ENTREVISTA A IGNACIO AGÜERO: “EL ARCHIVO ES CAPTURAR EL MUNDO EN UN INSTANTE”

ENTREVISTA A IGNACIO AGÜERO: “EL ARCHIVO ES CAPTURAR EL MUNDO EN UN INSTANTE”

Por José Luis Salazar

En Hoy es jueves cinematográfico (1974), la primera obra del cineasta chileno Ignacio Agüero, la pantalla desciende conforme la sala se llena. Agüero filma la preparación de ese ritual que nos reúne: la pantalla que baja lentamente, los operadores que acomodan los rollos para la proyección, el haz de luz del proyector que invade la oscuridad y los cuerpos que, uno a uno, toman asiento mientras el momento se acerca. La hora finalmente llega y el mundo queda atrás durante unos minutos. Es jueves cinematográfico, día de estreno y, por ello, el día más importante de la semana. En una operación casi dancística, los operadores sirven también como montajistas: construyen, entre esas cuatro paredes, un mundo secreto en el que las personas desaparecen por breves instantes. Un espacio donde las imágenes adquieren otra escala y otra intensidad, donde todo parece más próximo y urgente, donde todo impresiona, así como conmueve.

Ignacio Agüero es un cineasta nacido del cine. Fascinado por los rostros que observan la pantalla, ha hecho de su filmografía una excusa para perseguirlos. Desde aquel primer cortometraje, en el que aparecen por instantes proyectados en la pantalla los rostros de Jack Nicholson, Charles Chaplin, Liv Ullmann, Clint Eastwood o la pequeña Ana Torrent, además de carteles de Pat Garrett and Billy the Kid, Amarcord, El fantasma de la libertad o Young Frankenstein, emerge ya un asombro ante las expresiones anímicas, las reacciones y la gesticulación con las que el público se abandona a las imágenes que tiene enfrente.

En las películas posteriores de Agüero persiste esa misma búsqueda: en los niños que descubren el cine a través del taller impartido por Alicia Vega en Cien niños esperando un tren (1988); en un pueblo que se contempla por primera vez a sí mismo mediante relatos y recuerdos en La mamá de mi abuela le contó a mi abuela (2004); o, invirtiendo la lógica de la mirada, en el propio cineasta que se interroga sobre el sentido de filmar en Como me da la gana (1985).

Ahora, en Cartas a mis padres muertos (2025), Agüero vuelve la mirada hacia su propia memoria. A partir de fragmentos de su filmografía y materiales de archivo, reconstruye la historia reciente de Chile mientras pone al corriente a sus padres fallecidos antes del golpe de Estado sobre el devenir político y social de un país que ellos apenas alcanzaron a conocer y que pronto dejó de existir.

La película se presentó en la Gira de Documentales Ambulante, en México, y, como parte de sus actividades, el cineasta acompañó una función en la ciudad de Tijuana. Con motivo de esa visita se sostuvo el siguiente diálogo, en el que el maestro Agüero compartió algunas reflexiones sobre el cine, la memoria y las imágenes como formas de preservar aquello que el tiempo insiste en borrar.

José Salazar: Es muy personal la película (Cartas a mis padres muertos), es una conversación con sus padres. ¿Cómo surgió esta idea? ¿De dónde viene esta conjunción de utilizar parte de su obra y abordar también lo que ha ocurrido en Chile en los últimos años?

Ignacio Agüero: Viene de las ganas de hacer películas. Me dije varias veces “¿qué película hago ahora?” Haré una película sobre los 50 años del golpe militar. Pasó el tiempo, pasaron los 50 años y no hice nada. Pero me quedé con esa mala pasada, pensando cómo contar esa historia y qué hacer con ese tiempo que ha pasado. Me dieron ganas de hacerlo cuando lo vinculé con los años transcurridos desde la muerte de mi padre que coincidió, más o menos, con el golpe militar. Entonces esas dos fechas, la muerte de mi padre y el golpe militar, hicieron aparecer una película posible.

José Salazar: Me parece algo interesante que a sus padres no les tocó vivir este periodo de la dictadura militar, entonces es plantear un país totalmente distinto al que probablemente ellos conocieron. Y al poner fragmentos de sus películas ya no solo está contando la historia de su país, sino también parte de su propia vida, porque finalmente sus películas han sido su vida. Es una manera de ponerlos al corriente de lo ha hecho usted.

Ignacio Agüero: Exacto. En ese juego me quedó corto porque es muy poco y todo lo que queda fuera es mucho. Dan ganas de continuar, de no parar y poner todas mis películas. Hay mucho que contar, ellos tienen mucho que procesar y en el montaje se van quedando cosas fuera. Esas cosas que quedan fuera no quedan tranquilas, quedan molestas, quedan ahí flotando, esperando cuando entrar a la película. Las películas ya hechas son muy interesantes al momento de ponerlas en una nueva película porque tienen una nueva vida, una posibilidad de resignificarse, de no ser olvidadas. Es muy interesante jugar con eso y como yo soy el autor puedo libremente hacerlo.

José Salazar: ¿Cómo es volver a ver su obra? Porque me imagino que para poder hacer el proceso de montaje e integrar escenas de algunas de sus películas tuvo que reencontrarse con ellas y es repasar ciertos capítulos y recordar anécdotas de cuando se grabaron. ¿Cómo es, con el paso de los años, volver a verse a si mismo a través de su cine?

Ignacio Agüero: No sé si estoy viéndome a mí mismo. Tal vez sí. Porque es recordar la experiencia y la emoción que tuve cuando la estaba haciendo, que es lo que estaba viviendo, que estaba pasando en mi vida en aquel momento. Yo creo que todas las personas quisieran tener esa experiencia. Yo quiero creer que la gente cuando ve mis películas, cuando estas terminan, les dan ganas de ser cineastas y de hacer películas. Es una fantasía que yo tengo porque no puede ser de otra manera; la gente debe querer hacer lo mismo que yo y poder revisar sus vidas, explorar su casa, conversar con sus padres. A todo el mundo le debe nacer el deseo de querer hacerlo, con sus cámaras, jugar con sus recuerdos. Tal vez no lo tengan consciente cuando abandonan la sala, pero seguro dirán… “oye yo quiero hacer una película”.

José Salazar: Es que creo que algo valioso de su cine es que encuentra significado en las cosas a su alrededor, cosas que muchas veces pasamos de largo, como los archivos, nuestra historia, nuestros barrios, las personas con las que convivimos, nuestros recuerdos y nuestra familia. Siento que eso motiva, saber que es tan fascinante nuestro alrededor y que usted logra captarlo a través de la cámara y dotarlo de un significado. Por ejemplo, en Cartas a mis padres muertos, hacia su final donde están en el cine con sus padres, entre que su madre no sabe si ya terminó la película y su padre se queda dormido, se imaginan junto a Jean Luc Godard y Raúl Ruiz. Que el cine permite no solo construir sobre lo que existe sino imaginar lo que podría pasar.

Ignacio Agüero: Constituye el poder del cine y la libertad del cineasta de crear y poner en escena la imaginación porque cuando ocurre la escena que tú me cuentas, yo creo que todo el público ve la sala de cine y ve a Raúl Ruiz y a Godard, los ven sentados y que más atrás está mi padre, mi madre y mi tía Lucy. El público puede ver eso y transformar eso en una realidad. Ese sueño pasa a ser una realidad. ¿Y sabes cómo está hecho eso? Simplemente con una voz sobre negro, pero esa voz crea un mundo y el público lo vive y lo acepta como una realidad. Y cuando tú me cuentas esta escena, yo pienso “qué fantástico es el cine, qué poder el que tiene y qué liberador es crear”.

José Salazar: ¿Cómo es trabajar con material de archivo? Gran parte de su carrera lo ha utilizado, guiándose por la historia de su país, por los efectos de la dictadura y lidiando con cierto pasado del país y también el personal.

Ignacio Agüero: El material de archivo es riquísimo porque este fue filmado por alguien en un momento preciso que capturo una imagen y esa imagen nuca más se borró, se quedó. El archivo es capturar el mundo en un instante. También es el poder del cine y de la fotografía: retener el mundo. Entonces rencontrarse con una fracción del mundo del pasado y revivirlo con el montaje en el presente relacionándolo con otras imágenes es fascinante. Saber que uno tiene toda la historia del mundo en la mano para poder vivirlo y revivirlo. Eso nos hace maravilla y nos hace pensar en las posibilidades del cine, de la imagen y del mundo. Hay ahí unas posibilidades expresivas inmensas.

José Salazar: ¿Cómo ha sido su experiencia en Tijuana, que a veces parece una capsula aislada de México y del mundo por la manera en que se vive en su relación con Estados Unidos tan cercana?

Ignacio Agüero: La he pasado muy bien, la gente de Ambulante es muy cariñosa y he tenido una relación con el público de Tijuana que tiene una mirada muy sensible. He comido muy rico y he estado mirando el muro, viajando a su lado. Es una imagen muy violenta, muy aprehensiva también. Un chico del público me dijo que Tijuana es lo más norte que hay de Latinoamérica, que es el punto final de Latinoamérica y termina estrellándose con ese muro tan horrible. Es tan odioso y es muy expresivo. Me estoy nutriendo de imágenes.

José Salazar: Contrario a las murallas físicas, creo que su cine ha construido muchos puentes. Hace poco vi en el FICG como parte de la programación del país invitado (Chile), El viento sabe que vuelvo a casa (2016) de José Luis Torres Leiva que usted protagoniza. Creo que es doblemente significativo que usted este viendo ahora mismo el muro fronterizo porque también conoce el otro extremo de Latinoamérica, aquel que termina en el océano.

Ignacio Agüero: Por eso me parece tan brutal ese muro. Es un insulto, es lo contrario del amor. Me gusta pensar que ese muro tiene un sentido distinto al que tiene realmente; que es un muro que detiene y no deja pasar hacia México y hacia Latinoamérica ese mundo imperialista, como eje de contención.

José Salazar: Con todo lo que ha hecho, ¿qué le gustaría hacer ahora? ¿tiene algún interés en hacer otra película y, si la hiciera, en qué ha pensado? Creo que la pregunta viene con Cartas a mis padres muertos que ya es totalmente personal, pues cuando ya ha explorado tantas cosas de su país y de la dictadura, queda la duda. La dictadura sigue siendo una herida abierta que todavía se tiene que hablar y se tiene que denunciar, más en este momento político en Chile.

Ignacio Agüero: Hay tantas cosas posibles de hacer o que uno tiene ganas de hacer. De repente va a aparecer una película con su forma y su financiamiento que dará lugar a mi próximo proyecto. De los archivos que trabajé en esta última película hay mucho material que quedo fuera y que está ahí esperando ser ocupado, son materiales que quieren entrar a la pantalla. Sé que la aprehensión de esos archivos de algún modo me va a llevar a la próxima película. De mis películas siempre aprendo que cada una es un paso más hacia la libertad de crear, por lo tanto, en la próxima o la siguiente voy a poder ir un poco más en la libertad de la forma. Que voy a poder descubrir nuevas posibilidades. En esta última, por ejemplo, pude trabajar con la voz, algo que no había trabajado antes y que fue novedoso para mí.

José Salazar: Por último, pensando nuevamente en Cartas a mis padres muertos, ¿siente que pudo contarle todo lo que quería a sus padres o todavía hay mucho que quisiera decirles? Hay muchas películas suyas de las que aparecen fragmentos, pero también hay muchas que no aparecen y queda el sentimiento de que tal vez a usted le hubiera gustado mostrarle toda la película, no solo esas escenas. ¿Qué le faltó decirles? ¿Qué le hubiera gustado que sus padres vieran? La película se siente como una correspondencia infinita.

Ignacio Agüero: Ese sería un muy buen título de película, “la correspondencia infinita”. Eso que tú estás diciendo lleva naturalmente a otra película. Para poder seguir la conversación con ellos y esa conversación con ellos, es una conversación con todo el mundo. Todo ese material de archivo que está pendiente y todas las películas que mis padres podrían ver pueden llevar a otra película.

Cartas a mis padres muertos
Dirección y guion: Ignacio Agüero
Investigación y archivo: Claudia Araneda
Montaje:  Claudio Aguilar – Ignacio Agüero
Dirección de fotografía y cámara: David Bravo – Ignacio Agüero – Claudio Aguilar
Producción de campo: Viviana Erpel
Postproducción de sonido: Sue Sonido Inmersivo
Diseño y mezcla de sonido: Marcos Salazar
Postproducción de imagen y master: Diáspora Films
Chile, 2025, 116 min