiene mucho que ver quizás con decisiones de intuición o de sensaciones. También, por ejemplo, quería empezar la película bajo el agua, en las entrañas mismas del mar en el momento en que empieza a rugir el volcán o en el que se emite la primera señal de que algo va a pasar. Hubo una voluntad de trabajar mucho el sonido bajo agua, con los hidrófonos y transductores, con todo ese sistema de que me fascina también. La idea de salir a la superficie y de mostrar esa plataforma en altamar, donde está el protagonista, es como emerger de todo ese mundo. Luego en la película hay esa voluntad de trabajar la cuestión de las venas del volcán, de la lava como elemento líquido, más aún en la parte final, evidentemente, en las escenas de las grutas, de las cavernas y del viaje al centro de la tierra, que me interesaba como una conversión en mineral, la idea de fusión del personaje con las estalactitas, la roca, con todos los detalles microscópicos de todos esos metales desde la superficie hasta el centro de la Tierra. Entonces, para mí se trata de convertirse en tierra, en mineral y luego, en ese líquido.

Desistfilm: En esta película, en una primera parte, optas por planos cenitales, de la embarcación que luce gigante para un solo hombre. ¿Has usado drone? 

Carlos Casas: Con el dron pude trabajar estos planos cenitales con el fin de analizar cómo ese volcán progresa. Y entonces estuvimos filmando en Krakatoa, sobre el volcán en 2018 (estuvimos varios periodos en realidad), pero en este año se grabó justo dos semanas antes de que hubiera una gran erupción. El dron también permitió reflejar lo que es esa plataforma para pesca en el mar. Planos del inicio que permiten adentrarte en el personaje, entrar en su vida dentro de esta plataforma y su universo casi atemporal. Porque podría ser el pasado, presente o quizá el futuro.

Desistfilm: Cuéntanos sobre el protagonista. Cómo llegaste a él.

Carlos Casas: Roni Herliansyah fue uno de los supervivientes de la erupción de 2018, que se dio a pocas semanas después de que yo estuviese haciendo parte de la investigación. Entonces, me pareció como interesante la posibilidad de convocarlo y trabajar con él: entender cómo sobrevivió, cuáles fueron los lugares a los que fue, que pasó en ese naufragio, y transmitir lo que él vivió. Ahí empezaba ese cruce entre lo que es la ficción y la realidad. Evidentemente no es un actor, entonces el desafío de trabajar con un único personaje es poder lograr que sea lo más natural posible. Y eso fue lo más difícil, convencerlo que no tiene que actuar, que tiene que ser él, que tiene que de alguna manera rehacer o dejarse llevar por los recuerdos, casi por la memoria de ese tiempo. Cuando conseguimos ese tipo de momentos, fue cuando la película empezó a moverse y donde realmente pudimos un poco dejar la improvisación. Entonces, como yo vengo también del mundo del documental, para mí eso fue un reto, abandonar determinadas herramientas. Para Benjamín quizás era más difícil porque tenía que adaptar ese universo, ver toda la tecnología de la captación, pero en algunos casos era la única manera de hacerlo.

Desistfilm: Sobre la edición, hay momentos como de sueño dentro del sueño en Krakatoa.  Tránsitos en los cuales el personaje cierra los ojos y de pronto la escena siguiente es otro entorno. ¿Es el lado del mito, por ejemplo? Me preguntaba si el personaje soñaba el volcán, sus entrañas.

Carlos Casas: Desde un principio yo quería que existiese esa especie de simbiosis entre el protagonista y el volcán; casi como si el volcán estuviese hablando con él; como si fueran una misma en entidad. Ahí entra también toda una parte más casi mitológica del folclore indoneso, donde la figura de Kesuma (el nombre del personaje de Roni Herliansyah), por eso lo llamé así en el guión, se entiende como el ser que se sacrifica al volcán, el que tiene que apaciguar la ira de la naturaleza. En ese sentido, hay esa voluntad de utilizar el sueño como punto de conexión, de usar esas vibraciones como si él estuviese intuyendo que algo está pasando ahí. Cuando llega al final, cuando se va adentrando al centro de la tierra, uno piensa que se está escondiendo, pero en realidad está yendo directamente hasta ese centro, para la fusión. Y el sueño también de alguna manera nos permite trabajar el sonido y empezar a incluir otros elementos más narrativos a partir de la parte sonora.

Desistfilm: Estás presentando aquí también la instalación en paralelo a las proyecciones de la película. Cuéntanos un poco sobre lo que se encuentra allí.

Carlos Casas: Para mí es siempre importante que un proyecto no tenga una sola forma. Siempre pienso en la forma cinematográfica, en lo que se ve en la pantalla de una sala, pero también me interesa mucho trabajar después de toda una investigación, un proyecto donde esa experiencia se pueda transmitir de la mejor manera posible. Entonces, normalmente hago las presentaciones en formato instalativo o en formato de presentación en directo, performance como la que tuvimos el viernes aquí en Rotterdam, ya que me ha permitido trabajar con un equipo de sonido superior, y con la posibilidad de añadir otros elementos.

Cuando yo empecé a trabajar en Krakatoa, como también me pasó con con Cemetery, la película anterior, donde desarrollamos todo un sistema de insonorizados para representar el sonido de los elefantes, yo sabía que había que trabajar mucho con las vibraciones, con una cuestión telúrica y eso solo se puede hacer trabajando con cierto tipo de tecnología, como los transductores, este sistema como de altavoz invertido que produce un tipo de vibraciones, y que en la instalación, donde hay una plataforma en la cual el espectador puede estirarse, echarse y ver la película o simplemente experimentarla todos esos transductores, y las vibraciones. Esto da a otro tipo de sistema de comunicación con el espectador, ya que se trabaja con otro sistema un poco más fisiológico, con otro tipo de canal perceptivo diferente. Y para mí eso es importante; y eso lo consigues hasta cierto punto en la sala de cine, con la 7.1, pero no es lo mismo. Entonces yo creo que también a mí me fascina esa idea que un proyecto tenga esa multiformidad y pueda tener esa especie de adaptación. Y me encanta también poder trabajar con programadores y con comisarios para adaptarlo al lugar. No es lo mismo presentarlo aquí en Rotterdam, o en un museo, en un festival de música. Y eso para mí es lo que realmente me interesa en mi trabajo: poder trabajar muy específicamente en el lugar donde donde se va a presentar esta película.

Desistfilm: ¿Qué sigue después de Rotterdam? ¿Pasarás Krakatoa en Indonesia?

Carlos Casas: Tengo muchas ganas de ir a Indonesia y presentarla a todo el equipo, y a toda la gente. En Indonesia se trató de trabajar en un contexto de otra cultura, y siento que debes algo a esa cultura -uno se siente siempre un extranjero, que es para mí es la mejor manera de sentirse fuera de un lugar. Creo que algunas veces tenemos esa libertad de poder hablar o poder tratar otras contextos, historias, realidades, si evidentemente lo haces con postura, con ética y con respeto a la cultura, al lugar, a las personas. Entonces, para mí es importante que la película tenga su estreno allí. Ahora estamos viendo varios festivales y y eso va a ser a lo largo del año.