
Por Mónica Delgado
La proyección del primer programa de Forum Expanded, de la 74º edición del Festival Internacional de Berlín, estuvo marcada por el actual clima político, tanto en las palabras del programador Uli Ziemons como de les cineastes y artistes que presentaron sus trabajos: detours while speaking of monsters de Deniz Simsek, Grandmamauntsistercat de Zuza Banasinska, y I Don’t Want to Be Just a Memory de Sarnt Utamachote.
Este año, Forum expanded cumple 19 ediciones y contiene tanto películas, instalaciones como performances, que como dice el texto de la selección anual, “evocan la solidaridad, la cohesión y la esperanza poniendo de relieve conexiones permanentes, afinidades familiares o electivas que subvierten las normas sociales”. Este año hay largometrajes y cortometrajes de 20 países.
En la presentación de este primer programa, no solo los trabajadores de Forum Expanded dejaron explícita su posición sobre el cese al fuego en Gaza haciendo un llamado de atención en el ámbito político dentro de Alemania, sino también cada cineaste estableció una relación entre los cortometrajes presentados y la situación actual. Deniz Simsek sostuvo que su film detours while speaking of monsters fue realizado “en la región del lago Van, un lugar donde se produjo el genocidio en Armenia y numerosas masacres genocidas contra kurdos. No puedo hablar de mi película sin pensar constantemente sobre la situación en Gaza. No puedo dejar de pensar en ello al escuchar en la película sobre los traumas de infancia de los kurdos. No puedo mostrar esta película en Turquía sin arriesgarme a pasar tiempo en la cárcel, por ello debo usar una voz suave para describir lo que pasó a los armenios y kurdos. Vine de Turquía a Alemania y ahora me encuentro en medio de la frustración porque aquí también debo usar una voz suave para describir los indiscriminados bombardeos donde más de 11000 niños han muerto en Gaza, donde pedazos de cuerpos se deben juntar como un rompecabezas”.
detours while speaking of monsters (Alemania, Turquía, 2024) utiliza el texto a modo de intertítulo como gran catalizador para contextualizar precisamente el horror contra el pueblo armenio, a través de algunas metáforas basadas en leyendas locales. A través de imágenes oníricas del lago Van, se va construyendo atmósferas de supervivencia, a modo de elegía. Hay un rol preponderante del texto como una voz poética, íntima, familiar y tranquila, que va tejiendo un fuera de campo que se complementa con las imágenes, que construyen la materia de esos relatos. Hay una finalidad política en la necesidad de establecer correspondencias con el presente y un pasado hostil desde este documento de memoria. Si bien la receta es conocida, del uso de imágenes subyugadas a los conceptos de los textos o la escritura, se reconoce la intención de utilizar este mecanismo soterrado de denuncia.


I Don’t Want to Be Just a Memory (Ich will nicht nur eine Erinnerung sein, Alemania, 2024) de le cineaste de Tailandia, radicado en Alemania, Sarnt Utamachote, es un tributo a modo de despedida a un amigo ausente, y es también un film que no tiene motivos en común con los otros dos cortometrajes del programa (que comparten el diseño de nuevas mitologías). Es un documento sobre una generación queer diversa y migrante y su posición en torno al uso de drogas en Berlín, como si se tratara de describir una arcadia jipi del siglo XXI.
En la presentación del film, Sarnt Utamachote sostuvo, y en línea con las palabras previas de sus colegas, que en Alemania se vive en la actualidad un problema de censura y de acusaciones infundadas en el antisemitismo, así como el surgimiento del fascismo en torno a los sucesos en Gaza, ante el cual hay que luchar. Y esta posición de apertura y solidaridad se convierte en motivo del tratamiento que le artiste brinda también a los personajes que registra. I Don’t Want to Be Just a Memory plantea una lectura cercana y empática sobre un grupo de amigos que funciona como una red de apoyo, ante un entorno que podría ser violento, vertiginoso, solitario propio de ciudades cosmopolitas como Berlín. Utamachote transmite opiniones, marcadas por sensaciones de pérdida y nostalgia, sobre las consecuencias de algunas drogas, sobredosis, la depresión y otras situaciones propias de la vida nocturna de esta convulsa ciudad. Entrevistas, registros de la convivencia, y material de archivo se convierten en elementos para graficar esta comunidad de aliados, como si se tratara de una familia unida por la comprensión y el acompañamiento. Si bien el film trata directamente sobre esta problemática unida también a vivencias propias de la juventud en sociedades individualistas y consumistas, queda en el aire la sensación de frivolidad o de estar percibiendo los sucesos de una burbuja, como si estos temas sobre depresiones post fiestas fueran capitales ante las realidades del horror que precisamente le cineaste denunciara en su presentación.