VALDIVIA 2017: BARONESA DE JULIANA ANTUNES

This entry was posted on October 11th, 2017

Por Aldo Padilla

El desplazamiento forzado en Latinoamérica es un fenómeno que ha sido estudiado y filmado principalmente desde el punto de vista del conflicto colombiano, donde guerrillas y paramilitares controlan distintas zonas del territorio, lo cual ha generado una constante amenaza en las poblaciones civiles, las cuales deben moverse hacia otras zonas del país, en teoría más estables. Y aunque esta guerra de milicias es uno de los casos más evidentes, la violencia en Latinoamérica mueve millones de personas cada año. Sin duda Centroamérica es el caso más crítico, donde hay un continuo desplazamiento dentro de los mismos países y una constante odisea hacia Norteamérica, en medio de distintas pandillas, las cuales en base al poder que les da el ejercicio de la violencia, controlan barrios enteros. El caso sudamericano también tiene ejemplos muy simbólicos, la violencia descontrolada en Venezuela, agravada por su situación social y económica, ha generado un interminable éxodo en todas las direcciones y Brasil no deja de estar exenta de este movimiento. A pesar que la violencia en barrios o favelas está representada simbólicamente por Rio de Janeiro, el caso de otras ciudades es igualmente crítico. No es necesario nombrar a Sao Paulo, un monstruo de 20 millones de personas, pero sí ciudades con una gran población como Belo Horizonte con sus casi 6 millones de habitantes, la cual tiene serios problemas en sus periferias, barrios controlados por bandas narcotraficantes y pandillas que generan que estos puntos rojos sean inhabitables.

Toda esta larga introducción permite entender el contexto bajo el cual se mueve Baronesa, un film donde la violencia es una amenaza que se percibe en el ambiente y aunque no se manifieste constantemente de forma evidente, es un fantasma que sobrevuela el film y que genera una sensación de inseguridad, a pesar de la luminosidad de la película y que la cotidianeidad sea la protagonista.

Las periferias de la capital de Minas Gerais observan a Andreia protagonista del film y Leidiane, su amiga, con su particular tropel de hijos en medio de planes futuros, haciendo gracia de su presente, o sufriendo parte de su pasado, y mirando de vez en cuando y con cierta timidez a Baronesa, ese barrio que parece una especie de salvación frente a la incertidumbre.

El hiperrealismo presente en el film genera una estética, en la cual las acciones y los diálogos dominan la pantalla. La pobreza que rodea a Vila Mariquinha está retratada como un estado de precariedad más que como una forma de generar una especie de miserabilismo. Por ejemplo, un pequeño estanque precario se convierte en una piscina o jacuzzi donde los protagonistas se divierten. La directora no se regodea en la pobreza, más bien la convierte en una herramienta de solidaridad, donde en medio de esa falta de recursos, los vecinos se transforman en psicólogos. Los animales que corretean por allí son elemento de diversión de los niños, las bebidas y los cigarrillos se comparten y las mujeres se empoderan y los varones que aparecen en el film se reducen a una herramienta de contraste del guion.

La complicidad de Juliana Antunes con sus protagonistas es más que evidente. Es notorio como va fluyendo la cámara junto con las actrices y como la luz se va adaptando a sus estados de ánimo. Es probable que la única forma de lograr una implicancia de las actrices es un acompañamiento continuo y sincero del equipo de filmación. La naturalidad en su máximo esplendor está plasmada en la secuencia más brillante del film, donde todo es interrumpido de forma muy brusca por un hecho que sea ficcionado o no, es tan acorde a lo que la película quiere representar y que no es posible definir. En pocos segundos el miedo se puede percibir con todos los sentidos.

Hay cierto paralelismo entre Baronesa y A Vizinhança do Tigre de Affonso Uchoa, no solo por la geografía y situación social compartida, sino también por la estructura del film, ambas repasan retiradas favelas de Belo Horizonte, aunque desde diferentes perspectivas. La película de Uchoa desde una visión adolescente y Antunes desde una visión fuertemente femenina, la complementación de ambas muestran un cine brasilero no miserabilista, donde tanto Uchoa como Antunes tratan con respeto y sensibilidad a sus protagonistas, en contraste a la imagen generada con la aparición de filmes como Cidade de Deus. Finalmente, ambas películas están conectadas desde el montaje ya que Uchoa es el montador de ambas, lo cual puede notarse con el ritmo que tienen, Uchoa se toma el tiempo para concretar las ideas de Antunes, a pesar del metraje de apenas 73 minutos.

En el ajedrez se suele decir que la amenaza suele ser más peligrosa que la ejecución, porque el jugador amenazado estructura toda su táctica en base a dicho peligro en camino. La amenaza convierte a Vila Mariquinha en un extraño limbo donde a pesar que la felicidad es algo esporádico, todavía es parte del día a día, aunque se sabe que cualquier momento la desgracia puede tocar a la puerta y que el barrio Baronesa parece ser ese paraíso a medias, donde la amenaza parece ser menor, pero que está lejos de todo lo que se conoce y se quiere. Es bueno detenerse a pensar por un momento que lleva a toda esa gente que se mueve por el mundo a dejar su vida, tal como la conocen, a cambio de un poco de paz.

Baronesa. Competencia Internacional de Largometrajes.
Director: Juliana Antunes
Productores: Juliana Antunes, Marcella Jacques, Laura Godoy
Edición: Affonso Uchoa, Rita M. Pestana
Brasil, 2017, 73 min