CINETRACTS ’20: UN PROGRAMA SOBRE EL ESPÍRITU DE NUESTRA ÉPOCA

CINETRACTS ’20: UN PROGRAMA SOBRE EL ESPÍRITU DE NUESTRA ÉPOCA

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Por Ivonne Sheen

Del 8 de octubre al 31 de diciembre, Wexner Center Film / Video presenta Cinetracts ’20[1], un programa curado por David Filipi, Jennifer Lange y Chris Stults, quienes invitaron a artistas y cineastas de diversas partes del mundo a retratar “el espíritu de la época en su propio patio trasero”.

Esta convocatoria se inspira de los políticos Cinetracts’ 68 desarrollados por Jean Luc Godard y Chris Marker, para retratar y discutir colectivamente la transformación social del Mayo del 68. La premisa de la convocatoria era el trabajo colectivo con sindicalistas y trabajadores, para la realización de cortometrajes de breve duración, en la que los cineastas se convirtieron en mediadores de la producción en tanto proveían los materiales, pero el objetivo era la proyección de los trabajos en espacios de colectividad para que se desarrollen diálogos y debates en torno a la situación que vivían. “¡Intentemos expresar a través de los cinétracts nuestros pensamientos y nuestras reacciones! ¿Para qué? Para: Oponerse, proponer, sorprender, informar, preguntar, afirmar, convencer, pensar, gritar, reír, denunciar, enseñar ¿Con qué? Una pared, una cámara, una lámpara iluminando la pared. Documentos, fotografías, periódicos, dibujos, carteles, libros, etc. Un rotulador, cinta adhesiva, pegamento, cinta métrica, un cronómetro[2]

Con un manifiesto discursivo y activo, los cineastas se situaron como agentes políticos en una sociedad que por la intensidad de lo vivido, necesitaba mirarse con urgencia a sí misma para discutirse. De esta manera, la acción cinematográfica no solo terminaba en la realización de los cortometrajes, si no que estos cobraban mayor sentido al socializarse en proyecciones colectivas clandestinas y en los lugares habituales para las asambleas sindicalistas. Es decir, el cine funcionaba como un espejo para la discusión y para retroalimentar el movimiento social en el instante presente. En Perú, vivimos recientemente una serie de manifestaciones anti-corrupción masivas, sin embargo ahora se vive un eco de la experiencia que sobretodo desde la institucionalidad se distancia radicalmente de aquel encuentro suscitado por los cinetracts. En vez de entablar procesos gubernamentales que reflejen de manera auto-crítica y consecuentes con la crisis vivida, estos continúan con estrategias de ocultamiento y de represión. Pero, desde la ciudadanía, este parece ser un inicio para mirarnos y discutirnos como sociedad con mayor constancia e inmediatez. Prescindiendo de partidos y parlamentos gubernamentales, tomando la calle como lo hicimos hace varios días, tal vez con el cine, o tal vez solo con nuestros cuerpos, voces y experiencias.

Con menor agitación e involucramiento con la masa, Cinetracts ’20 convoca a artistas para que desarrollen pequeños ensayos sobre la experiencia de la pandemia. La mayoría de las obras dialogan no solo con problemáticas ligadas a la crisis sanitaria o a lo cotidiano, si no que prestan atención a problemas sociales como el racismo y el autoritarismo, como situaciones políticas que tal vez han cobrado mayor intensidad fascista en este año. A continuación comento algunos trabajos.

Cameron Granger realiza un autorretrato, desde NY, bajo la estructura de una guía para que personas afroamericanas pasen desapercibidas en las protestas a raíz del asesinato de George Floyd, es decir, no sean capturados por la policía. Cada indicación tiene una relación clara y directa con los medios de comunicación masiva y con el hostigamiento hacia la comunidad afroamericana de grupos racistas. Las imágenes y sonidos se usaron como armas de criminalización. Mientras Granger cohabita en su pantalla, dialoga con alguien cercano, quien se encuentra muy preocupado por él. Varias ventanas en simultáneo dan cuenta de una incertidumbre que en pantalla se reduce a flujos constantes de información. Cameron Granger retratar la cotidianidad de la comunidad afroamericana en un contexto digital y de lucha social.

En la misma línea, Kelly Gallagher y Christopher Harris trazan recorridos virtuales en las ciudades que habitan, para trazar la presencia de la esclavitud y la violencia policial racista. Harris selecciona en google maps la extensión de la cárcel del condado de Cook, bajo el nombre de “Sueños durante el confinamiento”. El recorrido por la ciudad de Chicago es acelerado, sin dirección clara y acompañado por un audio policial que acecha a personas afroamericanas, registrado cinco días después del asesinato de George Floyd. Harris deja la sensación de sentimientos traumáticos de violencia policial, que se materializan en instituciones como la cárcel y la policía. Por su parte, Gallagher explora la memoria de su vecindario en Syracuse a partir de la instantaneidad de fotografías polaroid y el audio de la operadora de un Walgreens. La  cadena de farmacias ha reemplazado a la casa de Jermain Loguen, abolicionista de la esclavitud y filántropo. Así también se evidencia desde lo urbano, el ejercicio constante de reprimir cualquier tipo de memoria no dominante.

Cauleen Smith, desde Los Angeles, contradice el discurso de Trump para hacer una ofrenda de Flores para virtualmente nadie, tomando una frase del presidente norteamericano en el que este afirmaba que el covid-19 afectaba virtualmente a nadie. La aproximación de Cauleen es de coloridos paisajes y del arreglo de una flores, de un verano vital, con un horizonte en vertical, creando una sensación de caída, de desorientación. Las flores pierden su color, el frame se torna blanco y negro mientras la voz de Donald Trump sube a primer plano, reflejando la incoherencia  e inhumanidad de los discursos políticos fascistas, con respecto a la realidad de la crisis presente que pesa centenares de cuerpos.

Rousin Mbakam, desde Yaundee, Camerún y Bruselas; denuncia la omisión de tomar en cuenta al cuerpo medico de origen africano que trabaja en el sistema de salud belga. También se crea una denuncia sobre los discursos oficiales y la realidad detrás de las noticias y la sobre-información en las redes virtuales. Rousin traza una ruta desde Camerún donde se encuentra su madre quien se enfermó de Malaria, observamos un poco de la vida allá en el presente, luego vemos una retrato predecible de la imagen social creada sobre los puestos laborales de migrantes africanos en Europa, dos hombres recogen la basura de las calles y las colocan en el camión de basuras. Mbakam critica la situación migratoria en Europa, como contexto de invisibilidad racista y colonial.

Zelimir Zinik, desde Serbia, retrata el día de elecciones legislativas en su país, en las que el partido el Progresista Serbio arrasó con los resultados. Zelimir realiza un recorrido observacional de un mercado de pulgas en el que lo precario y caduco abundan. De la misma manera que el proceso de votación refleja una aglomeración de personas que se dirigen a reafirmar un conservadurismo tajante, tal vez en consecuencia de la incertidumbre por la pandemia. El acercamiento de Zelimir se dirige a las personas, a los cuerpos que transitan y que son Serbia.

Tamer El-Said, desde El Cairo, compone un plano secuencia en un barrio con casas abandonadas y demolidas, la imagen se obstaculiza con paredes de metal que junto al diseño sonoro denotan un trabajo de maquinaria pesada, es decir, una demolición sistemática. En Egipto el gobierno viene demoliendo centenares de hogares “informales”. El proceso de formalización resulta bastante costoso para los ciudadanos egipcios, complicando que dicha convocatoria sea efectiva. Este paisaje urbano nos recuerda que la crisis por la pandemia no es circunstancial, y que forma parte de una estructura autodestructiva que violenta constantemente a las poblaciones que la sostienen.

Natalia Almeda, desde Los Ángeles, retrata a Max, un niño que interactúa activamente con un videojuego, la cámara parece situada en una posición subjetiva de la pantalla, el rostro de Max se ilumina constantemente con los cambios en el juego y su mirada recorre distancias muy breves de manera constante, en vaivén, él se comunica con alguien por el micrófono, no está jugando solo aunque en su habitación sí lo está. De esta manera, se evidencia que tal vez no se puede desligar a la tecnología del aislamiento social, como un estilo de vida al cual estamos parcialmente adaptados.

Bouchra Kalili, desde Paris, explica la situación de los trabajadores de salud en Francia, quienes protestan durante años y son duramente reprimidos por la policía. Kalilili desarrolla una exposición  semejante a diapositivas visuales y textuales  con su celular, pero filmando cada imagen y texto en 16 mm, mientras va pasándolos con su dedo en la pantalla táctil, creando la sensación de un pasado y un presente que son lo mismo, de una constante lucha desatendida que aún persiste y que a pesar de la crisis de la pandemia, continúa siendo reprimida. Khalili lo denomina como “regresar a lo anormal”. Pero, María Galindo lo explica mejor “la nueva normalidad es la vieja sumisión”.

Sky Hopinka, desde Wisconsin, y Beatriz Santiago Muñoz, desde Puerto Rico, se aproximan a  experiencia intimistas en presencia de eventos naturales. Sky crea un pequeño amuleto con la aparición de un colibrí en su jardín, mientras una amable lluvia cae. En Perú existe la creencia que un colibrí es augurio de mejores tiempos futuros. La escena está acompañada de un texto que da cuenta en años diversos de distintos sucesos políticos, de nacimientos de personajes célebres -algunos pop-, y termina con el nacimiento de alguien cercano a Hopinka en este año, tal vez un suceso de mucha alegría para el director, pero que sobretodo invita a abrazar la intimidad y a la afectiva como aquella vitalidad que siempre está ahí, además de los sucesos de mayor escala histórica. Mientras que Beatriz hace películas con sus hijos y amigos de ellos en medio de un bosque donde nadie les ve, mientras que en Puerto Rico viven un confinamiento estricto. El cine se plantea como un juego creativo en medio de un entorno libre, como una pausa afectiva. Los cuerpos de los niños recorren las hojas y juegan, mientras registran el sonido y guían el camino de la cámara.

Apichatpong Weerashetakul, desde Tailandia, nos sumerge en el paisaje tailandés en medio de una inmensa lluvia y el calor, un grupo de niños descansa en el suelos en un lugar que podría ser un albergue o una guardería, mientras ellos sueñan, vía internet nos enteramos que se están llevando a cabo una serie de protestas en protección de la democracia. Las protestas se vienen desarrollando masivamente. Apichatpong con su especial poesía nos sitúa en un cuestionamiento sobre el futuro y el presente, con el descanso inocente de un grupo de niños y un paisaje incesante.

Gabriel Mascaro, desde Brazil, recrea una escena de comedia en medio de un lujoso autocine que retrata la capacidad del capitalismo para tratar de sostenerse en medio de su propia catástrofe y nuestra capacidad por adaptarnos al consumo fácilmente. Vemos a una mujer en su auto llegar a ver una película, se le ve cómoda con un balde de popcorn, hasta que el sonido de un drone interrumpe su entretenimiento y ella decide atacarlo con una piedra. La caída del drone se convierte en un footage casero de lo que parece una go pro cayendo de un puente en una carretera. Un deseo que es acción ficticia, en contra del cine industrial que ha encontrado maneras de subsistir en medio de la crisis.

Cinetracts ’20 se despliega como un abanico de pequeñas correspondencias abiertas situadas para el entorno del cine y el arte contemporáneo, en las que la indeterminación de un tema -además del confinamiento- invita a un diálogo a la distancia sobre los posibles reflejos que esta crisis distendida suscita sobre modos de vida y problemáticas del presente engarzadas con el pasado y con posibles ideas del futuro.

[1] https://wexarts.org/film-video/cinetracts-20

[2] Cita tomada de https://cinedivergente.com/cinetracts/#fn-60195-1

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