SOBRE LA PROGRAMACIÓN DE CINE: CONSTELAR EL OFICIO DE LA MIRADA

SOBRE LA PROGRAMACIÓN DE CINE: CONSTELAR EL OFICIO DE LA MIRADA

Constelar aquel, el oficio de la mirada
(un chorro de preguntas sobre programar películas y esas cosas)
Por Valentina Giraldo Sánchez

Pienso (otra vez):
con las palabras
arar la tierra de la imagen
para sembrar una semilla clandestina
de la luz

Hace un tiempo leí en un libro de Susan Buck-Morss una idea que no ha dejado de visitarme y a la que vuelvo con frecuencia últimamente, casi siempre cada vez que intento escribir algo relacionado con el cine. El libro es “Hegel y Haití” y la idea (¿o imagen?) más o menos es la siguiente: durante el tráfico de personas esclavizadas que viajaban desde África hasta América se generaba en los barcos una multitud de diferencias. Diferentes personas de diferentes pueblos que hablaban diferentes lenguas eran vendidas y revendidas varias veces a lo largo del trayecto. Era muy difícil saber el lugar del que cada persona provenía, conocer su trayecto se hacía aún más complejo por la cantidad de veces que la hacían cambiar de barco o país. La manera de saber el territorio de procedencia de las personas era a través de las estrellas. Es decir, conociendo qué constelaciones veía cada una en épocas específicas del año y preguntando por las estrellas que había visto en ese largo cruce trasatlántico, era posible tratar de saber su lugar de origen y trazar el recorrido por el cual había tenido que pasar.

Llevo un largo tumulto de días tratando de pensar el oficio de la programación de cine. Constantemente me devuelvo a la idea de la constelación: las películas son como cuerpos de luz que al juntarse forman una figura. Es decir, programar es algo así como constelar. Un atlas de luz que también nos puede hablar de territorios de origen, trayectorias migrantes y ecos muy antiguos de los mitos. Hay una suerte de imantación planetaria que junta diferentes cuerpos de luz que, como toda constelación, se vuelven cartas para navegar y coordenadas que nos recuerdan dónde estamos ubicadas.

Susan Buck-Morss dice que el encuentro de todas estas personas en los barcos eran maduraderos del internacionalismo proletario.

Cuando pienso en en las películas, las estrellas y el internacionalismo proletario, aparecen muchas cosas

que se riegan
como las palabras de una lengua
una lengua que aprendió a medir,
con el tiempo,
sus propios bordes

Trato de reunir palabras que me ayuden a explorar lo que sea que puede significar esto de programar películas como hacer constelaciones. Programas de cine que son constelaciones, además, desde América Latina. Siguen apareciendo muchas cosas que se riegan más rápido de lo que la lengua alcanza a medir: necropolítica, guerra, censura, dividendos culturales y sociales, andamiaje de privilegios, la ultraderecha en Latinoamérica, Milei, Musk, Bukele, Novoa, Trump. Palestina, Palestina, Palestina.

Trato de mirar al cielo para reconocer mis puntos cardinales. Si los programas de cine funcionan como constelaciones, quizá podamos hablar de esta práctica como un cuerpo que se sabe situado. Se me ocurre quizá la necesidad de mirar arriba para tratar de entender cuáles son esos territorios que están configurando los programas de cine actualmente. En tiempos de corrección política y censura, el aparato discursivo del cine va endureciendo su amalgama, y las grandes corporaciones de la industria del entretenimiento van estableciendo límites. Límites, como por ejemplo, códigos de conducta en festivales de cine.

Miro las estrellas que desde el cielo me miran, y como cada vez me cuesta más escribir, aparece una lista:

1. La caída del cielo

Según la cosmología Yanomami son los chamanes quienes poniendo a bailar a sus espíritus Xapiri mantienen al cielo en su lugar. En otro tiempo el cielo colapsó sobre el mundo y entonces nació la tierra que conocemos ahora. Los chamanes mueren (muchos son asesinados) y cada vez son menos los Xapiri que bailan para sostener al cielo. La selva se llena de minería ilegal y la crisis ecosocial acelera esta posible caída del techo del mundo, este colapso de la tierra que conocemos.

Las estrellas han representado, en muchas ocasiones, el origen mitológico de los pueblos. Las formas que congregan los puntos de luz en el cielo nos han hablado de ese complejo origen del mundo. El cielo y sus-puntos-en-común han sido las coordenadas de las historias fundacionales. Miro al cielo (ese que cada vez tiene menos Xapiri bailando) y veo pasar aviones. Veo fotos de la hilera de satélites de Starlink de Elon Musk que se alcanzan a ver en el cielo sobre Madrid. Veo el video de un cohete fi nanciado por Jeff Bezos en un viaje turístico al espacio exterior. Miro al cielo y ya no solo veo estrellas. Las constelaciones son interrumpidas (¿o atravesadas? la verdad no sé qué verbo usar) por la aterradora carrera del progreso.

Si me perdiera y mirara al cielo, ¿cómo podría recordar ahora el lugar del que provienen mis palabras?

¿Cuáles serán los mitos de origen de los futuros por venir con un cielo tan iluminado por máquinas? ¿Qué sucedería si reclamamos, desde el corazón de nuestros ojos quemados por la luz, el derecho a un cielo oscuro (1)?

Quiero volver a las películas: ¿cuáles son las constelaciones que nos están dando coordenadas de movimiento? Trato de pensar rápidamente: competencias de festivales de cine, cineclubes, premios de la academia, clases en escuelas de cine, plataformas de streaming… El mundo pareciera estar tan lleno de imágenes que simplemente creo mis ojos no alcanzan.

Vuelvo a mirar al cielo: ¿cuáles serán las estrellas que se miran desde otros sures?

Vuelvo al cine: Cuando en un programa de películas se congregan diferentes territorios se pueden establecer cosas tan fascinantes como los diálogos sur-sur que entre las imágenes existen (quiero tratar de pensar que estos también pueden ser maduraderos de un internacionalismo proletario).

El cine produce discurso y a la par, produce hegemonía. Las preguntas no dejan de aparecer, ¿cómo se conjuga todo esto cuando se trabaja haciendo constelaciones de películas desde un territorio ubicado en el sur? ¿qué discursos aparecen y cuales otros se ocultan? Las películas me han enseñado a moverme en la entera oscuridad del mundo: miro al cielo y algunas de ellas me recuerdan el lugar en el que nacen mis preguntas.

¿Existirán constelaciones de películas que nos ayuden a sostener al cielo para que este no se nos caiga encima? Lo que pareciera cierto es que en estos tiempos las películas no nos defienden (2): detenciones policiales, películas expulsadas de festivales, problemas legales por decir en público en un festival de cine “desde el río hasta el mar”, gestores culturales que son despedidos de sus trabajos y perfi lamiento por parte de diferentes instituciones.

2. El amor siempre evoca una tercera cosa (3)

Algunas notas cursis de mi diario:
(del diario de abril de 2024) Una sábana se usó como una pantalla de cine Ambas siempre han sido las superfi cies de los sueños Aquello que arropa el dormir de repente proyectó imágenes Todo Dulcemente Se volvió un destello prolongado Una vida temblando de ternura.
La película, como el amor, siempre evoca una tercera cosa: sueño

(del diario de abril de 2025)
A medida que más pasa el tiempo
y más veo películas
más estoy convencida de que no es una
la que encuentra a las películas
sino que son las películas las que la encuentran a una.
Por eso el cine inmensamente conmueve
y profundamente hiere.

La película, como el amor, siempre evoca una tercera cosa: herida

(del diario de marzo de 2025)
Me gusta ir a las salas de cine
para que mi cuerpo
pueda ser partícipe del recuerdo de la luz.
La película, como el amor, siempre evoca una tercera cosa: materia

(del diario de febrero de 2022)
El cine es una expresión de deseo
La película, como el amor, siempre evoca una tercera cosa: poder

(Del diario de diciembre de 2023)

Sentirse de pronto amigada con una totumada de gente que no conoces pero a la vez sí, porque sus películas pasaron por tu ojo, terminaste soñando con ellas y a la vez, te prestaron un gesto que te permitió conocer el mundo de otra forma. A veces me pregunto si cuando la gente hace películas sabe que está haciendo mapas gestuales que, muchas veces, le ayudan a una a orientarse en ciudades desconocidas.
La película, como el amor, siempre evoca una tercera cosa: ternura

(una idea de hoy) las películas son una experiencia migrante
La película, como el amor, siempre evoca una tercera cosa: tránsito

Pero lo que pasa es que estoy agotada de ver. Pienso en la necesidad de buscar un lugar en el que la luz no nos hiera como nos hiere en esos grandes escenarios, vitrinas del mundo, comercios de la mirada.
Quisiera pensar que la tercera cosa que evoca la película cuando es constelada (como el amor) es la comunidad.

3. La mecamística de las imágenes obreras

Azul Aizenberg escribe (4): “Se dice que la primera proyección del cinematógrafo de los hermanos Lumiére fue en la Sociedad Francesa de Fomento de la Industria Nacional, destinada a los hombres de ciencia y dueños de fábricas. Tan solo unos días atrás, los hermanos habían filmado a un conjunto de obreros y obreras saliendo de la fábrica de su padre. Titularon al experimento “Salida de los obreros de la fábrica Lumiére en Lyon”. En un mismo gesto, los dueños del cinematógrafo le revelaban a sus aliados la potencia de una máquina capaz de capturar el tiempo, y daban a ver la imagen de hombres y mujeres cuyo tiempo ya les pertenecía. Fundaban así, una genealogía de las imágenes en movimiento en dónde el pueblo protagoniza escenas que nunca verá y que no le pertenecen. Sin exagerar, se podría aseverar que las cámaras de los capitalistas vampirizan a los proletarios, y en los archivos del mundo duerme la historia de la clase trabajadora, contenida en películas hechas por corporaciones (…)”.
“Mecamística” es una palabra que leí en un texto de José Val del Omar (5).

Dejo acá algunos fragmentos:

– El cine es, por encima de todo, linterna mágica. Linterna mágica que hoy tiende a utilizar la electrónica para teledistribuirse.
– El técnico que vive lo mágico del cine, debe tener conciencia de su importante papel, debe tener conciencia de su responsabilidad.
– El técnico anima y conecta un gran espectáculo de conversión, de sugestión, de encanto y de conquista.
– Yo denuncio como cosa casi inoperante la clasificación del público por sus edades. Para mí todo el público es un gran niño enamorado de lo extraordinario.
– La pura meca-mística es el arma y la fórmula capaz de combatir a los pequeños resortes al servicio de los intereses de bolsillo. Estén seguros de que todo el mundo desea un buen alimento, un cotidiano pan emotivo que le aproveche levantándole.

¿Cómo pensar nuestro trabajo como programadoras-obreras como un modo de acción directa? (volviendo siempre a la misma cita de Gramsci a la que no he dejado de volver hace unos años: la conquista del poder cultural es previa a la del poder político). Nosotras, que trabajamos con imágenes encontradas, con obras ya hechas. Pienso que debemos ser muy estratégicas: la corporativización de la cultura es sutil y con todo esto me pregunto hasta qué punto nuestros radicalismos no están siendo cooptados por la compleja, robusta y sutil maquinaria colonial-capital-patriarcal de la industria del cine.

Quiero sentarme a imaginar que existe un pacto de ternura en este trabajo en el que todo el tiempo buscamos establecer los vasos comunicantes de las obras de otras personas. Un pacto de ternura en el ojo, que observa el trabajo de las manos de la cineasta.

Que deja que la película salga de la pantalla y la invite a una bailar.

¡Qué alegres son las obreras películas! Bailemos con ellas (como cantaba Víctor Jara)

Azul Aizenberg continua:”(…) Aunque guardadas, omitidas, censuradas o incineradas, las imágenes del sueño obrero se levantan cuando no se las espera, sacudiendo las pantallas y las conciencias. Trabajadorxs, campesinxs, migrantes, estudiantes, militantes, guerrillerxs, lúmpenes: todo un batallón subalterno se abre paso en la mesa de montaje de las películas que rescatan y profanan los archivos. Ante la ausencia, la desposesión o las narrativas totalizadoras, se despliegan un sinfín de herramientas y estrategias para el rescate, la producción o la vandalización. Es que en el gesto de la profanación del cine de archivo -llamado popularmente found-footage-, todas las imágenes son dóciles de ser manipuladas para deshacer la maldición de la sociedad de clases. Interrumpir el tiempo de la explotación, convocar a la noche y sus potencias. Como si en el momento en que una imagen es reutilizada fuera de los parámetros de producción que la moldearon, una energía se liberara para subvertir el orden de las cosas permitiéndonos tocar el pasado, alterar el presente y producir otros futuros”.

4. La memoria material de las imágenes

a. El cine está hecho de tierra.

b. El cine como acontecimiento mineral (las cámaras llenas de cuarzo, metales, piedras).

c. El cine es un acontecimiento material resultado de un proceso de extracción que ha mantenido un sistema-mundo violento (pero también es otra cosa).

d. La película como el metal: del centro de la tierra a los grandes mercados internacionales.

e. Los premios de los festivales también están hechos de un metal que se saca de la tierra ¿qué paisajes estaremos desenterrando?

5. La conquista también es mágica

“La conquista mágica América” es el título de un cuento escrito por Jorge Baradit. En este (más o menos voy a tratar de hacer un resumen) explora la idea de que los conquistadores, cuando llegaron a América, no vinieron únicamente por la búsqueda del oro. Los conquistadores eran apenas instrumentos de poderosos cabalistas y magos. En el cuento de Baradit, en 1227 un cabalista en Sevilla descubre la fecha indicada para invadir “el nuevo mundo” que ya había sido rastreado por diferentes médiums. Con varios siglos de anterioridad, la conquista ya estaba siendo planeada por estos místicos quienes habían intervenido en las redes de comunicación de los chamanes de lo que ahora conocemos como América. El meticuloso plan constaba de diferentes hechizos: nombrar un lugar antes de pisar su tierra, construir iglesias sobre los principales centros de reunión espiritual de las comunidades y destruir las lenguas con las que se nombraban a otros dioses.

Más o menos la conquista desde el principio fue mágica.

Con esto varias cosas (una lista dentro de una lista):

1. El poder colonial produce hondas heridas espirituales.
2. Isabelle Stengers y Phillipe Pignarre escriben “La brujería capitalista”. En este libro dicen que el capitalismo funciona como un embrujo. Un sistema de hechizos que ante el fi n del mundo solo presenta alternativas binarias e infernales: mayor productividad, hiperdesarrollo tecnológico, protección de la propiedad privada. Hay pilares muy frágiles y a la vez inmensamente hondos que han permitido a los pueblos resistir al embrujo capital, y esto tiene que ver con sus prácticas mágicas (como los chamanes haciendo bailar sus Xapiri en el cielo).
3. Adorno y Horkheimer escriben: “(…) la ilustración, en el más amplio sentido del pensamiento, ha perseguido desde siempre el objetivo de liberar a los hombres del miedo y constituirlos en señores. Pero la tierra enteramente ilustrada resplandece bajo el signo de una triunfal calamidad. El programa de la ilustración era el desencantamiento del mundo. Pretendía disolver los mitos y derrocar la imaginación mediante la ciencia”

¿cómo reencantar al mundo (6)?

Me quedo pensando en la palabra “reencantar” y se me vienen a la cabeza muchas ideas sobre todas las relaciones mágicas que establece el cine. Todos sus puntos de encuentro con lo onírico. Vuelvo a pensar en este el oficio de constelar películas: en las estrellas como fuente primigenia de los relatos mágicos, en aquellas mitologías que los cielos estrellados del cine nos puedan brindar.

Imagino la cercanía que existe entre la palabra “reencantar” y la palabra “reencontrar”. Vuelvo a la idea del cielo y las estrellas: mirar arriba para reencontrar nuestros puntos cardinales y saber cuales son los pasos que estamos dando, saber también dónde van a terminar.

Lo que pasa es que pasan muchas cosas. Festivales como la Berlinale reunieron este año películas latinoamericanas que perforan grandes relatos oficiales y que juntas, logran más o menos tejer un territorio temporalmente autónomo para caminar en medio de un suelo tan espinoso como lo es el de los festivales de cine hoy en día. Lo que pasa es que también, como son tantas las cosas que pasan, de manera paralela este mismo festival recriminaba el pronunciamiento público de diferentes cineastas que decidieron decir algo sobre la guerra en Palestina. (No sé qué más escribir porque la idea de camiones de policía afuera de las salas de cine solo me genera preguntas tristes). Pero más o menos lo que estoy tratando de preguntar (si es que logra tener forma de pregunta), es cómo esos escenarios que representan plataformas para las películas y las cineastas se están volviendo (¿o hace mucho que ya pasó?) espacios que puedan desactivar la potencia política de estos-los-cines-del-sur.

¿Cómo los grandes espacios de la industria cultural se transforman en un motor reproductor de dictaduras? ¿O mecanismos de validación de gobiernos de derecha?

(soy un poco ingenua y torpe.
Pero sospecho que igual, esos escenarios del poder
no alcanzan a imaginar
la magia secreta
de muchas películas que se hacen acá)

Pensando en interponerse al hacer constelaciones a esa conquista mágica del cine: Un programa de cine puede ser “el constante bautizo de las cosas recién creadas” porque las películas “proyectan una génesis siempre múltiple (7)”.
Hoy rehúso hablar de cualquier estética. La plena vivencia no puede estar sujeta a conceptos filosófi cos. El arte revolucionario debe ser una magia capaz de hechizar al hombre a tal punto que él no soporte más vivir en esta realidad absurda. (Glauber Rocha (8))

6. Será posible el sur

“Será posible el sur” es un poema de Jorge Boccanera.
¿Será posible el sur? Será posible Tanta bala perdida al corazón del pueblo Tanta madre metida en la palabra loca Y toda la memoria en una cárcel
(…)

Una vez más aparece la pregunta que (un poco) condujo a la escritura de este texto: ¿qué podría llegar a significar esto de constelar-el-ofi cio-de-la-mirada desde los sures? Pienso de repente en Gayatri Spivak y Achille Mbembe: que una idea planetaria se sobreescriba sobre una idea globalizadora (9). O, algo más o menos como que nuestras interconexiones audiovisuales, transgredan ese motor que busca anular la compleja amalgama de diferencias estableciendo modos de hacer y modos de ver homogéneos y planos que generan una estetización neutral del mundo. Es también algo-más-o-menos-como que la vasta diversidad de imágenes-territorio no termine perdida en los circuitos de distribución de los principales espacios de exhibición de cine. De pronto tiene que ver con pensar en crear cortocircuitos de re-distribución del cine.
Pienso también en la necesidad de establecer diálogos sur-sur: que nuestras películas no terminen casi siempre estrenándose en esos grandes escenarios del cine en Europa.

¿cómo pensar una programación planetaria en
tiempos de programaciones globalizadoras?
quizá generar los puntos de diálogos
entre territorios que conectan luchas
afectos
imágenes
Una ruta más o menos similar a:
Oriente próximo – Sudeste asiático – África – Latinoamérica
Y quizá no tanto Latinoamérica – Berlín – Cannes
(Son sólo preguntas
al fi nal casi nada me parece claro)

Un recuerdo:
En la Cinemateca de Bogotá durante
el estreno de “Una sombra oscilante” Celeste Rojas,
en conversación con Adriana Bocanegra, dijo:
“La verdadera imaginación política es poder oponerse al horror del mundo”.

El sueño es el único derecho que no se puede prohibir (Glauber Rocha).

Vuelvo a mirar al cielo, a sus puntos de luz generando fi guras: En la cúpula celeste se despliega el sueño de la imagen dormida.
Imagino
¿Cómo se tiñen nuestros sueños hamacados en las imágenes?
cómo esto hiere nuestra sensibilidad o alimenta nuestra esperanza

Fatma Hassouna, periodista palestina y protagonista de una película seleccionada en el festival de Cannes, fue asesinada en un bombardeo en Gaza. Leí en Al Jazeera algo que ella alguna vez dijo: “quiero imágenes que no puedan ser enterradas en el espacio y el tiempo”, ¿cómo encontramos rutas a mundos posibles con las películas que decidimos juntar, ver, doler, escribir? Rutas que no puedan ser enterradas ni en el espacio ni en el tiempo. Rutas que no puedan ser atrapadas por esas grandes corporaciones del cine. Rutas que-hagan-posible-el-sur.

(…)
Mi territorio que una vez gira

En la oscuridad de esa pregunta

De esa pregunta: ¿Será posible el sur? ¿Será posible?

Si se viese al espejo ¿se reconocería?

 

Notas

1 El derecho a los cielos oscuros (libro): https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000246131

2 “Las películas no nos defienden” es algo que dijo Mónica Taboada Tapia en el estreno de la película “Alma del desierto” en el FICCI 64, justo antes de pronunciarse sobre la detención del cineasta palestino Hamdan Ballal por parte del ejército israelí.

3 “El amor siempre evoca una tercera cosa” es algo que me dijeron en El Lugar del Poema en Cartagena, luego de una
presentación de Calicanto y Ana Maria Vahos.

4 Este texto de Azul hizo parte de la sesión que dio en el laboratorio Excavar, esculpir, subvertir del Festival Vórtice y Ojo al Cine en octubre de 2024.

5 El texto: http://www.valdelomar.com/pdf/text_es/text_33.pdf

6 Esta pregunta-idea-conjuro sobre reencantar al mundo con el cine, es de mi amiga Laura Dávila.

7 Esto es de un poema, no recuerdo ni de quién ni de donde (tome la nota a medias).

8 Todas las citas a Glauber Rocha son de su texto “La estètica del sueño”: https://www.cinefagos.net/index.php/documentos/1061-la-estetica-del-sueno.html

9 https://www.noemamag.com/how-to-develop-a-planetary-consciousness/ y https://encartes.mx/pratt-futuridad-milenio-humanidad-saberes-tecnopolitica/