CURTAS VILA DO CONDE 2026: DEL ESPACIO

CURTAS VILA DO CONDE 2026: DEL ESPACIO

por Víctor Paz

Como cada año desde hace 34, el festival Curtas Vila do Conde, sito en esta villa próxima a Porto (Portugal), ofreció en julio una selección diversa de las últimas tendencias mundiales del cine en su formato corto. En la competición internacional ganó el filme sudanés Nothing Happens After Your Absence (Ibrahim Omar, 2026), que resulta ideal para definir los derroteros por los que se mueve este certamen en su sección oficial. Una aproximación sin prejuicios a todos los géneros, que no reniega de ciertas pinceladas de experimentación formal y narrativa, con piezas habitualmente filmadas con rigor e ideas, sin resultar demasiado pedantes. Cintas más o menos amables con el público general, pero con enjundia.

La película de Omar es un claro ejemplo de esto. En un Sudán que no ve con buenos ojos el cine por tendencias islamistas, nos sitúa en un pequeño pueblo rural, done un joven se esfuerza por traer el séptimo arte a sus vecinos, con la esperanza de que pueda servir como pegamento social y herramienta educativa. Ya que el fútbol parece más popular que las imágenes en movimiento, idea un torneo con cuatro equipos llamados así: Elia Suleiman, Abbas Kiarostami, Ousmane Sembène y  Abderrahmane Sissako. Quien venza se llevará como premio la proyección al aire libre de un título de estos directores, respectivamente Divine Intervention (2002), Close-up (1990), La noire de… (1966) y Timbuktu (2014). Elegir a cuatro realizadores del llamado Sur Global, que de alguna manera pueden apelar a esta aldea por los retratos de su sociedad que realizan en sus filmes, es toda una declaración de intenciones por parte de Omar.

De todos estos cineastas, del que se siente una mayor influencia es de Suleiman. En primer lugar, existe una economía de las imágenes, sin adornos, directa y simple, que remite a su cine. También existe un yo performativo por parte del protagonista muy propio de los alter egos que habitualmente el director palestino construye en sus películas. Y está presente su humor, irónico y que juega a cruzar elementos entre realidad y ficción. Tiene Nothing Happens After Your Absence mucho de documental, pues la realidad que retrata existe, aunque en la misma se introduzcan elementos narrativos para componer una suerte de fábula sobre la censura de los poderes fácticos –gobierno, milicias y capital– en su empeño por controlar el relato. Uno que deja fuera todo aquello que no interesa y que relega a los márgenes a quien, por un motivo u otro, resulta molesto. Precisamente el retrato social que estos maestros del cine del Sur Global han querido mostrar y que resulta a menudo invisibilizado en las salas de cine de, léase con eufemismo, el mundo civilizado.

Ante todo, con escasas herramientas, lo que logra la cinta es transportarnos a un lugar muy específico y poco representado en narrativas hegemónicas. No es la única película del Curtas que delineaba una cápsula espacial tan precisa.

También triunfante como mejor ficción figura Oh Boys (Antonio Donato, 2026), preciosista corto que nos traslada a un pueblo de la Italia tirrena. Bajo la ligereza de la crisis de una joven pareja británica que visita el país mediterráneo, se va desplegando ante nuestros ojos otra ficción de poso documental. El segundo asidero de la propuesta es un joven saxofonista que allí vive y que participa en una banda popular. Con las idas y venidas de estos personajes, sin un rumbo muy fijo, vamos acercándonos a pequeños rincones, actividades y personas del pueblo. Una suerte de espacio suspendido en el tiempo. A Donato le interesa trazar un retrato de tipos, más que componer una historia. Con una fuerte carga patrimonial, costumbrista, y cierta aura de realismo mágico, la cinta recuerda mucho al cine de la popular Alice Rohrwacher; y lo decimos como un cumplido.

Nouvel Hair (Hadrien Bels, 2026) se fue de vacío en el palmarés, pero merece ser mencionada aquí como otra propuesta que sabe generar bien la idea de un espacio concreto, huyendo de representaciones estereotipadas. El lugar es una peluquería en el barrio de Le Panier, en el centro de la ciudad francesa de Marsella. El hombre que la regenta, de origen argelino, va a jubilarse, y pretende vender el local. Su hijo, que trabaja con él, prefiere abrir otro negocio en un punto diferente de la urbe, de moda entre los más jóvenes. De lo que no se da cuenta es del valor del local de su padre, que la gente se rifa para poder obtener, en un lugar privilegiado. La mujer que va a comprarlo parece querer abrir una cafetería chic, en la que un matcha chai latte irá a 5 euros, seguramente.

Quien haya visitado Marsella más que de turismo exprés y haya tenido ocasión de perderse por sus barrios, sabe que no por nada la llaman “la ciudad más africana de Francia”. En sus barrios céntricos, estos colectivos están perfectamente integrados con los que mi padre llamaría con buena intención “oriundos de toda la vida”. Esta camaradería, este intercambio natural entre personas, con independencia de dónde provengan sus ancestros, es algo muy marsellés. El choque cultural está sublimado en películas tan fascistas como las de Luc Besson. Aunque el cine de Robert Guédiguian es mucho más realista, retrata sobre todo una Francia obrera de sustrato blanco, los “oriundos de toda la vida”. Son los dos grandes representantes de Marsella en el cine galo de las últimas décadas.

Por eso, una película como Nouvel Hair se siente tan fresca. En lo discursivo, no presenta nada vistoso ni nuevo. Cámara en mano, con un poco de movimiento; planos cortos propios de un lugar cerrado; interpretaciones realistas con una mezcla de actores profesionales y naturales. Pero entrar en esta pequeña peluquería durante quince minutos es como verse transportado a ella sin intervención, como si una cámara oculta filmase desde el pequeño agujero de una pared, tal como a Maurice Pialat le habría gustado.

Lo que Nouvel Hair revela con tan pocos recursos es oro. La disolución de la conciencia de clase, la gentrificación, el choque generacional, la asimilación cultural. Bels se crió en Le Panier, y se nota. Impregnado de sus experiencias, realiza una cinta tan sencilla como sociológicamente pertinente. Hacen falta más películas así.