IL CINEMA RITROVATO 2026: SOBRE ‘A WELL FOR THE THIRSTY’ DE JURIJ ILLJENKO

IL CINEMA RITROVATO 2026: SOBRE ‘A WELL FOR THE THIRSTY’ DE JURIJ ILLJENKO

por Víctor Paz

“La poesía es una especie de intento de hacer posible la prosa sin el apoyo de palabras inútiles”
Paul Valéry, en
Tel Quel

Esta cita era una máxima para Oleksandr Dovzhenko, el primer gran cineasta ucraniano de la historia del cine, que en los años sesenta inspiró a toda una generación para poner en marcha el movimiento del cine poético ucranio. Entre sus filas se encontraba Serguéi Paradzhánov, el más prominente de estos autores, que en Shadows of Forgotten Ancestors (Tini zabutykh predkiv, 1965) entregó un trabajo radical entre lo poético y lo patrimonial, sublimando tradiciones, vestimentas, abalorios y ritos propios en un filme que no es estrictamente narrativo. De este modo, sin poner la ideología en primer plano, lo cierto es que se puede considerar buena parte del cine de Paradzhánov como una celebración de la identidad nacional, lo que a Moscú no gustó. Ambientada en un tiempo pretérito y con un estilo onírico, su cinta se escapa por completo de los preceptos del realismo socialista. Ambas cuestiones le dieron muchos quebraderos de cabeza con la censura soviética.

Uno de los aspectos más destacados de este título seminal para el movimiento es su fotografía, obra de Jurij Illjenko, donde no temía mover la cámara con los actores o pegada a objetos, en la que componía grandes frescos y bodegones, con perspectivas inusuales; y sobre todo se recuerda por su expresivo color, que, junto a una medida dirección artística, definen el sello Paradzhánov.

Justo tras este rodaje, Illjenko se lanzó en el mismo año a dirigir A Well for the Thirsty (Krynytsya dlya sprahlikh, 1965), a menudo definido como el manifiesto del cine poético ucraniano. En oposición a Paradzhánov, lo primero que llama la atención es que está rodado en un elegante, contrastado y ascético blanco y negro. La situación, que no trama, gira en torno a un anciano que vive casi solo en un pueblo abandonado, en que la vida solía girar alrededor de un pozo, fuente de vida y sustento para su familia, su ganado y sus cosechas.

Como Elena Rubashevska recuerda en su libro Ukranian Poetic Cinema (Fundacja Tumult, 2022), “tradicionalmente, en la cultura nacional, la aldea se percibe como la base de la identidad ucrania; la película trata sobre la migración y la desintegración de esta aldea, y de los valores espirituales y las reglas morales que ésta dictaba”. Aunque esta particular migración está causada por el éxodo de soldados en la Segunda Guerra Mundial y la posterior mudanza de esta generación a la ciudad, lo que A Well for the Thirsty retrata, Illjenko se esfuerza en resultar tan específico como abstracto, tan local como universal, tan definido en una época como atemporal. Adoptando un estilo surrealista y onírico con escenas inconexas que solo cobran sentido en un montaje de inspiración lírica, cada una de las partes denota un contexto concreto sin volverlo obvio, mientras que el conjunto se percibe como una suerte de sueño abierto a múltiples significados.

Los significantes son claros, no tanto su significado. El viejo arrastrando un manzano arrancado, la imagen de su fallecida mujer en el marco de la ventana, con la inconmensurable estepa al fondo, los soldados marchando de espaldas, las herramientas del campo y los adornos hogareños… Motivos recurrentes que funcionan por acumulación, repetición, rima y contraste. Tanto en el campo de la imagen como del sonido, la película juega a contraponer para existir en un tiempo y un espacio, esculpirlos, que son a la vez específicamente ucranianos y de posguerra y tremendamente universales y eternos.

Sirva un ejemplo. Casi al inicio del filme, el anciano marcha al pozo. Una panorámica que gira sobre sí mismo muestra a diversas figuras que se le acercan por las dunas que lo envuelven y que declaman una serie de frases, que no diálogos. Las líneas escritas por el poeta Ivan Drach, otra figura fundamental del movimiento, funcionan más como apartes teatrales o entonaciones líricas que como diálogos; se presentan inconexas y se lanzan como puntuaciones sintácticas para marcar la estructura del filme. No hay en sus 71 minutos un solo intercambio de información entre las presencias – ¿son siquiera personajes? – que pueblan el metraje, aun cuando la palabra existe. Ésta es tratada como un sonido más, de manera que las canciones populares, el ruido de un árbol cayéndose o el agua componiendo sinfonías contra objetos metálicos y de cristal cobran incluso mayor protagonismo en ciertas secuencias. Las figuras fantasmales de esta misma escena pertenecen a un tiempo pretérito concreto, sí, y entonan palabras acordes, pero en el mar de recuerdos y sueños del viejo se entremezclan sin concreción alguna, se funden como una unidad que supera ese realismo concretizador para convertirse en algo más universal y sugerente.

No está exenta A Well for the Thirsty, con todo, de marcada intencionalidad política. Aun empañada de ese lirismo que tanto molestaba a las élites comunistas, hay que recordar que el título de la película se completaría con (una fábula fílmica), detalle tan a menudo omitido como esencial. Tampoco puede ser casual que, aun eludiendo a aspectos pasados, el escenario sea Siberia, lo que añade connotaciones críticas evidentes.

Harían falta muchos ensayos para desentrañar los misterios semióticos de un filme tan complejo, pero baste decir en este breve espacio que nos encontramos ante una obra singular, de esas que marcan una época y un lugar, pero que permanecen en el tiempo y el espacio como patrimonio compartido de eso que llamamos humanidad. Una obra eterna.

Dirección: Jurij Illjenko
Guion: Ivan Drac.
Fotografía: Jurij Illjenko, Volodymyr Davydov
Edición: Natalija Pycsykova
Escenografía: Petro Maksymenko, Anatolij Mamontov
Música: Leonid Hrabovs’kyj
Reparto: Dmytro Miljutenko (Serdjuk), Larysa Kadocnykova (Solomija), Feodosija Lytvynenko, Nina Alisova, Dzemma Firsova, Ivan Kostjucenko.
Producción: Oleksandr Dovzenko
Unión Soviética (Ucrania), 1965, 71 min