STAN BRAKHAGE: SESENTA AÑOS DE DOG STAR MAN

STAN BRAKHAGE: SESENTA AÑOS DE DOG STAR MAN

Dog Star Man

Por Francisco Rojas

Apenas tres años habían pasado para Stan Brakhage entre la exhibición de Anticipation of the Night y la finalización del Preludio del ciclo Dog Star Man. Sin embargo, su vida era, en cierta forma, completamente diferente a la que llevaba, sobre todo en el aspecto emocional, en comparación a la persona que era cuando terminó su película con un plano de su silueta que se cuelga a misma. En efecto, esa muerte simbólica trajo una transfiguración, una vida nueva: ahora era un hombre casado, con tres hijos, y la obligación y presión de tener un trabajo real se había vuelto una enorme nube sobre su cabeza. Brakhage había sido arrojado (por él mismo) a una vida de familia nuclear tradicional que no sólo decepcionó a conocidos (la idea de ser un paterfamilias parecía algo anti artístico para muchos de sus colegas) sino que, quizás predeciblemente, provocó toda una serie de nuevos conflictos en su mente. El mero hecho de ser un padre biológico ya era un concepto difícil de entender para alguien que había sido adoptado a los 14 meses de vida por una familia. Su madre a su vez también había sido criada por una madrastra. 

En efecto “habrían nuevas crisis para Stan Brakhage”, y la respuesta a menudo estaba en el cine, en su propio arte. El año posterior a Anticipation of the Night (1958), Brakhage había filmado tanto Wedlock House: An Intercourse (1959) como Window Water Baby Moving (1959): la primera, una suerte de confrontación entre él y su esposa Jane, en dónde el sexo termina siendo el verdadero acto unificador entre dos personajes que apenas se entienden, mientras entran y salen en un juego de luces y sombras que recuerda a Orphée de Jean Cocteau. La segunda en mención es una de las obras que probó ser de las más importantes de su carrera, un antes y después del nacimiento de su primera hija, en completa desnudez y corporalidad del acto del parto, exhibiendo toda la lucha física que implica traer otra vida al mundo, terminando con una Jane heroica abrazando al bebé recién nacido, mientras Stan ve con ojos de niño un acto tan hermoso como chocante, al punto que Maya Deren argumentaba que Brakhage estaba cruzando una línea permitiendo a los hombres “ver algo que no deben poder ver”. 

Si esas dos películas comparadas entre sí parecen contradictorias, es quizás porque así era la vida emocional de Stan Brakhage. De cada cada pequeña crisis venía una reconciliación y luego el ciclo se volvía a reiniciar. Y a menudo, las heridas eran, en cierta forma, autoinflingidas. Sirius Remembered, también del año 1959, es una película que a través de la múltiple exposición, trata de traer de vuelta a la vida, o a lo menos, recomponer el cuerpo de un difunto perro mascota de la familia. Sirius no es solamente el nombre de la Estrella Perro, el punto luminoso más brillante en el cielo nocturno visto desde la tierra, también era el perro de Orión, anunciando portentosamente sufrimiento a los seres humanos. La muerte de Sirius tomó lugar al día siguiente en que Brakhage le dió una cachetada luego de lamer inocente a su segundo bebé recién nacido. Un gesto impulsivo gatillado por el miedo (probablemente injustificado en palabras de Brakhage) llevó a Sirius (in)directamente hacia su muerte. Sirius Remembered es una película llena de culpa.

Sirius Remembered (1959)

En el entreacto Stan Brakhage trabajó haciendo películas comerciales, y por películas comerciales, estamos hablando desde anuncios de papel higiénico y suavizantes para ropa hasta documentales por encargo en el que se desembolsaban unos cuantos miles de dólares para que Boris Kaufman trabajara en ellos. Sin embargo, Brakhage nunca dejó de hacer sus películas, y esa fue una de las razones principales por las que él sentía que no estaba atendiendo a su familia como corresponde. Volvieron los deseos de morir, depresión y ahora, ataques de asma. Para alejar o reconciliarse con la idea de ponerle fin a su vida, filmó The Dead (1960) mientras se encontraba presentando una película en Bruselas. En el film Europa es prácticamente un gran cementerio, una forma de representar no sólo la muerte sino también toda la historia humana; y las imágenes sirven de código para transmitir una forma con la que Brakhage parecía no poder seguir comulgando. “Ese cementerio podía representar todas mis visiones de Europa, todas sus preocupaciones con el arte del pasado, todas las formas en que se involucra con los símbolos”. Hay una aparición de Kenneth Anger, quien en aquél entonces, no podía hacer sus películas y en palabras de Brakhage, se encontraba atrapado. The Dead no sólo le sirvió a Brakhage como una forma de cerrar otra crisis, sino también de ver a su amigo convertido en todo lo que él no quería ser, un muerto viviente en un mundo donde la cultura y todo a su alrededor ha perecido. 

Aún con esta nueva energía, Brakhage había llegado a un punto muerto en New York, y con Jane se reubicaron en Denver, en la casa de los padres de ella, quienes nunca aprobaron el matrimonio con Stan y ahora debían recibirlo como padre de su nieta recién nacida, a quien no podía mantener ya que se encontraba desempleado.

La relación de Brakhage con los padres de Jane fue a lo menos, contenciosa durante todo el tiempo que Jane y Stan estuvieron casados. Vivir con ellos no ayudaría, menos el hecho de que el desempleo de Stan fue por un periodo no corto de tiempo, considerando sus obligaciones familiares. Quizás por eso es importante entender que cuando los padres de Jane le ofrecieron a Stan cortar leña como una forma de ayudarlos económicamente, tanto a ellos como a Jane, no se trató de un ofrecimiento gentil ni conciliador, era más bien una alternativa a disgusto entregada por los suegros a un Brakhage que tomaba esta labor ofrecida como evidencia de su inutilidad para su círculo familiar. Y esos sentimientos tan amargos, esa situación cotidiana pero de una insatisfacción trágica, fueron el gatillante que dió forma a Dog Star Man, ciclo en el que Brakhage trabajaría por los siguientes cuatro años.  

Dog Star Man (1961-1964)

Junto a Dog Star Man, también están Blue Moses (1962), una película que actúa como un grito de derrota ante la imagen representativa y la “trampa” del relato, con un actor gritando contra los “malditos rastros” que detonaron la película en cuestión, no sin antes mofarse del hacer cine, de la cueva de Platón, de la misma idea de hacer una fantasía para los cautivos, como si realizar película fuera ideológicamente un acto de la más absoluta falsedad. Y también aparece Mothlight (1963), una de las que demostró ser de las más famosas obras de Stan Brakhage: se trata de un rollo de transparencia de 16mm en los se “imprimieron” hojas, pequeñas flores y polillas muertas, polillas que morían quemadas a la luz de las velas del escritorio en que Brakhage trabajaba, hecho que tomó como metáfora de lo que él estaba viviendo con cada película que hacía mientras no tenía dinero para alimentar a su familia. Su situación se parecía más y más a las polillas quemadas por esa irresistible atracción a la luz. Si hay un sentimiento que recorre todo el proceso de Dog Star Man, e incluso cuando la película ya estaba terminada es la desesperación, se trata de una obra producto de una realización profundamente desesperada.

Dog Star Man abre con un preludio al que se le dedica casi un tercio de la duración de todo el ciclo y en donde Brakhage encuentra una sofisticación rítmica y visual que hasta entonces no se había visto en el resto de su obra. La mayoría de las películas de Brakhage venían muy atadas a una técnica en particular, en cierta forma, si cada obra es una canción, Brakhage, por lo general, elegía un instrumento, una forma de interpretar la partitura que está proponiendo. Pero en Prelude: Dog Star Man se presenta un enorme abanico de técnicas e imágenes (múltiple exposición, celuloide intervenido ya sea pintado o rayado, astrofotografía, etc) que parecen estar hechas para chocar entre sí pero de forma creativa en vez de destructiva, convirtiéndose en efecto en un big bang, tanto visual como conceptualmente. Y es que el Preludio viene siendo el mito de creación sobre el que Brakhage funda el resto de Dog Star Man. La luna, el sol, las estrellas, se mezclan con imágenes de la ciudad, de pilares arquitectónicos, pelajes de animales, imágenes del corazón humano y también los “personajes” que veremos en las partes subsecuentes. Prelude: Dog Star Man es una precipitación de imágenes en un diálogo imposible; está todo bajo una lógica de sueño, objetos e imágenes se presentan como conceptos pero en efecto el significado y su fuerza es mayormente sensorial. 

El laborioso montaje de Brakhage en Prelude está, según él, inspirado en las operaciones fortuitas de John Cage. Pero hay que tener cuidado con cometer el error de pensar de que efectivamente estamos viendo un proceso que se dio por puro azar. Ni siquiera estamos tratando con una obra “editada en cámara”, Brakhage propone conceptos visuales que probablemente deban relacionarse de una forma libre, pero cada empalme, cada plano está mediado cuidadosamente por su propia presencia, al punto de que para cuando terminó esa primera parte (en efecto, la Parte 0), ya no quedaban operaciones fortuitas según le dijo a P. Adams Sitney. Y es que probablemente muchas veces solemos ignorar el hecho de que el punto de partida de la creación de cualquier obra es determinar un punto en el vacío, no hay nada más fortuito que ello. Es sólo una vez que el punto se convierte en un trazo que poco a poco comienzan a emplearse (o no) reglas o técnicas que la obra decide si obedecerá.

Part I es el relato o anécdota que detona las transformaciones y visiones del resto del ciclo. Vemos a Brakhage interpretando a un leñador, tratando de subir una montaña en medio de la nieve, acompañado de un perro que lo sigue y a menudo, pasa delante de él, juguetón, tratando de llamar a su dueño a que lo alcance. Si en Umberto D. Vittorio de Sica cierra la película con el perro del personaje principal tratando de alejar a su dueño de su deseo de terminar con su vida, Brakhage “abre” su relato con el can, como si estuviera interpretando al difunto Sirius, invitando a su dueño a que lo acompañe en la muerte. 

Se suceden imágenes de hielo en las ramas de los árboles, la corriente del río, el movimiento de las nubes.  Brakhage juega con los ángulos y la perspectiva de modo que la montaña va pareciendo cada vez más difícil de escalar. Y cae, una y otra vez, desplomándose con hacha en mano mientras camina hacia un punto indeterminado. Y es que, cada caída podría recordar a Jesucristo cargando la cruz (¿acaso Brakhage no está cargando su propia cruz mientras trata de poder continuar con su obra?), pero aquí no hay público, no hay una humanidad siendo salvada. Brakhage no sirve de cordero sacrificado. No hay redención, o al menos no parece haberla mientras nadie sirve de testigo de su esfuerzo más que el perro que lo acompaña. Se trata de una tarea sin motivo concreto, subir la montaña es una proeza sin ninguna promesa de triunfo de por medio.

Prelude: Dog Star Man (1962)

Las siguientes tres partes, Part II, Part III y Part IV son mucho más breves pero son los puntos en los que el personaje entra en un mundo de total abstracción. En Part II, el leñador continúa cayendo lentamente mientras aparecen imágenes de un bebé, cortando rápidamente entre la pequeña criatura, un incendio, imágenes de las ramas de los árboles mientras se derrite el hielo y la nieve, el tiempo en apariencia contenido continúa pasando con cada pequeño parpadeo del recién nacido. Como una visión de la vida de la que el leñador es responsable, el rostro del bebé aparece constantemente, martillando la mente y las visiones de las que está compuesta esta parte del ciclo. En Part III es Jane la protagonista, como una suerte de diosa o espíritu erótico se sumerge en el agua, completamente desnuda, mientras se presenta material de un corazón que parece detenido, y una serie de frames pintados a mano. Hacia el final, el corazón vuelve a latir; el sexo, el más primitivo de los impulsos es lo que le devolvió la energía vital al espíritu derrotado. 

Part IV concluye la serie en una tormenta de imágenes. El leñador yace en un punto de la montaña, y comienza a cortar el árbol, ya no es invierno, pareciera ser verano. Se suceden varias imágenes del sol, árboles, el acto de pintar, vitrales de catedrales e iglesias. Volvemos al punto original. Con una energía similar a la de Prelude, la película vuelve a entrar en una lógica rítmica de gran velocidad, pero ahora todo viene influenciado por los hachazos incesantes que da el leñador. Bien este podría ser su fin, su ascensión y comunión con el cosmos, pero pareciera que está condenado a seguir cortando ése árbol por el resto de sus días, mientras se hace uno con el sol, en un aullido silencioso, las explosiones de luz y múltiples exposiciones como único testimonio visual de ésa desesperación.

La conclusión de Dog Star Man puede ser considerada como trágica, y quizás en su duración de 78 minutos, lo es. El leñador corta el árbol pero no tiene una razón, vemos un bebé a una mujer, pero no hay retorno al hogar, no hay real uso para la leña cortada, y ahora está atrapado en un ciclo sin propósito, sólo hecho para purgar su mente. Pero aún cuando la visión de Brakhage, en cuanto a la conclusión de Dog Star Man se refiere, involucra la idea de que la cultura es un árbol muerto que sólo sirve para sacar leña, siendo en efecto, sólo material para ser quemado, es difícil ver a la película como una obra derrotista. Aún con una visión del cine que no le ve mayor uso, prácticamente cediendo ante la opinión de los reaccionarios de su tiempo, las imágenes apuntan a otra parte. Porque mito y relato de por medio, Dog Star Man también es una amalgama de técnicas, de visiones y vistas, de imaginación e inconsciente que ha demostrado ser irrepetible, un puro estado de trance tan sofisticado como primitivo, un camino aparte o un terreno que pide ser explorado de una nueva forma, con otros ojos. Si el cine está muerto, Dog Star Man, es el aparato que trae de vuelta a la vida al cuerpo inanimado ¿Y acaso crear no se trata del acto de traer nueva luz a la oscuridad?

Por otro lado, y quizás ésta es una visión más en retrospectiva, si Prometeo y Sísifo sirven de figuras míticas que vivieron una eternidad de castigo y tormento, Dog Star Man es el testamento de un hombre que volvió de esa condena su vida entera. Si el árbol está muerto y sólo sirve para sacar leña, Stan Brakhage subirá esa montaña mil veces para hacerlo. Y es que, al final, por mucho que le demos una cualidad heroica a la vida y obra de Brakhage, su búsqueda siempre fue personal, ésta era la tarea a la que se entregó. El hombre que corta leña en un flujo de imágenes imposibles está condenado a hacerlo para siempre, y para Brakhage esa condena es crear. Sabía mejor que nadie que para bien o para mal, iba a seguir haciendo éstas películas mientras tuviera aliento. Brakhage en Metaphors on Vision menciona a The Dead como una película que “Lo mantuvo con vida”. Quizás en cierta forma, todas y cada una de las películas que le siguieron, fueron las que mantuvieron andando a Stan, casi como un propósito primal, espiritual, lo siguió ciegamente, y aceptó la sentencia de tener que crear hasta la eternidad, o al menos, hasta el fin de su vida corporal. 

Dog Star Man (1961-1964)

Dog Star Man fue “un éxito” (¿tiene sentido usar un concepto así para obras que siempre han sido denominadas como poco comerciales?) en el sentido de que no sólo le significó notoriedad a Stan Brakhage, le permitió seguir trabajando en más películas, y efectivamente, Brakhage decidió “cortar leña” hasta el final de sus días; unos días antes de morir terminó Chinese Series en 2003. Estaba postrado, casi sin materiales, y terminó la película con su propia saliva y rayando la película con sus propias uñas, sin salir de la cama que lo tenía atrapado, pero de nuevo, si algo no se encontraba preso era su visión. 

Desistfilm fue una película que efectivamente decide desistir de las formas de vida de su tiempo, y de ahí en adelante, Brakhage siguió desistiendo. Su obra, sus películas le trajeron problemas personales, económicos, incluso espirituales, pero al mismo tiempo siempre eran la respuesta al acertijo, y continuó insistiendo en el error todas las veces que fuese necesario.

El mismo concepto de “obra cumbre” no tiene sentido, ni siquiera para una película de la escala y significado de Dog Star Man, quizás porque la misma plantea el fracaso de una proeza tal, y es que también el cine de Brakhage cambió constantemente, siempre planteándose nuevos desafíos, nuevas luchas con la complejidad (refiriéndose a Picasso). Después de cada película había una nueva montaña por subir. Y ahí está quizás uno de los aspectos más nobles del cine de Brakhage, y es que siempre fue arte por el arte, podían haber obras más o menos aclamadas, mayores o menores, pero todas las veces le seguía una nueva pieza.  Si en Dog Star Man Brakhage se permite encarnar una figura mítica, el resto de su obra revela que no fue nadie más que él mismo quien decidió subir una piedra por la pendiente, y cada vez que llegaba a la cima, era una vez más quien inventaba otra pendiente por escalar. He aquí un mito que no sólo sobrevivió, sino que abrazó su propia condenación, y que hizo de ésta su liberación y su razón de vivir. Un mito de carne y hueso, el hombre perro estrella.