IMAGES FESTIVAL 2020: LOS CORTOS DE JULIA FEYRER

This entry was posted on April 20th, 2020

Por Mónica Delgado

La 33° edición del Images Festival, que se coordina desde Toronto, y que se viene transmitiendo vía online en estos días, tiene una atmósfera especial. No solo debido a los días de incertidumbre por la emergencia sanitaria mundial y al aislamiento social, sino porque se ha vuelto en una suerte de experimento (o validación) de cómo se aborda el tema de recepción (asistencia) de un festival en este contexto. Por ahora, el streaming, que mantiene en la mayoría de sus transmisiones (funciones) a más de un centenar de espectadores, y los Q&A al final de cada programa, han ayudado a contribuir con el propósito de todo encuentro de cine de este tipo: mantener el diálogo y dar luces sobre los diversos tópicos abordados.

Este año se incluyó un foco dedicado a los cortos de Julia Feyrer, artista interdisciplinaria canadiense, nacida en 1982, con una maestría en Media arts en el instituto Emily Carr de Arte y Diseño, en Vancouver. Y si echamos un vistazo a su carrera, podemos afirmar que sus inicios fueron incursiones en el analógico y la videoinstalación, para luego virar con más seguridad hacia las esculturas con material de todo tipo y la instalación.

Hay una relación intrísenca entre lo que Julia Feyrer deja a la observación en sus cortos experimentales y sus trabajos de instalación y escultura. No solo se trata de adaptar a la imagen en movimiento una serie de propuestas planteadas para un espacio determinado, sino que la artista agrega una cuota de ludismo, por momentos con un toque sutil y naive, pero que revela la diversidad de recursos con la que ella toma la cámara y nos introduce en esta forma especial de ver y amoldar el mundo. Es decir, el trabajo de Feyrer ejemplifica conceptualizaciones sobre la relación entre cine y escultura, y lo hace de un modo que tiene marca propia.

Si existe algún motivo en la obra cinemática de Feyrer, este se liga totalmente al ámbito de lo cotidiano, y a sus desechos o deterioros, pero totalmente vitales, transformados, reciclados o reanimados, de la mano de una lógica plena de humor o ironía. Por ejemplo, en The Composition Kids (2008), y que realizó junto a Pietro Sammarco, ambos exploran el formato analógico como parte de una instalación más amplia, y donde esta pieza se une a este engranaje desde objetos extraídos de algún basural. Pero, no solo se trata de montar algo nuevo desde este “detrito” (materiales que la pareja de artistas fue recogiendo a lo largo de un viaje) sino que también son objetos montados en un descampado o ruinas en Sicilia, y registrados a modo de planos donde seres humanos que apenas se ven brindan movimiento de modo juguetón. Y donde lo sonoro, voces, instrumentos y ruidos, permite ampliar la cuota de humor.

En Irregular Time Signatures (2011), se percibe que Julia Feyfer ya afianza un corpus, o un interés en seguir trabajando este mundo de lo cotidiano desde el desperdicio u objetos en desuso, pero esta vez emsamblando diversos patrones numéricos, a modo de extrañas naturalezas muertas de cachivaches, en desvanes donde se suele abandonar muebles y objetos. Números, rompecabezas o collages gigantes en buhardillas, que van mostrando un juego de posibilidades, también en el tono satírico que caracteriza a sus obras, dentro de los confines del arte “reciclado”, pero si ese tono pro ecológico que cae en lugares comunes. Y con este trabajo podemos identificar una vez más, el microsistema que Feyfer propone: objetos en desuso pero en contextos que lo posibilitan o lo acompañan, unas ruinas, como en The Composition Kids o un desván, aquí (y que también veremos en Dailies, su siguiente corto).

Tres años más tarde, Feyrer dirige Dailies (2014), donde una serie de esculturas de relojes de pared rotos o descompuestos, que ella misma realizó  (“Sublimation Clock”, “Litmus Clock”, “Writer’s Block”, “Atomizer” y “The Crypt”), es reunida y montada en esta propuesta sobre la manipulación o “control” del sentido del tiempo. Cada uno de estos relojes rotos e inservibles tiene una particularidad y una materialidad especial, y que la artista registra en 16mm. La frase Who cares? (¿A quién le importa?) aparece en varios momentos, sobre los relojes, para enfatizar que si se detiene este curso natural de los minutos y horas, no es demasiado problemático. De esta manera, la artista plantea un posible desinterés usual y cotidiano cuando un reloj se detiene, pero de un modo burlón.

A diferencia de otros artistas contemporáneos, que buscan sublimar los objetos que recogen de los basurales y les dan nueva vida, a Feyrer le interesar crear un universo libre esta ensoñación. Más bien percibimos relacionar esta recuperación con una normalidad, con los síntomas de lo cotidiniano, donde todos los que nos rodea ya ha pasado por un periodo de reutilización y reciclaje irreconocible, donde se vuelven naturales. De allí, que nos queden las imágenes de los relojes rotos pegados en árboles o yendo a correr en un travelling a la manera del steadycam. El tiempo roto que transita de todas formas.

Ese mismo año, Julia Feyrer junto a la artista Derya Akay, dirigen Sculpture Garden (2014), que registra escenas de piezas diversas de floristería en deterioro, como parte de un paisaje doméstico de olvido o desinterés. Estas esculturas de jardín como evidencia del detrito, también lo es del amago del mundo natural dentro de los hogares. Mientras que en Escape Scenes, Feyrer coloca en un auto una miniatura que es paseada por diversos lugares de una ciudad, y que se va destruyendo poco a poco debido a los movimientos del viaje. Traslada estas mini esculturas de objetos caseros a un nuevo contexto, móvil, que destruye y reordena, como parte de su propia naturaleza.

El programa cerró con New Pedestrians (2018), un ensayo sobre la observación, a través de travellings, de los estilos de andar de paseantes o caminantes, pero para probar un modelo de fusión, entre humanos y objetos (también en la onda de los trabajos previos de Feyrer). Estos nuevos humanos, que caminan con partes de objetos en sus pies y piernas, como reglas de madera o tijeras, van mostrando esta rearticulación, o quizás la radiografía de un tipo de simbiosis que creíamos oculta.

Este es el trabajo, junto con The Composition Kids, que muestra esta articulación, o trabajo en equipo, entre humanos y objetos, y que dentro del programa, como inicio y fin, propone un visionado del trabajo de Feyrer como un círculo, donde la artista mantiene a lo largo del tiempo sus intereses y motivaciones en torno a la relación estable de cine y escultura.