
Por valentina giraldo sanchez
Aterrizar viene del latín terra (“tierra”), con el prefijo a- (dirección o movimiento hacia algo) y el sufijo verbal -izar, que da la idea de “llevar a, hacer pasar a”. Literalmente sería “ir hacia la tierra” o “tomar tierra”.
Aterrizar: tocar la tierra desde el aire.
Me siento un día. Dos días. Tres, cuatro, cinco, seis, siete en una sala de cine. Luego en otra, luego en otra. Observo, la luz lava la cara. Parpadeo parpadeo. Se ve tan linda la luz que sale desde el proyector a la espalda de todxs. La sala oscura, el día claro. Imágenes. Cuerpos. Inglés. Portugués. Español. Alemán. Guaraní.
Las películas están tan llenas de información. Por todas partes hablan. Sentarse a escribir sobre ellas es como ensayar una de sus tantas posibilidades. Reviso las notas de mi cuaderno y ahora me parece que casi no estoy de acuerdo con ninguna. Siempre es inesperado el efecto que la imagen deja sobre nuestros cuerpos y la forma en la que, con el paso de los días, se revela.
¿cómo encuentro las palabras con la película?
Cuando es imposible no pensar que las palabras (y la película) están mojadas con las cosas que suceden alrededor de las mismas. Es decir, lejos de alejarme del mundo, las películas me devuelven inmediatamente a este, y cuando me siento a escribir sobre las mismas, lo confirmo.
Escribir sobre películas: Tocar la tierra desde el aire.
El aire, es la luz.
Es la 28.ª edición del Festival Internacional de Cine de Rio de Janeiro y a lo largo de ocho programas se han reunido películas de diferentes partes del mundo. Este pequeño texto es la introducción a tres caminos que se hicieron visibles en las fisuras de las películas que atravesaron las fisuras de los ojos y se encajaron en la fisura del corazón. De manera inconsciente pero extrañamente decidida, las películas que vi tuvieron se encontraban en algún punto, casi todas, con la infancia.
La imaginación enrarecida del “error” que cualquier ejercicio de interpretación permite es el punto en común de los textos que hacen parte de esta pequeña cobertura. Entonces, pensando en por dònde empezar a escribirle a las películas -que es algo casi igual o por lo menos muy cercano a escribirle a la vida-, aparecieron relaciones tan variadas como imposibles. Puentes clandestinos que emergen de esa experiencia del visionar, con el cuerpo entero, el trabajo de las manos de lxs cineastas.
En la universidad aprendí unos caminos demasiado claros para leer una película y más o menos interpretarla, poder dar una opinión al respecto: iconología, semiótica, teoría del color…. Con el tiempo se le agregarían otras categorías como lo que significa “un buen montaje” o “una buena actuación”, ahora siento que no tengo la menor idea del significado semiótico de un plano o de lo que sea que significa “una buena actuación”. Como si fuera posible adivinar, de forma clarísima, las cosas que puede decirnos una imagen.
Cuando empecé a trabajar como profesora de audiovisuales para niños apareció algo que se había escondido de mi corazón en mi tercer semestre como estudiante de cine: el asombro. Qué lejos de ser ingenuo, es inmensamente vital. Es extraño sentarse a escribir sobre películas e imaginar las orillas de la crítica de cine. En estos tiempos, el cine latinoamericano camina sobre pilares frágiles, y es imposible no pensar en esto cuando en medio de un festival de cine suceden unas elecciones presidenciales. La amenaza a las políticas públicas dejan nuestro trabajo como agentes del sector cultural casi al borde de todo, no hay dinero para producir, hay censura por parte de los estados y tristezas extrañas que flotan en el aire.
Entonces, pensando de nuevo en esto tan raro de escribir sobre películas, aparecen tres cosas que, más o menos, le han dado coordenadas a esas antenas a través de las cuales pienso en las películas: El error, el deseo y la adivinación. Como en la escritura, este acercamiento a las películas es erótico y errático.
Pensando en cómo las películas pueden estar dando coordenadas de como aterrizar en este planeta herido, nace esta cobertura. Estas palabras también se encaminan con mucha cercanía a la tremenda labor de lxs colegas, hacedores-de-palabras, críticxs de cine, que le apuestan a darle cobijo a las imágenes que nacen en el mundo. Porque este trabajo extraño de la escritura es tan político como precario, y en medio de tantas incertidumbres, dedicarle una totumada de palabras a la luz nos permite creer.