BERLINALE 2021: FILMS DE DASHA NEKRASOVA, SAMAHER ALQADI Y ANGELO MADSEN MINAX

BERLINALE 2021: FILMS DE DASHA NEKRASOVA, SAMAHER ALQADI Y ANGELO MADSEN MINAX

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Por Mónica Delgado

Lo único que une a los siguientes films seleccionados es que se trata de atractivos primeros largometrajes, aunque pertenezcan a universos expresivos muy distintos entre sí. Al menos dos de los tres que trataremos provienen de cineastas que tienen experiencia previa en el cortometraje, ya sea desde el documental o lo transdisciplinario o performático. Dos documentales desde lo autobiográfico frente a una ficción que surge desde referencias concretas a un hecho noticioso o policial de impacto.

The Scary of Sixty-First es el debut en el largometraje de Dasha Nekrasova, su primera incursión en el terreno, ya que proviene de las canteras de las series y los pódcast. Nekrasova, nacida en Bielorrusia, pero radicada en EE.UU., elige para su primer trabajo el tono de un relato fantástico de bajo presupuesto, con atmósferas del cine de terror más chirriante, y sobre todo de acabado voluntariamente muy exploitation, con formas del eurohorror, sobre todo el más icónico de los setentas, inspirado en el apogeo del giallo más estructurado o del horror más independiente a lo Wes Craven.

Este primer film, presentado en la sección Encounters de la Berlinale, podría funcionar como un “spin-off” de un suceso muy mediático por su crudeza, insanía e impunidad, a partir de la historia del alquiler un viejo departamento en Nueva York de Jeffrey Epstein, el empresario delincuente sexual y pedófilo, rentado por un par de jóvenes amigas. Tanto los créditos iniciales como las primeras escenas en el departamento que se acaba de alquilar remiten a una explícita necesidad de coincidir con recursos de estilo de la serie B erótica mezclada con los códigos de terror de los años setenta, y que inevitablemente suele tener muchos descuidos en sus interpretaciones, en las transiciones, y en la coherencia narrativa. Nekrasova explora las situaciones con suspenso y aires conspiranoicos, más aún cuando se une en la trama un nuevo personaje (y que ella misma encarna), una chica sin nombre que llega al departamento para avisar que las nuevas inquilinas están viviendo y durmiendo en un maldito lugar de orgías y explotación sexual. Con su presencia, una de las amigas se aparta pero para ingresar a un proceso sui generis de vampirización, que la convierte en una niña de trece años que se masturba y sueña con el principe Andrew, o que aparece en las afueras de la prisión donde se suicidó Epstein a rendirle culto y lanzarle loas.

En The Scary of Sixty-First asoma el disparate, el exceso, la cuota cinéfila bizarra, pero también se le agrega la cita de otro film emblemático sobre las sectas u organizaciones secretas, como Eyes Wide Shut de Stanley Kubrick. Dos mujeres que investigan la red de pedofilia a partir de unas tarjetas crípticas, y que además emprenden una relación lésbica con asfixias incluidas, y la rama narrativa de la otra amiga enloquecida,  que desciende a los infiernos del deseo, en un proceso imaginario, oscuro y performático, en busca simbólica de los pederestas.

Con este film, Nekrasova extiende, a su manera, el universo Epstein, ya que sigue vigente, sin castigo ni resolución. A través de sus personajes en catarsis, que ingresan en un laberinto de locura y erotización perturbadora, plantea un círculo de destrucción de las mujeres, donde el trauma atraviesa y sobrevive los terrenos de este mundo.

Por su parte, y en un polo opuesto, aparece el primer largometraje de la cineasta egipcia Samaher Alqadi, As I Want. Este documental, que estuvo en la sección Encounters, parte de tomas de la misma cineasta en avanzado estado de gestación, quien a través de un poema define un estado de la cuestión: nacer mujer en uno de los países más machistas del mundo. Las imposiciones de los credos, la falta de políticas por los derechos de las mujeres y un marcada misoginia y acoso sexual institucionalizado (incluso protegido por las religiones y los estamentos públicos) muestran un entorno hostil.

El modo en que Samaher Alqadi desarrolla su film transita entre lo autobiográfico, el material de archivo y las entrevistas o testimonios de mujeres, para mostrar la situación de víctimas de acoso y abuso sexual que no encuentran justicia, pero también desde la labor de activistas en un entorno políticamente hostil. Para la cineasta, esta situación agravada es producto de un sistema patriarcal muy férreo, y que se refleja en aquella secuencia en un parque donde niñas y adolescentes del Islam le critican a la directora por la deshonra que significa su modo de vestir, usar el cabello suelto, incluso tomarse el atrevimiento de grabar. El patriarcado como estructura viva, consciente o inconsciente, en el corazón de las mujeres.

El film recupera diversos hechos en el marco del Kifaya, movimiento social egipcio de 2003, que buscaba un cambio político radical ante años de conservadurismo y medidas reaccionarias. El derrocamiento del líder Hosni Mubarak en la conocida Primavera árabe, en 2011, así como escenas de multitudes en la plaza Midan Tahrir en el centro de El Cairo, como punto de concentración de manifestantes, como contexto fundamental de revolución, sin embargo, allí también se habían registrado violaciones en mitines. Es más, el film inicia con un registro contundente de mujeres agredidas sexualmente en medio de una manifestación, con turbas sobre ellas y ropas arrancadas. De esta manera, la cineasta muestra una paradoja. El pueblo harto pidiendo acabar con años de dictadura, pero a la vez ejerciendo otro tipo de violencia igual de nefasta.

As I Want  se plantea como un alegato feminista, que por su fortaleza y militancia conmueve, desde el cual  valoramos a la cineasta como un personaje que confronta, que provoca situaciones para poner en evidencia actitudes machistas y anti derechos; Alqadi denuncia, enfatiza, clama, y transmite el deseo de libertad de miles de mujeres que siguen, pese a su intenso activismo, bajo el yugo del gobierno y los credos.

North by Current de Angelo Madsen Minax es una terapia intensa contra la soledad y los prejuicios. El cineasta transmasculino relata un proceso de más de diez años, que pone en correspondencia su proceso transexualizador con el fallecimiento de su sobrina de dos años. Pareciera ser un drama que apela a una tragedia familiar en el norte de Michigan, para escarbar y sacar materia para un ensayo visual que se regodea en el dolor entre parientes, pero no. Madsen Minax, como ha pasado con sus cortometrajes previos, explora cuidadosamente códigos del diario fílmico, el cine más autobiográfico, lo performativo, pero para ponerlo en discusión sobre paradigmas de identidad y memoria. ¿Quién es este Madsen Minax en relación a la idea que tiene su familia de él?

Madsen Minax es un cineasta y artistas visual, egresado de la School of the Art Institute de Chicago en 2005. Sus obras se han proyectado y exhibido en el Festival de Hamburgo, en Ann Arbor Film Festival, Anthology Film Archives, British Film Institute, entre otros. Sus cortometrajes también han estado marcados por el toque autobiográfico, donde su “yo” aparece como un lugar de enunciación en espacios de disputa simbólica.

La partida de la sobrina pone en luto a la familia, que es conservadora y mormona, en un periodo muy dilatado, como una nostalgia trágica que atraviesa conversaciones, reuniones y salidas. Esta pérdida no solo agobia al director, sino que marca la figura de la hermana, quien fue investigada y condenada injustamente debido a las causas poco claras del fallecimiento. El tratamiento que otorga el cineasta no está desprovisto de preguntas y de empatía, pero en relación a preguntas clave sobre la identidad, y la carencia de memoria cuando se decide por una transición. En una escena, los padres del cineasta le dicen que ellos comprenden muy bien el dolor de la hermana, ya que ellos también sienten que su hija murió (en referencia al pasado de Angelo, a la niña que desapareció para siempre). Esta declaración parece quedar melancólicamente flotanto a lo largo del metraje, ya como verdad dolorosa, o como un punto de inflexión, como si esas imágenes de archivo de su propia infancia, hablaran de una imposibilidad.

Madsen regresa al hogar luego de una ausencia prologanda, y retorna siendo alguien diferente, en todo sentido. La reconciliación con la familia se torna progresiva, debido al montaje cronológico, que va desmadejando la transformación reacia de las sensibilidades (sobre todo de la hermana), pero no como aceptación sino como evidencia de un curación para el mismo cineasta. En otra escena, el cineasta registra a la madre en un sofá ante la cámara y le confiesa que ha sido terrible no poder olvidar que ella alguna vez aseguró que todo eso que pasaba con él era un castigo porque hubo abortos en la familia: “Perder a una hija como castigo”. La madre le pide perdón. Hay algo que se salda, cura, cierra.

North by Current, visto en la sección Panorama del festival, confirma el talento de Madsen para mostrarse tal cual, sin ambivalencias, a través de reflexiones muy sentidas, que traduce las imágenes de lo familiar como un territorio extraño e inesperado (y que ya habíamos comprobado en el foco que le realizó el año pasado el festival de Berwick). Aquí, la reconciliación no es la meta, sino la afirmación del cineasta en su naturaleza libre, original, única, pero que muta, transite y fluye, como señala la extraordinaria canción de The Waterboys que aparece al final como marco emocional de un relato íntimo de fortaleza y resiliencia:

These things you keep
You’d better throw them away
You wanna turn your back
On your soulless days
Once you were tethered
And now you are free
Once you were tethered
Well now you are free
That was the river
This is the sea!

 

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