BERLINALE 2026: EXPRMNTL 4 KNOKKE DE CLAUDIA VON ALEMANN Y REINOLD E. THIEL

BERLINALE 2026: EXPRMNTL 4 KNOKKE DE CLAUDIA VON ALEMANN Y REINOLD E. THIEL

Por Mónica Delgado

El documental Exprmntl 4 Knokke de Claudia von Alemann y Reinold E. Thiel, presentado en la sección Forum Expanded de la Berlinale 2026, fue un gran acontecimiento por varias razones. La primera, se trata de una obra realizada como reportaje de un evento de cine experimenta en Bélgica en el contexto de discusión y acción política de luchas estudiantiles entre 1967 y 1968 (cortometraje también presentado en otros festivales, como Cinema du Réel, que hizo una retrospectiva del trabajo de Von Alemann por ejemplo); la segunda: se mostró en un panorama de debate dentro de la misma Berlinale sobre la naturaleza política de los films y de sus creadores -que comenzó con las declaraciones de Wim Wenders-; y tercera, se trata de una versión restaurada con algunos agregados de forma a cargo de Arsenal Film Institute.

Claudia von Alemann es reconocida como una de las cineastas más importantes del cine feminista en Alemania, formada en Arte y Sociología, y dentro de los círculos de cine de Alexander Kluge y Edgar Reitz. Ha dirigido más de una veintena de films, entre ellos Das ist nur der anfang – der kampf geht weiter (1969) y Kathleen und Eldridge creaver in Algier (1970). Fue una de las fundadoras del segundo Consejo de Mujeres de Frankfurt. Por su parte, Reinold E. Thiel (1933–2022) fue editor y escritor. Su obra más celebrada es un film homenaje titulado Kenneth Anger – Film as Magical Ritual (1970). Ambos realizaron Exprmntl 4 Knokke (1967-1968), uno de sus primeros trabajos, como parte de una actividad estudiantil, bajo el mandato de hacer un registro documental de un evento artístico, que incluso, como indican los créditos, estaba planteado como un reportaje, a la usanza de la época.

Por un lado, el término reportaje que aparece al inicio de Exprmntl 4 Knokke podría comprenderse como parte de un ejercicio periodístico o como la cobertura simple de un evento del ámbito artístico de moda en aquellos años, y que se mantuvo activo desde 1949 hasta 1974, en un casino de un balneario de Bélgica. Y por otro, da la sensación de que hay una suerte de objetividad al mostrar los hechos tal cual sucedieron, sobre todo porque lo que los cineastas registran es un clima de tensión, marcado por el contexto de la contracultura y las luchas políticas influidas por el marxismo y maoísmo que veían al cine experimental como expresiones alienantes y desconectadas de la realidad. En sus imágenes transitan las arengas furibundas de los aún jóvenes estudiantes Harun Farocki, Holger Meins, Gerd Conradt y Oimel Mai, las performances de Jean-Jacques Lebel y Yoko Ono, los cameos de Shirley Clarke, Armand Gatti o del argentino alemán Mauricio Kagel.

El film recupera los sucesos de la cuarta edición de Exprmntl, que ya se había ganado un nombre entre realizadores del experimental de EEUU y Europa, sobre todo de Francia y Alemania. Allí se estrenaron trabajos de Stan Brakhage, Michael Snow o Jack Smith, y se abordaba al cine desde una concepción expandida, con intersecciones entre música, danza o hapennings. Pero el interés de este trabajo de Von Alemann  y Thiel no está en un afán apologético del evento en sí, además organizado por el propio gobierno, y gestionado por la Cinémathèque Royale de Belgique, sino en mostrar la irrupción de los futuros cineastas revoltosos, que intervienen la programación del evento para cuestionar la naturaleza “oligárquica” de la organización y la comodidad de los artistas del experimental ante un mundo en disputa contra el imperialismo. No solo hay arengas sino acciones performativas que crean incomodidad de los organizadores, como el concurso de desnudos de Miss Exprmntl.

Es inevitable establecer, como espectadores, al ver Exprmntl 4 Knokke una comparación con lo que representa la Berlinale y su aval a los supuestos roles apolíticos de cineastas que solo deberían hablar con sus obras (sin mencionar a Palestina o Gaza) con las arengas que gritan Farocki y compañía: “Todo cine es político”, “Viva Roger Pic, Chris Marker, Joris Ivens”, “¡Ninguna realidad sin la muerte del espectáculo!”, “¡Toma de conciencia!”. Pero esto no es nada nuevo, más bien cada cierto tiempo se vive este reciclaje de dicotomías entre la función del arte y la política. Sino recordemos las tensiones históricas entre el realismo social versus el arte abstracto o concreto surgidas desde los años cincuenta en adelante y que luego se intensificaron en momentos de crisis política o con los escenarios más reveladores de Mayo del 68 en Francia. El realismo social defendía que el arte debía representar de manera directa las luchas obreras, la represión estatal y las desigualdades del capitalismo, asumiendo una función pedagógica y militante. En cambio, la abstracción y el arte concreto sostenían la autonomía del lenguaje visual, rechazando la subordinación de la forma a un mensaje explícito. Y de alguna manera esta discusión se retoma en este cortometraje de menos de media hora.

En el Q&A, Claudia von Alemann sostuvo que no compartía las posiciones de Farocki y amigos, puesto que considera que las rupturas del cine experimental con la representación tradicional también era una forma de subversión, y que tras al paso del tiempo, lo que este documental muestra es la sensibilidad de una época, motivo por el se agregaron los nombres de cada personaje que iba a pareciendo en pantalla. Y efectivamente el reportaje plantea cómo desde ambos bandos se cuestionaron los códigos visuales dominantes y la mercantilización cultural, y refleja una disputa que no solo fue estética sino ideológica.

Han pasado casi sesenta años desde la realización de este documental y lo que se ve allí ya es parte de las viejas utopías ya muertas. Ya no existen los Farockis interviniendo de manera furibunda los eventos burgueses, ni tampoco espacios concretas de proyección y celebración de un cine experimental desde el apoyo abierto de las políticas públicas y lejos de conservadurismos. Exprmntl 4 Knokke expone un tiempo de militancias y riesgos expresivos irrecuperable, y allí radica su valor, en ser un recordatorio de que solo asistimos a residuos de viejas libertades.