
Por Mónica Delgado
Dentro de la competencia internacional del 78° Festival de Locarno pudimos ver White snail, largometraje de la pareja austro alemana formada por Elsa Kremser y Levin Peter. Ambos vienen precedidos del buen recibimiento y comentarios por sus documentales Space Dogs (2019), estrenado también en el evento suizo, y Dreaming Dogs (2024), con premiere en Viennale. Esta vez se decidieron por la ficción, alejada del mundo perruno, y que se detiene en la historia de amor y desamor de dos personajes marginales atraídos por un impulso tanático, o en todo caso, atrapados entre la tensión sexual y la atracción romántica por la muerte.
Rodada en Minsk, capital de Bielorrusia, y que confirma determinada “rusofilia” de los cineastas ya esbozada en sus trabajos previos, plasma el encuentro de Masha, una pálida joven modelo que se prepara para lograr una plaza en agencias de China, y Misha, un trabajador de morgue que también es pintor de obras góticas y necrófilas. Ambos, personas solitarias, empiezan una amistad que deviene en atracción, y que se augura por los diálogos y tratos como un fracaso. No se trata de que los personajes no proyecten una química, sino que los cineastas muestran el origen de una amistad atípica, a partir de algunos códigos simbólicos como que el que da título al film (caracol blanco) y de algunos otros recursos sobre amores fallidos, propios del drama social.
Masha (el debut de Marya Imbro), vive con su madre, quien le apoya en su formación como modelo. En ese marco de autocuidados y dietas, ambas recurren a unos caracoles, cuya baba funciona como recurso de belleza. Estas “mascotas” van a encarnar el espíritu de Masha, de alguna manera vista como un ente que puede gratificar la personalidad cerrada de Misha, un tipo mayor que ella, y que se vuelve un aliado en su interés mórbido por formas de muerte. Incluso este aspecto oscuro no es tan evidente en Masha, pese a su look andrógino y dark, mientras que Misha, lleno de tatuajes de iconos religiosos, hace evidente más la rudeza y la introspección de alguien depresivo o decepcionado de la vida. Parecen ser tal para cual, sin embargo, algunas situaciones como denuncias o peleas con el entorno cercano, precarizan la amistad, quizás desde un tratamiento dramático endeble.
Más allá de estas debilidades narrativas, que pueden percibirse inocentes o ingenuas, pese al tópico mórbido de dos personas que parecen enamorarse debido a su fascinación por lo oscuro, White snail se valora un poco más debido a los climas de Minsk: de calles desiertas, de barrios lúgubres, de karaokes aburridos o de bosques apenas visitados, que develan un fuera de campo de tiempos políticos convulsos. Se puede llegar rápido a una escuela de modelaje como a una morgue, a un bar como a un lago solitario; y donde las pinturas sobre la muerte son vistas como amenaza, antes que las condiciones mismas que la producen. Así, Elsa Kremser y Levin Peter muestran en esta ópera prima de ficción un tratamiento distinto a las convencionales historias de amor, desacralizando los forzados encuentros físicos por abrazos discretos de dos personajes que parecen tienen miedo de vivir.
Competencia internacional
White snail
Directores: Elsa Kremser, Levin Peter
Guion: Elsa Kremser, Levin Peter
Productores: Lixi Frank, David Bohun, Elsa Kremser, Levin Peter
Fotografía: Mikhail Khursevich
Edición: Stephan Bechinger
Sonido: Simon Peter, Johannes Schmelzer-Ziringer
Música: John Gürtler, Jan Miserre
Reparto: Marya Imbro, Mikhail Senkov
Austria, Alemania, 2025, 115 min