
Por Mónica Delgado
Moonglow de la cineasta filipina, radicada en EEUU, Isabel Sandoval fue uno de los films más delicados y maravillosos de la edición 55º del Festival de Rotterdam. No hay nuevo en su trama ni desarrollo de personajes, es más hay reminiscencias a viejas películas del cine negro y también a algunos melodramas de amor imposible. Sin embargo, pese a ese halo de repetición, fue un acontecimiento. Se trata de una impecable pieza de cine negro y melodrama solo logrado desde un abierto amor al cine. En la presentación del film, la cineasta sostuvo que el film surgía de su fascinación por la obra de Jean-Pierre Melville (por ese universo de ambivalencias entre la criminalidad y la moralidad), y de los tratamientos visuales de Douglas Sirk, que recupera en una nostálgica historia de amor.
En este film, Sandoval no solo dirige, sino que se encarga del guion, la edición y de la actuación protagónica (papel que también ha desarrollado en sus propios trabajos previos). Ella también ha sido reconocida como una importante cineasta transgénero, aunque su identidad aparezca en la puesta en escena de Moonglow alejada de alguna intención queer (su personaje no es trans), ya que es una obra sobre el reenamoramiento desde los códigos necesarios del género, con inevitables ecos a los amores frustrados del cine de Wong Kai-wai, a diferencia de otros trabajos como Señorita (2011) o Lingua franca donde sí interpreta a una mujer trans. Por otro lado, su trabajo se distribuye vía Netflix o Hulu, como el film Lingua Franca (2019) o el capítulo que dirigió para la miniserie Under The Banner of Heaven (de David Mackenzie), demostrando su inserción dentro de un sistema más amplio dentro de la producción independiente en EEUU.
La historia de Moonglow es sencilla: una policía en retiro es convocada por el jefe de una unidad policial para indagar a partir de unas sospechas sobre el papel de algunos guardias en actos de corrupción. Forma un equipo con otro agente retirado (el actor y político nacionalista Arjo Atayde), un abogado que ha venido de EEUU debido a los cuidados que debe brindar a un padre enfermo. Así que la película de Sandoval parte de dos líneas: la incorporación de esta ruta de detectives en un caso de corrupción y el reencuentro entre estos dos viejos amantes que poco a poco dejan de tratarse como desconocidos. Como mencioné, de por sí la trama no es nada nueva: hay decenas de films sobre parejas policiales en tensión o sobre vueltas de tuerca en torno a las investigaciones (en este caso desde el contexto de corrupción de las autoridades locales filipinas).
La particularidad de Moonglow -como dice el título- está en su tratamiento, de la mano de un logrado trabajo fotográfico a manos del cineasta estadounidense Isaac Banks (usual colaborador de Sandoval), que crea una relación de los personajes con sus espacios, sobre todo desde la mirada del personaje de Sandoval, que no puede deshacerse del pasado amoroso, más aún ahora revivido con la presencia del muy atractivo Arjo Atayde, en tonalidades a lo In the mood for love (2000), aunque sin ralentis afectados o sublimación demasiado romántica.
No podemos obviar un detalle importante, es una película ambientada en los años setenta, y también allí la fotografía logra construir un contexto particular, libre de ideas impuestas de lo que debería ser esa época. Juegan un rol las escenas nocturnas por barrios solitarios, dentro de las habitaciones donde el teléfono ejerce una función de testigo único, o en las rememoraciones de fiestas asociadas al enamoramiento. Funciona muy bien como un romántico neo-noir, con evocaciones a films admirados sin pretensiones ni adornos.
Sección Big screen competition
Directora: Isabel Sandoval
Productor: Alemberg Ang
Guion: Isabel Sandoval
Fotografía: Isaac Banks
Edición: Isabel Sandoval, Daniel Garber
Diseño de producción: Remton Siega Zuasola
Diseño sonoro: Tu Duu-Chih
Música: Keegan DeWitt
Filipinas, Taiwan, Japón, 2026, 108 min