FESTIVAL DE LIMA 2025: RAMÓN Y RAMÓN DE SALVADOR DEL SOLAR

FESTIVAL DE LIMA 2025: RAMÓN Y RAMÓN DE SALVADOR DEL SOLAR

Por Mónica Delgado

La película peruana Ramón y Ramón, estrenada en el 29° Festival de Cine de Lima y que se encuentra en cartelera en cines de la capital, se adentra en los terrenos del drama emocional a partir de la historia de un joven gay limeño (encarnado por el actor Emanuel Soriano) marcado por un trauma familiar. La muerte reciente de su padre, con quien mantenía una relación fracturada por años de silencios y desencuentros, detona un proceso de duelo cargado de culpa y reproche en plena pandemia. El film busca liar el espíritu de soledad de las cuarentenas con la crisis personal del personaje, desde diversos recursos eclécticos, que implica el uso de dron, juegos con la velocidad del obturador y primeros planos de miradas cómplices. Sin embargo, más allá de la promesa de este drama personal de un hijo que recibe las cenizas de su padre hostil, este segundo largometraje de Salvador del Solar tambalea en su “subtrama”: la llegada de un vecino español quien se vuelve el ente liberador de los traumas del protagonista. No solo aflora una intención de relación homoerótica sino que el film vira en su tratamiento de manera conservadora para complacer el perfil correcto del personaje foráneo.

Uno de los graves problemas de las coproducciones es que muchas veces dependiendo de los acuerdos o incluso de los caprichos de productores o mecenas, la naturaleza de los films cambian: se agregan personajes antojadizos, se territorializa de manera exagerada, se imponen giros históricos o idiomáticos que se perciben impostados. Películas argentinas donde los personajes son obligados a viajar a Brasil (porque tienen que justificar un acuerdo de producción), o films chilenos donde aparece los diálogos de algún actor colombiano de la nada. Podría mencionar algunos casos conocidos, a nivel nacional, como los personajes colombianos en La última tarde de Joel Calero, el actor español en Madeinusa, o el contexto uruguayo en el musical comercial Locos de amor: mi primer amor, producida por Tondero, que aparecen como poco trabajados o falsos. Algo de esto se percibe en Ramón y Ramón, surgido a partir de una idea del CEO de la empresa, y transformada en guion por el mismo Del Solar y Héctor Gálvez.  Si bien esta intención de desarrollar un drama interior es el punto de partida, poco a poco se difumina por las exigencias del capital español, que implica resolver el coprotagonismo del actor Álvaro Cervantes, quien interpreta a un mochilero con fincas en Ucayali, que toma fotos y que tiene ínfulas -al final de cuentas- de terapeuta o experto en hacer que el personaje de Soriano reviva su trauma de un modo delicado y afectuoso. Así queda claro el verdadero logline del film: dos sujetos se conocen y uno le da al otro una lección de vida.

Como pasa en otros films peruanos, a nivel de argumentos, resulta sintomático que la libertad de los personajes llegue de la mano de un tercero externo. Suele haber una afectación por personajes limitados en su agencia, y que son devueltos al curso natural de la vida por entes salvadores extranjeros. Este es el caso de Ramón y Ramón, donde el personaje de Álvaro Cervantes se vuelve el cable a tierra del protagonista, con su “sabiduría” propia del lockdown, y sus insumos terapeúticos que hacen que el personaje de Soriano se vea obligado a experimentar una experiencia dolorosa, como forma de procesar la emoción y resignificar el recuerdo. El español encarna la figura de la alteridad: un “otro” que escucha sin juzgar, que propone la palabra como herramienta sanadora y que ofrece un horizonte distinto de reconciliación. Esta relación pone en escena la posibilidad de que el dolor “local” encuentre alivio a través de una mirada foránea. En el guion, el peruano se muestra incapaz de elaborar su trauma sin la intervención redentora del extranjero, quien desde una mirada distante ofrece la palabra, el consejo y la salida emocional. Este recurso dramatúrgico, aunque eficaz en términos narrativos, reproduce de manera problemática un patrón colonial: la dependencia simbólica del sujeto peruano frente a la figura europea que detenta el saber y la cura. El filme genera así un contraste de alteridades que, en lugar de potenciar un diálogo equitativo, refuerza una jerarquía implícita: el “otro” europeo es el que aporta claridad, mientras el personaje local queda atrapado por momentos en la opacidad de su dolor. Solo queda imaginar cómo el protagonista construye su propio camino de reconciliación, incorporando la presencia extranjera como apoyo, no como eje de salvación.

Pese a ello, la película abre un campo de debate necesario sobre cómo el cine peruano representa la intersección entre identidad sexual y herencia cultural, ya que como pasa en Retablo,asoma esta línea que aborda a la homosexualidad desde los prejuicios marcados por la cultura y el territorio. Si bien la intención de Del Solar se desarrolla al inicio desde el drama íntimo del personaje de Soriano, también revela, más aún en su segunda parte, cómo persisten imaginarios coloniales que sitúan la voz local en un lugar de dependencia. La alteridad, lejos de ser emancipadora, corre el riesgo de perpetuar viejas asimetrías bajo la apariencia de un gesto sanador.

Sección Galas
Ramón y Ramón
Dirección: Salvador del Solar
Guion: Héctor Gálvez, Salvador del Solar
Fotografía: Inti Briones
Edición: Pablo Riera, Eric Williams
Sonido: Catriel Vildosa, Amador Del Solar
Música: Hernán Gonzalez Villamil, Gabriel Casacubierta
Producción: Tondero, El deseo, Circular Media
Reparto: Álvaro Cervantes, Emanuel Soriano, Darío Yazbek, Jely Reátegui, Lucho Ramírez, Liliana Trujillo, Carlos Mesta, Ebelin Ortiz, Bruno Odar, Beto Benites, Julián Vargas
Perú, España, Uruguay, 2024, 100 min