FESTIVAL DE LIMA 2026: LAS CORRIENTES DE MILAGROS MUMENTHALER

FESTIVAL DE LIMA 2026: LAS CORRIENTES DE MILAGROS MUMENTHALER

Por Mónica Delgado

Un estilo fílmico depurado requiere también depurar, estilizar, “limpiar” los referentes. Las corrientes de Milagros Mumenthaler, plantea las estrategias de un personaje para cumplir con las exigencias de una manía, una obsesión o un trauma. Como la Catherine Deneuve de Repulsión (1977) de Roman Polanski, la protagonista sufre un trastorno en su cotidianidad tras el surgimiento de una fobia que se creía soterrada. Este impulso patológico aparece inexplicable para el espectador, aunque como suele pasar con estos thrillers o dramas psicológicos, la raiz del mal suele traer consigo la descripción posterior de una serie de ataduras al pasado. La diferencia con aquellos films sobre estas afectaciones mentales, es que Mumenthaler abandona por fortuna cualquier efectismo o intención expresionista, y elige una puesta en escena y montajes basados en la exactitud: de su personaje apenas conocemos lo indispensable, sin histerias ni estridencias.

Cata (o también llamada Lina), encarnada por la actriz mendocina Isabel Aime Gonzáles-Sola, es una diseñadora de modas exitosa, que oculta un miedo irracional, esta vez al agua, tras haber tenido un impulso de morir ahogada tras haber recibido un premio en Ginebra. A su retorno a Buenos Aires, la hidrofobia controla su vida, a tal punto que debe planificar diversas acciones para mantener este problema oculto de su esposo y escasos amigos. Si bien la sinopsis podría augurar un tratamiento convencional de esta fobia, la elección de Mumenthaler se distancia de una tradición cinematográfica que ha convertido las patologías mentales en un espectáculo visual, para regodeo de la dirección de arte, la dirección de actores o la escenografía: distorsiones ópticas, bandas sonoras estridentes, actuaciones desbordadas o montajes frenéticos. Aquí no hay nada de eso. En Las corrientes, la perturbación nunca se traduce en un dispositivo de sobresalto. La fobia permanece contenida en pequeños gestos, planos muy sugerentes como aquellos que abordan al personaje de espaldas en planos cerrados de su larga y ondulada cabellera, en algunas rutinas alteradas (como darse baños “secos”), o silencios y vacilaciones que nos incitan a leer los indicios antes que acontecimientos.

Mumenthaler convierte esta depuración formal en un recurso por momentos figural (como el inicio previo a la decisión del personaje, marcado por un estilo austeroy simbólico), donde el trauma asoma como una condición que reorganiza los vínculos del personaje con los objetos, los recorridos y los otros personajes, sobre todo femeninos: la suegra, la asistente, la hija misma. Por ello, se destaca este tratamiento donde la directora renuncia a la puesta de una psicología ilustrativa para privilegiar una observación precisa de la conducta de Lina, bajo un estilo y abordaje que aparecen también en sus dos films previos Abrir puertas y ventanas (2011) o La idea de un lago (2016).

El acercamiento por traducir esta fobia y malestar interior del personaje en escenas concretas (desde primeros planos sobre todo o tomas de seguimiento en pasadizos, calles u otros espacios), no limita que haya otros pasajes o secuencias que exploran la capacidad de ensoñación de Lina; y quizás allí aparecen algunos altibajos (como la escena en que la asistente decide saltar por una ventana). También hay otra secuencia irregular, ante un faro, donde el pesimismo de Lina es comparado con momentos que viven otros personajes femeninos en ese mismo instante: una empleada que es asistida tras bajar de un bus, la asistente que está en su departamento feliz con su enamorado, o una amiga mayor a la que viste toma el té en su casa junto a su marido. Si bien este montaje simultáneo luce como un respiro poético, las acciones que lo permiten lucen arbitrarias. También la necesidad de agregar algunos componentes de índole social, como cuando Lina se imagina como vendedora en una tienda de alta costura, que extraen al espectador de una historia sostenida en el ámbito cerrado de la interioridad o subjetividad de la protagonista.

Más allá de estas pequeñas licencias o ampliaciones del universo compuesto, Las corrientes, que se presenta en la competencia latinoamerica de ficción del Festival de Lima, es una obra que en su depuración del gesto, el encuadre y el trabajo del tiempo elabora un relato logrado de la fragilidad psicológica del personaje, donde el fuera de campo emocional (enmarcado también en otra problemática femenina) termina siendo mucho más inquietante que cualquier exhibición de patología alguna.

Competencia de ficción
Dirección y guion: Milagros Mumenthaler
Fotografía: Gabriel Sandru
Edición: Gion-Reto Killias
Sonido: Carlos Ibañez, Federico Esquerro, Denis Séchuad
Producción: Alina Film, Ruda Cine
Intérpretes: Isabel AIme Gonzales-Sola, Esteban Bigliardi, Claudia Sánchez, Ernestina Gatti, Jazmin Carballo, Sara Bessio