PANORAMA: THE DREAMED PATH DE ANGELA SCHANELEC

This entry was posted on November 21st, 2016

Por Aldo Padilla

Una cortina baja lentamente mientras hace un sonido que pareciera indicar un complejo mecanismo que la hace funcionar, un momento antes un hombre presionaba un botón como una forma de familiarizarse con el que será su futuro departamento, la luz que inundaba el cuarto poco a poco va desvaneciéndose, el único rastro de realidad que nos queda es el sonido mecánico. El silencio dura muy poco tiempo y se realiza el proceso inverso aunque con el mismo sonido, nuestra mirada se enfoca en una mujer quien poco a poco vuelve a verse más claramente, pero no es la misma mujer, la luz ya no es la misma, una luz gris es ahora la que inunda el cuarto, y nada puede ser lo mismo.  La luz solo tiene una oportunidad, igual que las emociones, igual que todo lo que se reprime: una vez impedidas de salir nunca más lo podrán hacer.

La sobriedad de la película de Angela Schanelec es algo que se agradece, en especial en una época de la falsa sonrisa, del histrionismo y donde lo sutil es cada vez es más ajeno. El arte también debe buscar sensaciones en base a la ausencia de ellas, aunque aquello parezca una paradoja. The Dreamed Path maneja un código que puede ser incómodo y que exige al espectador armar su propia película.  El tiempo, el espacio e incluso los personajes se manejan de manera muy vaga, solamente el inicio de la película pareciera buscar un hilo narrativo, donde Kenneth y Theres se encuentran en una Grecia pre europea en los años 80, tratando de ganarse unas monedas con canciones ligeras.  La armonía se rompe cuando Kenneth se entera que su madre ha sufrido un accidente y ambos deben interrumpir el viaje, para que él pueda acompañar a su madre en la agonía. Aunque toda esta trama se relate en una especie de segundo plano, ya que la cámara se enfoca en pequeños espacios, en unos pies, en un sombrero en el suelo, la historia real está en la materia que les rodea.

A partir de este punto existe un salto temporal poco evidente, y que solo el transcurrir del metraje nos hará notar: posiblemente han transcurrido veinte años, los personajes de la primera parte se mueven en historias independientes por un Berlín lluvioso y solitario, además que la directora fija también su atención en una familia que pareciera no tener relación con los primeros personajes, excepto que comparten la misma ciudad.  La pareja de casados se encuentra en un proceso de separación y mientras él maneja el proceso con una resignación casi burocrática, ella se dedica a su profesión de actriz de manera casi inconsciente, a la vez que su hija y los niños que la rodean carecen de cualquier rasgo que pueda definir la vivacidad propia de su edad, como se comprueba en una escena en la cual ingresan a una piscina en un orden y tranquilidad casi tétricos. La ciudad adquiere una atracción magnética por su minimalismo visual y sonoro, donde buses circulan casi silentes y las ventanas son protagonistas, pareciera que ese reloj exacto con el que se mueve la Europa más desarrollada haya quitado el alma a toda acción y a todo ser que divaga por allí.

Schanelec trata de mostrar una sociedad carente de vida en base al exceso de la despersonalización y teatralización de sus personajes, donde todo pareciera funcionar en piloto automático, y donde la autora se toma muchas licencias temporales precisamente para darle a la película una atmósfera inerte. El tedio se toma todo el tiempo del mundo, no tiene prisa en llegar a su destino, se detiene a contemplar a la gente que va pasando, sin ponerles un rostro definido, el tedio guarda una belleza que solo se degusta si decidimos acompañar su ritmo, si reducimos nuestra respiración y dejemos que esa luz que no ilumina llene nuestra vida.

Directora: Angela Schanelec
Productores: Frieder Schlaich, Irene von Alberti
Guión: Angela Schanelec
Fotografía: Reinhold Vorschneider
Editor: Angela Schanelec, Maja Tennstedt
Diseño de producción: Jochen Dehn
Productora: Filmgalerie 451 / WDR / Arte
Reparto: Miriam Jakob, Thorbjörn Björnsson, Maren Eggert, Phil Hayes, Anaïa Zapp, Alan Williams
Alemania, 2016, 86 min