
Por Mónica Delgado
Es posible convertir la materia de una creepypasta en una gema. Este proceso de transformación de una información sensacionalista que pulula en Internet, con ribetes de fantasía paranormal, a una obra sobre la sugestión de un proceso académico de investigación es simplemente fascinante. Lo que logra el dueto formado por Kevin Walker y Jack Auen en la dirección de Chronovisor (EEUU, 2026), su debut en el largometraje, no solo es un gesto de amor a una faceta vintage de aquellos investigadores de una época previa a la presencia de Scopus, Web of Science o la inteligencia artifical y a todo ese infierno que ha convertido el aporte científico en una mercancía, sino que también es una “formalización” de los relatos fantásticos populares que proliferaron como noticias en la prensa escabrosa de hechos paranormales de hace algunas décadas atrás.
Chronovisor sigue, a través de una serie de planos mesurados, el trabajo minucioso de una docente académica francesa en Nueva York, quien profundiza sobre el caso de Marcello Pellegrino Ernett, un sacerdote italiano fallecido en 1994, quien fuera inventor de un aparato tipo televisor en los años setenta que lograba captar imágenes en movimiento de diversos sucesos del pasado, entre ellos la misma crucifixión de Cristo. La investigadora, quien estudia aspectos vinculados a la filosofía y a la memoria desde la neurociencia, se ve inmersa en un proceso de abstracción, propios de los estados de curiosidad, que la llevan por viejas bibliotecas y hemerotecas, que además son filmadas desde un estupendo 16mm (a cargo de Leo Zhang), que recuerda la estética oscura de algunos films de horror de los años setenta. La profesora va resolviendo con suma dedicación una serie de pistas desde la revisión de archivos: libros de científicos y monjes amigos cercanos de Pellegrino Ernett, así como de revistas y periódicos de la época, como si se tratara del reverso de una película detectivesca. También desde su rigurosidad académica en la búsqueda de fuentes y revisión de archivos, las acciones del personaje proponen un ruptura de la barrera entre lo que es científico y aquello que no lo es, logrando que como espectadores tomemos como seria la necesidad de encontrar este aparato, el cronovisor, como si fuera uno de los grandes experimentos perdidos en la historia de la humanidad.
Gracias a una espléndida puesta en escena, basada en la preeminencia en cada plano de la actriz Anne Laure Sellier, como Béatrice Courte, y a un entorno que nos saca del siglo XXI (pese a que en algunos momentos hay teléfonos celulares), Chronovisor es una obra sobre el anacronismo, la añoranza de lo analógico (vemos VHS, caseteras, cintas de audio, reproductores de videos) y las formas de resguardo de la memoria, con toda la carga figurativa que implica. El personaje de Béatrice Courte investiga pero proyecta algo más: la urgencia de creer, y de convertir la duda investigativa en una verdad.
Las intenciones de los realizadores van más allá de plasmar la simple búsqueda de un antiguo aparato, puesto que la puesta en escena, minimalista, hace que los espectadores concentren su atención -en la mayoría de planos- en fragmentos de páginas o párrafos de libros. Por ello, puede decirse que Chronovisor es también una obra sobre la fascinación libresca, por la vieja práctica de la lectura en una sala, solo alumbrados por una pequeña lámpara y rodeados de necesario silencio. Por momentos pareciera que ya no importa lo que autores afirmen sobre lo que pasó con el cronovisor, sino que prima un aspecto más sensible, con relación a las tipografías, el color de las páginas y sus texturas.
Si bien la trama del film está basada en supuestos hechos reales y en toda la imaginería religiosa, científica y paracientífica alrededor de esta máquina inventada por Pellegrino Ernett (oculta por el Vaticano porque “hay cosas que el ser humano no debería ver”), la apuesta de Kevin Walker y Jack Auen está en aislar este relato propio de las revistas clásicas sobre hechos paranormales depredadas luego por el Internet y sus páginas de conspiraciones en una oportunidad para construir un tiempo presente anclado en un tipo de pasado, donde lo que hoy es creepypasta en redes (relato de ficción de terror en serio) aquí en Chronovisor es materia sensible para la indagación refinada de una académica de alguna universidad prestigiosa. Las revistas famosas como Más Allá, que practicaban un periodismo de divulgación sensacionalista y especulativa, centrado en temas científicos, pseudocientíficos y paranormales, es fuente de valor para una mirada acuciosa. Esta mezcla de información real con hipótesis no verificadas, relatos extraordinarios y teorías conspirativas, son presentadas por los cineastas con un tono de autoridad científica. Y en eso radica el valor de este film demasiado particular, que convierte una ficción llena de alusiones a tecnología imposible y vacía (techno-babble) en una metáfora de la morfología de la memoria. ¿Es posible que alguna persona sea capaz de rememorar sucesos vividos por otros? Y si fuera el caso, ¿cómo aparece esta memoria desde el cronovisor? ¿Cuál es su forma? Y aquí entra un componente capital en el film, donde los espectadores no podrán evitar relacionarlo con los alucinados vinculos entre cuerpo, mente y tecnología de obras como Videodrome, Strange Days, Ringu, Noroi: The Curse o incluso Caché de Haneke.
Chronovisor es una de las películas cuyas entradas se agotaron rápidamente en esta edición del festival de Rotterdam; no es para menos al titularse igual que uno de los aparatos que poblara noticias de medios amarillistas de diversas partes del mundo (y cuya fama aún se extiende por redes sociales). Estrenada en la sección Bright Future, esta notable película estadounidense plantea un afortunado encuentro con una memorabilia cinéfila (por ejemplo, hay una fabulosa mención a The lady vanishes, el gran film de Hitchcock) y libresca, a partir de la extensión de los mecanismos narrativos del fantástico clásico (la ambigüedad entre lo real y lo sobrenatural o la producción de inquietud) resignificada desde la mirada de esta académica incansable. Una memoria que se configura como imagen espectral: fragmentaria, ambigua, más cercana a una alucinación que a un documento, y por ello imposible de archivar y resguardar.
Bright Future
Chronovisor
Directores: Kevin Walker, Jack Auen
Productor: Jason Zuriff
Guion: Kevin Walker, Jack Auen
Fotógrafo: Leo Zhang
Edición: Kevin Walker, Jack Auen
Diseño de producción: Alex Peña
Diseño sonoro: Eric Zhang
Música: Gustav Holst
EEUU, 2026, 99 min