
Por Mónica Delgado
Comenzó la 78° edición del Festival Internacional de Locarno con la alusión a un inevitable contexto político. La situación de Palestina y el llamado a una respuesta ante la crisis de represión e intolerancia marcaron la sesión inaugural desde las palabras de los directores artísticos y autoridades de la región, pero también a través de la decisión de elegir al film franco armenio In the land of Arto (Le pays d’Arto, 2025) como función de apertura.
Palestina no es Armenia, pero en tiempos de necesidad retórica, donde la frontalidad y franqueza pueden ser condenadas o incluso penalizadas, este tipo de recursos de la sutileza y la alegoría permiten visibilizar problemáticas de ocupación, desarraigo, desplazamiento, desaparición y desigualdad como oportunidades para la sensibilización. Como indica una de las frases comunicacionales del festival: Cinema doesn’t explain the world. But it dares to look at it. El cine toma un lugar ante el bloqueo mediático y la cultura de la desinformación, pero también como extensión de simbolismos y metáforas para acercarse a otras realidades y susceptibilidades.
La primera película de ficción de la documentalista Tamara Stepanyan, In the land of Arto, es un drama que narra la perspectiva de una viuda francesa, Céline (Camille Cottin), que viaja a Gyumri a conseguir la partida de nacimiento de su esposo fallecido recientemente. Este acto burocrático se vuelve detonante de otra realidad: el nombre ni documentos del esposo existen. Luego de la sorpresa y de algunas indagaciones bajo la ayuda de una activista local (la actriz iraní Zar Amir), la protagonista descubre el pasado trágico del esposo, un ex soldado, y a partir de esta búsqueda se ve inmersa en uno de los bandos del conflicto armenio-azerbaiyano.
En la conferencia de prensa, la cineasta comentó que toda la inspiración para la realización del guion (que tuvo el apoyo de cuatro guionistas más), vino de todo un trabajo de investigación sobre el conflicto en el territorio de Alto Karabaj, que también está plasmado en sus producciones documentales previas: desde Embers (2012), Those from the shore (2017) a Mes fantômes arméniens (2025), obras que exploran diversas memorias soterradas dentro o fuera de su país. Si bien en el film hay algo de didactismo sobre la situación de Karabaj en todo este conflicto, lo que propone Stepanyan es una ruta de empatía y diálogo a través de la protagonista, un personaje externo que ingresa a este lugar marcado por la guerra y los deseos de independencia, pero también gracias a la sororidad. Es decir, todo el espíritu del film está marcado por la visión de Céline, quien es mostrada vulnerable pero también comprometida con rendir honores a un pasado controversial.
En una de las escenas de esta película, el personaje de armenio ermitaño que encarna Denis Lavant -que además se percibe como déjà vu– lleva una kufiya (prenda característica de la lucha palestina), no como si se tratara de un guiño oportunista sino como la necesidad de plasmar la relación metahistórica en torno a los genocidios y desplazamientos forzados por territorios en disputa. Si bien el film es un mediano drama con toques históricos, o una extraña y pretenciosa historia de amor, hay lugar para esta contextualización política, que permite ubicar al espectador en un eterno retorno de conflictos y resistencias.

Competencia internacional
In the land of Arto
Dirección: Tamara Stepanyan
Guion: Tamara Stepanyan, Jean-Christophe Ferrari, Jean Breschand, Romy Coccia di Ferro, Jihane Chouaib
Reparto: Camille Cottin, Zar Amir, Shant Hovhannisyan, Hovnatan Avédikian, Alexander Khachatryan, Babken Chobanyan, Denis Lavant
Productor: Stéphane Jourdain, Camille Gentet
Fotografía: Claire Mathon
Edición: Olivier Ferrari
Sonido: Olivier Mauvezin, Jean-Marc Schick, Bruno Reiland, Nathalie Vidal
Música: Marc Ribot
Francia, Armenia, 2025, 104 min