
Por valentina giraldo sanchez
En el inicio de palabras-más, Cecilia Vicuña cuenta que su encuentro con las palabras fue a través de las adivinanzas. Ella escribe:
Las primeras preguntas se presentaron
como visión:
veía palabras que contenían una pregunta
y una respuesta a la vez.
Las llamé adivinanzas.
Ellas decían:
la palabra es la adivinanza
y adivinar
es averiguar lo divino.
Trato de juntar en mi cabeza todas las cosas que me han enseñado las películas. Por ejemplo, frutas que no conocía, o palabras en paises del sudeste asiatico que suenan igual a palabras del español de colombia. Pienso en todos los gestos que mi cuerpo ha aprendido de la crianza que me han dado las películas. Esas formas de entender el mundo que se hicieron legibles en una sala de cine. Como un alfabeto que conecta territorios. Pienso en esto y pienso en cómo, estando en mi barrio cuando era adolescente viaje a la antípoda conducida por una película. Pienso en, que aunque fuera sola a una proyección, el cine siempre fue un puente que irremediablemente me llevaba a otras gentes.
Las primeras imágenes de London muestran al personaje principal de espalda a la cámara, algunos planos cerrados, el movimiento del mundo que corre afuera de las ventanas del transporte público. Y la voz de London hablando del ardor de estar vivo y poder ser solo en la noche.
Este largometraje sigue la historia de London, quien tiene una condición neurológica que ha pasado por diferentes episodios de diagnósticos médicos que no apuntan a ningún lugar. Existe un contraste constante entre el día, la luz fría de la ciudad y del hospital, las conversaciones incómodas con la familia y la noche, en la que London trabaja en una casa de fetiches.
Busco entre las notas de mi cuaderno y aparece un fragmento de algún texto:
hay algo en el cuerpo que puede ocasionar una revuelta contra el poder que lo marca
Imagino todas las cosas que me generan incomodidad de la palabra “resistencia” y de cómo esta se ha vuelto una categoría en la que entran los gestos que nacen de la fricción que genera estar vivo en medio de sistemas con corpopolíticas violentas. Pienso en London, en los momentos de encuentro y fricción que este personaje tiene con los demás y con el mismo. Y pienso que algo muy refrescante de esta película es imaginar nuevos paradigmas en los que el deseo, la autonomía y la dignidad trazan también otros escenarios de imaginación política.
London va al hospital, va a visitar a su hermana y a su madre. Se oculta de los diagnósticos. Va a un karaoke. Instala una cortina que se cae y luego la vuelve a instalar. Tiene encuentros esporádicos con amantes. Se ríe con sus amigxs. Llora. Ríe. Y ríe llorando.
Cada vez que llega a la casa un grupo de niños lo miran desde las escaleras que conducen a los pisos de arriba del edificio. Como si se tratara de un juicio. En diferentes momentos, la película vuelve a momentos de la infancia, en los que el cuerpo va siendo marcado por la interacción con las demás personas.
Lejos de una historia en la que el cuerpo todo el tiempo quiere salir de sí mismo (como esas fantasías extrañas de la virtualidad o la fiesta), esta película trae al cuerpo como un inmediato canal de acceso a la vida. Sin un diagnóstico que determine los “límites”, London nos devuelve a ese primer territorio con el que tocamos al mundo.
Esta película resulta también muy importante a la luz de un sistema/mundo en el que son amenazados los cuerpos. London traza pistas para encontrar posibles maneras para aterrizar y orientarnos, con deseo y cercanía, entre las fisuras de un mundo regido por las instituciones. Y quizá como forma de averiguar lo divino, imagina estos espacios en los que no se trata de narrar la historia de la herida, sino la historia del deseo.
Imagino que, así como los sueños y las plantas, esta película tiene una piel fotosensible que anticipa esas formas de amistad que tejen familiaridades en medio de un contexto que pareciera alejarnos cada vez más los unos de los otros.
Gracias a la luz que nos retrae, juntos, al mundo.
Saliendo de la función, el cine me había dado el regalo de aterrizar en el mundo con la certeza y las ganas de sentarme a ver esta película con mis amigos. Porque un poco, su universo evocaba al nuestro. A veces el cine genera familiaridades extrañas que hamacan nuestros sueños con ferocidad y ternura.
London
Dirección: Victor Di Marco, Márcio Picoli
Guion: Victor Di Marco, Márcio Picoli
Productora: Laura Moglia, Aline Gutierres, Márcio Picoli, Victor Di Marco
Fotografia: Bruno Polidoro, Abc
Edición: Will Domingos
Dirección de Arte: Valeria Verba
Vestuario: Samy Sill
Edición de Sonido y mezcla: Guido Pera
Música: Vito O. Azevedo
Reparto: Carla Cassapo, Jéssica Teixeira, Pedro Bertoldi, Priscila Colombi, Victor Di Marco
Brasil, 2026, 90 min