LOCARNO 2021: ESPÍRITU SAGRADO DE CHEMA GARCÍA IBARRA

LOCARNO 2021: ESPÍRITU SAGRADO DE CHEMA GARCÍA IBARRA

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Por Mónica Delgado

Encontramos en Espíritu sagrado una concreción del universo visual y de ficción que fascina al cineasta español Chema García Ibarra. Códigos de la ciencia ficción “folletinesca”, de imaginarios ufológicos y paranormales en una gama extravagante, y seres ordinarios alienados a un modo de percibir el mundo, que puede ser monstruoso, pero que casi nadie quiere ver. Esta vez estamos en la comunidad de Elche, al sur de España, cuya fisonomía remite muy bien a un entorno pueblerino presto a las nostalgias vintage o para ubicarnos en un periodo impreciso, liminal, donde las fantasías y creencias se convierten en posverdades, en certezas que hay que proteger.

El film comienza con algunos elementos que podrían remitir a un thriller o policial: una niña de diez años ha desaparecido, y los medios locales informan sobre la situación de la madre y su hermana gemela, quien parece distante ante la complejidad de la situación. Sin embargo, el tratamiento entre cómico y burlesco que Chema García Ibarra insufla desde los primeros minutos (como la intro donde la niña gemela expone sobre lo que ella considera es el bautismo en su clase de primaria), ya nos da una idea de que estamos en los terrenos de los trabajos previos de este autor español. Por ello, el tratamiento de esta desaparición es distinto en Espíritu sagrado. El cineasta se ubica en polo opuesto al modo en que los medios hacen escarnio, o despiertan el morbo, en torno a casos similares, que se vuelven luego documentales muy vistos en la actualidad en plataformas tipo Netflix (sino recordar el caso de Madeleine McCann o el de asesinadas por feminicidas que se vuelven Top 10 de dichos espacios online). Más bien, esta subtrama de la desaparición se va complejiando en torno a otros sucesos más amplios y transversales en la comunidad. Desde la mirada que García Ibarra impregna a Elche, este suceso luce desprovisto de amarillismo o de sensacionalismo, y es más bien una capa narrativa que poco a poco se va a ir asociando a una trama mayor: la de las reuniones de unos miembros de un culto ufológico, que cree en el regreso de los alienígenas como mesías salvadores o en el poder curativo de las abducciones. Así, la lógica del film se sitúa más bien en las singularidades de un grupo de personajes (que fácilmente podríamos tildar de freaks o relegados sociales) que asiste a un culto, y que son como una muestra cuasi estadística del sentir y actuar de todo un pueblo.

Otra característica importante que agrega Chema García Ibarra es que estas dos subtramas, la de la niña desaparecida y la de la secta fanática, confluyen en el retrato de una misma familia: la madre e hija que buscan sin mucho apoyo a la niña ausente, la abuela ida y vidente, el tío parte de la secta y que tiene un bar visitado en el pueblo. Estos personajes (encarnados por actores no profesionales y del mismo Elche) son capitales en el desarrollo del espíritu del film: todos ellos como parte de un lugar que funciona como microcosmos, que parece estar ubicado a finales de los noventa, pero también como rezagos de mentalidades conservadoras de otras décadas previas, con rutinas específicas y con personajes secundarios o extras que aportan con detalles peculiares a enriquecer esta visión de una comunidad abstraida o alienada en su ignorancia. Personajes que recuerdan a sus protagonistas de trabajos anteriores, como aquel que aparece en su corto El ataque de los robots de Nebulosa 5 (2008). Un pueblo, además, metido en sus propias cosas, como en las ficciones de las películas de David Lynch, donde todos parecen vivir de manera idílica, mientras el horror recorre sus pies.

La tesitura que logra el 16 mm en este nuevo largometraje permite incrementar la verosimilitud de un pueblo “ficcionado” o recreado, filmado en tonalidades cálidas, y que se fortalece con una dirección de arte que precisamente nos lleva a una indefinición temporal, que incluye celulares Nokia, los juegos mecánicos acompañados de una canción de The Cranberries, de mochilas con la cara del gato del meme, o donde los lugares guardan aún un homenaje a tiempos pasados. El notable trabajo en la fotografía de Ion de Sosa (director de Sueñan los androides), otro cineasta de producción interesante, quien también ha hecho dúo con Luis López Carrasco (El año del descubrimiento, Aliens), refleja también la empatía generacional por algunos tópicos en torno a repensar el pasado de España desde temáticas menos solemnes.

Y como pasa en otros trabajos de García Ibarra, como Uranes (2013), aquí se compone un mundo desde una dimensión social-emocional, donde los medios en su rol de difusores de pseudociencias y fake news van aportando a modelar la percepción del mundo. Los personajes existen en este estadio de ingenuidad primigenia, creyendo en faraónes interestelares, en el regreso de una orden intergaláctica, en las abducciones sanadoras, porque también son producto de la “aguja hipodérmica” de estos medios provincianos que los condena a admirar a charlatanes o a sintonizar programas desgastados de teorías conspiranoicas y de esoterismo efectista. Y en esta frontera de seres transparentes, inocentes, creyentes en todo sentido de la palabra, es que poco a poco va asomando la real cara del mundo. Y justo este choque de verdades permite que el cineasta huya de cualquier machacona corrección política o visión más condescendiente, y, por el contrario, apuesta por lo simbólico, por una atmósfera absurda, que confirma a unos personajes sometidos en este universo de la alienación, encarnado, al final de cuentas, en lo que puede ofrecer un muñeco de feria inflable.

Presentado en competencia internacional del reciente festival de Locarno, Espíritu sagrado es una lograda inmersión en un mundo paralelo, al ritmo de una narración de reminiscencias pop, que no teme satirizar sobre una sociedad crédula, adormecida en su ineptitud, ajena a sus propias problemáticas.

Competencia internacional
Director y guionista: Chema García Ibarra
Reparto: Nacho Fernández, Llum Arques, Rocío Ibáñez, Joanna Valverde
Productores: Miguel Molina, Leire Apellaniz, Marina Perales Marhuenda, Xavier Rocher, Enes Erbay
Fotografía: Ion de Sosa
Edición: Ana Pfaff
Sonido: Marianne Roussy, Laure Arto
Diseño sonoro: Roberto Fernández
España, Francia, Turquía, 2021

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