ROTTERDAM 2026: SOBRE UN CORTO DE BLAKE WILLIAMS Y EL 3D

ROTTERDAM 2026: SOBRE UN CORTO DE BLAKE WILLIAMS Y EL 3D

Por Mónica Delgado

En la edición del Festival de Rotterdam 2026, al menos hubo dos experiencias que exigían el uso de los lentes 3D. La primera, resuelta en el ámbito de la experimentación, y la otra, en su lugar usualmente natural, el del puro entretenimiento tras su resurgimiento en los años sesenta: FELT (EEUU, 2025) de Blake Williams y The devil and the beauty (Corea del Sur, 1969) de Lee Yong-min. Ya el año pasado el festival incluyó todo un programa en técnica de 3D estereoscópico, bajo la curaduría de Williams, denominado Cinema of the Spectacles, con trabajos experimentales, algunos emblemáticos y únicos, de Hy Hirsh, Paul Sharits, Ken Jacobs, Takashi Ito, Kerry Laitala, Jeff Scher y Jodie Mack. Así que este año, la presencia de un cortometraje y un largo sintonizan con la variedad del festival.

Blake Williams es un apasionado de la investigación en el uso de la técnica, y prueba de ello son sus propias obras, como  Laberint Sequences (2023), 2008 (2019), PROTOTYPE (2017) o Something Horizontal (2015) que han revelado diversas posibilidades de este efecto óptico. El uso del 3D en sus películas no persiguen evidentemente los clásicos fines de entretenimiento; al contrario, son una exploración perceptiva y analítica del espacio, que puede entenderse como una herramienta epistemológica, puesto que busca activar una forma distinta de mirar y comprender el territorio, como pasa en FELT, presentada dentro de un programa de cortometrajes.

En este trabajo, diversos paisajes de Estados Unidos dejan de ser meras superficies bidimensionales para habilitar una lectura del espacio más cercana a la experiencia física de estar allí, pero sin recurrir a la narrativa clásica del viaje (pese a que se le puede llamar una road movie particular). Así el 3D introduce una tensión interesante entre objetividad y experiencia sensorial. Por un lado, ofrece una representación más “fiel” del espacio; y por otro, enfatiza la mediación tecnológica. El efecto 3D no necesita intervenirnos con sus particulares “jumpscare”, sino que aquí busca que este espacio sea aún más tangible desde una sala de cine. ¿Qué valor tiene la montaña desde esta materialidad dentro de una proyección? ¿Qué pasa si solo esta nueva materialidad invita a la simple observación? Para Willians el 3D suspende el viaje para intensificar la presencia. Así, se genera una tensión entre la ilusión de la objetividad espacial (percibida como más real) y la conciencia del artificio.

En un polo opuesto está la copia restaurada de The devil and the beauty de Lee Yong-min, una de las primeras películas surcoreanas en realizarse bajo esta técnica. Presentada en la sección Cinema Regained, se trata de un film de terror y ciencia ficción (con bastante humor involuntario, más aún debido al pasado del tiempo que hace que los efectos especiales envejezcan), que trata la historia de una venganza contra un médico amoral quien busca revivir a su esposa a través de extravagantes experimentos humanos.

Como era usual ante la expectativa de los espectadores, el uso del 3D en esta película está condicionado a lograr un efecto violento, como en las escenas en que uno de los personajes golpea con un tronco de madera directamente a la pantalla. Pero más allá de situaciones similares a lo largo de la película, Lee Yong-min agrega otro tipo de condimentos aprovechados por el efecto estereoscópico: ramos de flores en primeros planos, o acercamientos acrobáticos de los personajes hacia la posición del espectador. Si bien no hay una intención de sacarle el jugo al espacio, más aún porque se trataba de rodajes en estudios o set (en este caso recreaban un hospital alejado), sí se incluyen diversos elementos para “atacar” al público desde sus asientos. Pese a sus altibajos técnicos y estéticos, el 3D ha funcionado como laboratorio de experimentación perceptiva al replantear nociones de espacio, cuerpo y presencia. En este sentido, The Devil and the Beauty permite comprender el lugar histórico del 3D dentro del cine de entretenimiento como un golpe de efecto. El espacio no se expande para ser contemplado como pasa con el trabajo de Williams, sino que se proyecta como un gesto agresivo y lúdico a la vez, pensado para sorprender, ya sea dentro del horror o la comedia. El 3D funciona aquí (como otros films de aquellos años como House of Wax) como una confirmación del espectáculo: golpes, objetos y cuerpos arrojados en planos muy cercanos como parte de la naturaleza del dispositivo. Así, el efecto estereoscópico refuerza el cine como un eficaz exceso visual y como una urgencia donde la pantalla se despega, sale e intenta atraparnos.