
Por Mónica Delgado
A través de cuatro capítulos, el cineasta ecuatoriano Juan Carlos Donoso Gómez propone en Huaquero un acercamiento al antiretrato. En su segundo largometraje evita los rostros de los personajes cuya labor dan título y sentido al film; elige otra vía para narrar sus memorias, para contar a través de sus manos la naturaleza de su trabajo que requiere silencio e imaginación para contactar con prácticas del pasado. Si bien la película es un acercamiento a la figura del huaquero, más allá del estigma arraigado de verlo como un saqueador de tumbas o sitios arqueológicos, el director nos propone una reorientación de la mirada desde el fragmento, el ocultamiento y un tipo de despersonalización como parte de una estética que lidia contra el prejuicio, la revictimización, penalización y culpas producto de procesos coloniales. Utilizando recursos estéticos como el anonimato, la voz in over o la fragmentación, la película se vuelve un gesto crítico frente a los discursos de poder y de representación hegemónica en torno a esta labor y a la percepción del pasado ancestral, puesto que evidencia que la identidad es múltiple y atravesada por factores sociales, políticos y culturales.
Presentada dentro de la sección Gala del 29° Festival de Cine de Lima, Huaquero (Ecuador, Perú, Rumania, 2024) es una obra hecha en 16mm (desde un logrado trabajo de dirección de fotografía), que transita de modo orgánico entre las fronteras de la ficción y el documental. Hay mucha falsedad en la transparencia de su puesta documental, o mejor dicho se ficcionaliza a partir de algunos personajes, hechos e imaginarios que han marcado la historia de la arqueología o el relato de la protección patrimonial y la preservación cultural. En el primer capítulo se muestra la labor en campo de los huaqueros en la zona de La Tolita en Ecuador. El segundo fragmento se detiene en el trabajo de falsificación, en el cual se describe la elaboración de réplicas, así como un registro de algunas propuestas de ventas. El tercer episodio muestra el relato de un huaquero que fue testigo del hallazgo de las tumbas reales del Señor de Sipán en la zona norte de Perú. Y el último capítulo describe la llegada de un docente e investigador (el actor peruano Tommy Párraga), que busca semillas producto de las excavaciones en la zona de Magdalena de Cao. Hay un epílogo que renuncia a la noción de antiretrato de los cuatro capítulos mencionados, y apuesta por afirmar la agencia de los personajes en el film.
Según el sentido común, el huaquero se dedica a extraer de manera irregular objetos prehispánicos de gran valor histórico y cultural. Sin embargo, este film ecuatoriano plantea al huaquero desde una doble dimensión, como amenaza y como paradoja: por un lado, encarna la pérdida o venta del patrimonio ancestral, pues al remover piezas sin contexto arqueológico se borra parte de la memoria colectiva; pero por otro lado, su existencia refleja también las tensiones sociales, la pobreza y la marginación que han llevado a muchas comunidades a ver al saqueo como una forma de subsistencia frente al despojo histórico y la desigual distribución de la riqueza. Así, el huaquero simboliza tanto la fragilidad como la resistencia de la herencia cultural en ambos países. No solo la película busca mostrar determinadas acciones dentro de esta labor de subsistencia, sino que muestra un sistema o problemática estructural, que estigmatiza, y que como indica el relato del huaquero de Lambayeque, que narra los sucesos de descubrimiento de la tumba en Huaca Rajada, en Sipán, pueden llevar incluso a la muerte.
También en su forma de producción, Huaquero planteó un trabajo colaborativo inédito al menos en Perú, que incluyo una coproducción liderada por el Cineclub Lambayeque, ampliando la usual experiencia de alianzas a otros espacios diferentes a las producciones convencionales. La participación de un cineclub como productor de películas se justifica al constituirse en espacios de formación, creación colectiva y experimentación artística. Al producir películas, un cineclub fortalece su papel como agente cultural activo, capaz de acompañar apuestas narrativas de riesgo como pasa con Huaquero, lejos de las lógicas comerciales.
Más allá de las intenciones por construir un universo expresivo redondo basado en diversos trayectos espaciales, geográficos, temporales y hasta oníricos, Huaquero propone un abordaje ético de manera orgánica y creativa, que reorienta la mirada, e interpela desde su elección del antiretrato como una vía para una nueva recomposición o imaginación de nuevos sujetos y cuerpos en contextos de tensión.
Sección Galas
Huaquero
Dirección: Juan Carlos Donoso Gómez
Guion: Juan Carlos Donoso Gómez
Fotografía: Darío Crespo, Juan Carlos Donoso Gómez
Edición: Juan Daniel F. Molero, Juan Carlos Donoso Gómez
Sonido: Christian Ñeco
Producción: Christian Santiago Rojas España, Lady Vinces Cruz, Rodrigo Tarazona
Participantes: Tommy Párraga, Carlos Valencia
Ecuador, Perú, Rumania, 2024, 81 min