LIMA ALTERNA 2020.VISTA CONTEMPLATIVA DE DERIVAS NOCTURNAS EN LA CIUDAD: GHOST TROPIC Y LA DEUDA

This entry was posted on September 25th, 2020

Por Alonso Castro

En esta primera edición de Lima Alterna Festival Internacional de Cine se han programado películas de varias temáticas, propuestas estéticas y narrativas de diversas latitudes del mundo, llegando a abarcar países cuyas cinematografías pueden resultar, incluso, desconocidas como el caso de Chipre, Lesotho o Letonia, por ejemplo. De hecho, el mar casi inconmensurable de películas puede llegar a frustrar a cualquier persona cinéfila que pretenda ver lo más que pueda de la programación de este festival, aunque es un consuelo tener la certeza que muy probablemente se tope con algún filme estimulante.

En este texto me centro en dos películas que comparten una de las temáticas que tiene un sitio privilegiado dentro de toda la programación de Lima Alterna: la idea de deambular por espacios urbanos. El tema del andar errante o premeditado de algunos personajes de estas películas no solo se representa como un trayecto inequívoco y unidireccional, sino que más bien esos viajes, incluso los que duran solo una noche, hacen que las historias oscilen de lo onírico-etéreo a lo tangible-real, de lo contemplativo a lo pragmático.

En Ghost Tropic de Bas Devos (2019), de la sección de Competencia Internacional, y en La deuda de Gustavo Fontán (2019), de la sección Insignias, se puede observar cómo las travesías nocturnas de sus protagonistas implican una puesta en escena que las moviliza por espacios propios de la clase trabajadora de Bruselas y del sur de Buenos Aires. Por un lado, en Ghost Tropic, Bas Devos nos narra el recorrido a pie de Khadija hacia su casa, quien es una mujer de mediana edad que trabaja realizando servicios de limpieza para una empresa, luego de quedarse dormida en el bus en el que se transportaba para llegar a su hogar después de terminar su jornada de trabajo. Por otro lado, Gustavo Fontán en La deuda nos presenta la peripecia de Mónica, una mujer de clase media, aparentemente en problemas económicos, que trata de conseguir el dinero de un cliente de la oficina donde trabaja,  y que ella dispuso sin autorización de nadie para luego ser descubierta por un compañero, a quien le promete que devolverá todo lo usado para la mañana siguiente.

Las dos películas son claramente distintas no solo por su país de origen de producción -la primera de Bélgica y la segunda de Argentina, sino por las motivaciones que dan sentido a sus tramas. Sin embargo, en ambas, la idea de la movilidad espacial en el espacio urbano adquiere una dimensión onírica, la cual hace que la lectura de cada una de ellas vaya más allá del conflicto que les da sentido a sus argumentos narrativos.

El tratamiento audiovisual de ambas películas se caracteriza por adquirir un registro sobrio, mesurado, casi discreto, a través del cual se genera una mirada contemplativa de lo representado. Ello permite atender con reflexividad cómo se construyen los recorridos y las interacciones que suponen estos entre las protagonistas de las historias y sus entornos y otros personajes que van surgiendo para darle continuidad a la historia. Y, a pesar de que las historias avancen, el ritmo de lo cotidiano se impone, haciendo que lo narrado adquiera un ritmo lento. Con ello, se da pie a que, como espectadores, nos enfoquemos en los gestos, en el detalle de la construcción de la vida cotidiana de ambos personajes.

Las historias son simples, pero esa propuesta de puesta en escena hace que lo narrativo se refuerce con creces a partir de la estética audiovisual contemplativa, la que adquiere mucha significancia al retratar esos recorridos en la noche. La noche denota la soledad, sobre todo a partir del tránsito por no-lugares desolados, pero también remite a lo onírico. En Ghost Tropic, en una escena de viaje dentro de un auto, Devos se da la licencia de jugar con la distorsión de las luces reflejadas en el parabrisas, creando una animación con los círculos de colores en movimientos lentos e hipnotizantes. Algo semejante puede apreciarse en La deuda por ciertos momentos, donde pesa la letanía y el cansancio de la protagonista, de lo cual se desprende una sensación de adormecimiento hacia el final de la película.

La noche se vuelve el escenario predominante, periodo a través del cual se perfilarán las personalidades de cada protagonista para ambas películas. De esa manera, ese deambular marca la pauta de cómo nuestras protagonistas se van a relacionar con los espacios y otros personajes. Mónica, en La deuda, nos remite a la figura de individualismo radical que actúa en función de una racionalidad de “costo-beneficio”, que la lleva a actuar interesadamente para lograr juntar el monto de dinero que debe devolver. En contraste, a Khadija se representa como alguien más bien susceptible ante los otros y sus aflicciones, dispuesta incluso a colaborar con esas otras personas mostrándose más empática y, por eso, produciendo más simpatía a los espectadores.

Ambas películas resuelven con eficacia la resolución de los viajes emprendidos por sus protagonistas. Tanto en La deuda como en Ghost Tropic acaban con el alba, remitiendo a la idea de que no hay mayor sorpresa que develar y el día empieza de nuevo y, por lo tanto, la vida retoma su cauce. Fontán y Devos dan cuenta cómo el cine todavía puede contar historias simples, cotidianas, y producir ese encantamiento a partir de lo contemplativo, del silencio en las calles (sobre todo, cuando las ciudades “duermen” durante las noches), del movimiento de cuerpos en esos espacios solitarios urbanos.

La deuda
Dirección: Gustavo Fontán
Guion: Gustavo Fontán, Gloria Peirano
Producción: Lita StanticPedro AlmodóvarAgustín AlmodóvarEsther GarcíaSilvana di Francesco
Fotografía: Diego Poleri
Montaje: Mario Bocchicchio
Sonido y música: Abel Tortorelli
Interpretación: Belén Blanco, Marcelo Subiotto, Leonor Manso, Edgardo Castro, Walter Jakob, Andrea Garrote, Pablo Seijo
Argentina-España, 2019

Ghost Tropic
Dirección y guión: Bas Devos
Reparto: Saadia Bentaieb, Maaike Neuville, Willy Thomas
Fotografía: Grimm Vandekerckhove
Montaje:Dieter Diependaele
Escenografía: Jonathan Van Essche, Quinten Van Essche
Música: Brecht Ameel
Productor ejecutivo: Marc Goyens, Tomas Leyers, Benoit Roland, Nabil Ben Yadir
Bélgica, 2019, 85 min