
Por Mónica Delgado
Para hacer una película solo hace falta un arma (Argentina, 2026) retoma una famosa frase de Godard, pero para extraerla de ese halo de ironía (o de fórmula genérica) y asignarle un sentido literal del cine como vía de defensa y memoria dentro de luchas ideológicas, y como parte de un contexto de persecución donde filmar podría significar empeñar la vida. Pero este no es un ensayo de parte sobre cómo las películas tienen que ser: no existen aquí dogmas ni poéticas sobre el acto de construir narrativas fílmicas, sino que se trata de un relato que imagina las tramas detrás de metrajes encontrados en archivos de una escuela de arte de la Universidad de Córdoba.
Este nuevo trabajo del documentalista Santiago Sien es una película que reanima trabajos universitarios amateurs de jóvenes contestatarios, realizados en los años setenta, y que desde un fuera de campo aportan a la construcción de la historia post del Cordobazo, y las posteriores represiones, desapariciones y asesinatos en tiempos de la dictadura de Videla. Si bien lo que muestran las imágenes recuperadas son escenas de registros en 16mm de una Bolex, tanto de rodajes como de ficciones alocadas, en correspondencia con la sensibilidad de la época, hay un trayecto que muestra un lado B: filmaciones de cámara en mano de diversas huelgas y manifestaciones, que fueron ocultadas entre el material inocuo de ficciones amorosas. Pero, Sien no se queda solo en el arrebato de haber encontrado un material inédito, sino que todas esas imágenes exhumadas, restauradas y digitalizadas inspiran un relato en tres tiempos, donde aparecen voces tanto del mismo director, de la recreación de la subjetividad de uno de los estudiantes, y que incluye entrevistas a un grupo de viejos amigos que pertenecieron a estas aulas universitarias.
Toda la primera parte de Para hacer una película solo hace falta un arma relata el proceso de recuperación: la búsqueda de más archivos entre la basura, la presentación de los integrantes de este grupo de estudiantes a partir de esas imágenes, y detalles del proceso de restauración y escaneado. La segunda parte imagina el relato en primera persona de uno de los estudiantes, que cuenta de manera sentida no solo los procesos de aprendizaje, discusiones sobre cine o motivaciones fìlmicas, sino que sitúa toda esta obra anónima en una posibilidad de construir la memoria política de una Córdoba en ebullición. Y la tercera, quizás la más convencional, se detiene en las memorias de aquellos que vivieron esos tiempos, y de cómo la violencia y represión lo dominó todo, incluso hasta al cine mismo.
En el video de presentación que el cineasta envió al festival y que se mostró antes de la proyección, sostuvo que la película se estrena en un contexto difícil para Argentina, no solo por la presencia misma del impresentable de Milei, sino por la abierta vulneración a las acciones en defensa de las memorias y derechos humanos, y también porque el cine es actualmente visto como un arma efectivamente que hay que erradicar. El cine deja de ser un derecho cultural y se convierte en una amenaza. Claro, estamos hablando de un tipo de cine que deja de ser avalado por las políticas públicas. Y en ese marco actual, esta película constituye una urgencia en dos vías: como acto mágico que hace que las personas que no están sigan clamando justicia, y como acto de defensa de la libertad creativa y libertad artística, derechos aún hoy pisoteados, por radicalismos o fundamentalismos políticos de la ultraderecha.
Para hacer una película solo hace falta un arma también es una valiosa obra sobre el lugar actual de la universidad pública, teniendo en cuenta que Sien es docente y director en un centro de documentación fílmica y audiovisual, comprometido con la investigación y la ampliación de estas búsquedas e insistencias que abren paso a estas memorias soterradas, que a nosotros nos permiten mirar, y a ellas gritar desde un pasado totalmente vivo, vigente, incluso desde sus taras y vulneraciones. Viejas historias que se siguen repitiendo. Y efectivamente, aquí bastó solo un arma, encarnada en la curiosidad, dedicación y reto narrativo del mismo Sien, y para hacer de estas imágenes un apartado de la furibunda voluntad juvenil de un tiempo ya alejado, y que hoy luce lamentablemente adormecida.
Cinema Regained
Para hacer una película solo hace falta un arma
(All you need to make a movie is a gun)
Director: Santiago Sein
Guion: Santiago Sein
Fotografía: Marcos Rostagno
Edición: Lucía Torres Minoldo
Diseño de producción: Eugenia Monti
Diseño sonoro: Atilio Sanchez
Música: Atilio Sanchez
Productora: Ana lucia Frau
Argentina, 2026, 159 min