CANNES 2018: CORTOMETRAJES DE LA SEMANA DE LA CRITICA

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Third Kind de Yorgos Zois

Por Aldo Padilla

La predominancia de producciones francesas en los certámenes de cortometrajes muestra la gran vitalidad de la industria del corto galo, los cuales no solo se concentran en el mismo país sino también a través de rodajes en el exterior, con especial mirada en sus excolonias. Y aunque el cine francés fue un importante protagonista de la selección ganando el segundo premio y dándose el lujo de incluir un gran nombre como Bertrand Mandico como proyección especial, el cine griego eclipsó dicho desempeño con la victoria de Jacqueline Lentzou con Hector Malot: The Last Day of the Year y la proyección especial de Yorgos Zois con Third Kind, una magnífica conjunción entre el sci-fi y reclamos humanitarios.

El film de Lentzou es posiblemente uno de los más sencillos de la competencia con una protagonista que va moviéndose en el último día del año, besándose en un auto, teniendo sexo con un amigo y, ante todo, disfrutando de la compañía de su enorme perro. Si bien hay un cierto hermetismo sobre ciertas escenas oníricas y los problemas de comunicación de la actriz, el film está elegantemente resuelto con la protagonista bañando a su perro como una forma aleatoria de terminar/empezar el año.

Frente a la sencillez de Lentzou la denuncia social de Yorgos Zois en Third Kind se siente como un puñetazo en el estómago. El griego que ya había explorado los límites de la ficción en el largometraje Interruption, presente en la sección Orizzonti de Venecia, decide utilizar la ciencia ficción como vehículo para manifestar su posición sobre la compleja situación de los refugiados, alejado de la condescendencia europea occidental, ya que vive más de cerca el drama desde una Grecia que se ha convertido en uno de los pasos filtro que impide la llegada al destino final. La idea central recuerda a Wall-E, con un trío de científicos que llega a una tierra ya deshabitada, atraidos por una melodía pentatónica que es captada desde el espacio. Su investigación comienza en lo que aparentemente fue un centro de refugiados, el cual que parece ser ajeno y curioso a los investigadores, y que mediante diferentes pistas llevará a comprender lo que ocurrió allí en la época contemporánea. La gran metáfora que incluye Zois en el film es la representación del estadio Olímpico de Atenas, el cual totalmente inutilizado fue usado hasta el año pasado como espacio de tiendas de campaña para refugiados, que muestra cómo la crisis griega y europea del 2008, que enfrenta cara a cara con la actual crisis humanitaria, refugiados interplanetarios que aún no entienden el drama de medio oriente.

Rapaz de Felipe Gálvez

La única participación latinoamericana en la competencia vino de la mano del film chileno Rapaz de Felipe Gálvez, un film que recurre al hiperrealismo mediante un formato vertical que busca emular a una grabación amateur de celular. Este artificio es necesario para recrear la detención ciudadana de un adolescente, quien es acusado del robo de un celular, esto representado de la misma forma en la cual suelen ser viralizados estos videos en redes sociales. Si bien es notorio que el guion y la situación buscan reflejar lo más posible la realidad, hay un exceso de elementos que confluyen en el espacio tiempo, desde la persona conciliatoria que busca apaciguar la situación. El personaje radical cuyo discurso parece incendiar a la muchedumbre mediante ideas fascistas y demagogas y el hombre que observa y que se mueve entre la neutralidad y la culpa, en resumen un microcosmos de la sociedad chilena de a pie. El último personaje también es retratado con un efecto espejo ya que mientras la muchedumbre va juzgando al adolescente puede notarse que este hombre es parte de una especie de estafa piramidal, lo cual desemboca en una mirada mediante la cual la sociedad juzga el crimen de acuerdo a la clase social.

Retomando el cine francés, se presentó en competencia el thriller cómico Pauline Enslaved de Charline Bourgeois-Tacquet, que recorre la paranoia de una mujer de unos 30 años quien se enfrenta al silencio de su amante casado, quien es bastante mayor que ella y cuya relación es autodenominada como sapiofilia. Hay un discurso evidente de la directora frente a la distorsión de la comunicación como consecuencia de la hiperconectividad, la cual genera en la protagonista largos discursos frente a su fiel amiga, en los cuales va especulando lo que siente y que mediante acelerados cortes de plano y un divertido montaje logran un efecto más desesperado aún.

El baño público de un hipódromo coreano es el protagonista de Exemplary Citizen de Kim Cheol Hwi, un sitio inmundo filmado desde la óptica coreana, baños tapados, sopas a medio terminar, un piso infestado de basura y un enigmático hombre impecablemente trajeado que sin un aparente motivo se pone a limpiar el lugar apenas suena el llamado para que los apostadores vuelvan a su faena. Sin duda, el asco es el sentimiento mayoritario durante los 12 minutos de metraje, aunque la parsimonia y elegancia del actor transforman en tolerable el visionado de un film que aprovecha la claustrofobia de ese baño que pareciera ir cambiando de tamaño durante el visionado.

La relación de Suiza con la muerte es un tanto particular principalmente por ser uno de lo poco países europeos donde la muerte asistida está legalizada y si bien el corto Schächer de Flurin Giger no tiene relación directa con la eutanasia, la manifestación de la muerte se presenta de forma material en una pareja de ancianos, los cuales son parte de una muerte asistida por la muerte en persona, que llega unos minutos antes del deceso de los personajes como una especie de ayudante en la compleja transición.

The Fall de Boris Labbé

El film de Boris Labbé es una extraña mezcla entre los primeros cortos animados realizados con tiza a inicios del siglo XX, con una técnica impresionante y con una música totalmente digna de los círculos del infierno. The Fall es el apocalipsis dibujado y que cuenta con unos pocos colores, donde el blanco es quien absorbe el miedo y las texturas de una humanidad caída en desgracia y que seguramente se acerca a las ideas descritas en La divina comedia, la animación nuevamente logrando lo que la acción real nunca podría filmar.

Blindaje es la palabra que puede definir al corto franco argelino Un Jour de marriage de Elias Belkeddar, que se llevó el premio Canal +, pero del cual solo queda acercarse desde una distancia prudente dada su estructura poco habitual, el film se mueve en pequeños actos que están conectados por un protagonista, quien se encuentra con sus amigos en algún bart argelino, que tiene una especie de flirteo con una mujer en esa misma noche y el extraño episodio que define el título que es la organización de una especie de boda falsa, sin explicar mayores motivos. El enigma queda alrededor y su esencia se basa en esa incógnita, con la única certeza que hay algo un poco mafioso detrás de la mayoría de los actos del protagonista.

El cine B también estuvo presente en forma de cortos con La Persistente de Camille Lugan, un coctel entre el terror y la cultura de las motos. El film retrata cierto pansexualismo (ahora que el termino anda en boga) de un inmigrante latino con su moto y un grupo de patanes de manual que quiere hacerse con la máquina. A pesar de su autoconsciencia, no solo con los diálogos, estética y ética fundada en la lealtad absoluta, la película choca contra el muro del argumento barato y la predictibilidad.

La subsección padres alcohólicos estuvo presente con dos cortos que resultaron entre lo más flojo de la competencia. El film ruso Normal de Michael Borodin se choca con el tópico de adolescente tratando de salir de un pueblo que parece limitar sus posibilidades, aunque la imagen de su entorno es tan conformista que tiende a ser casi una caricatura. Una novia que le dice que no le interese ir a la universidad y quiere ser “normal” y un padre alcoholizado que le obliga a que busque un trabajo y deje de lado sus ideas, lo único que parece alejarse del cliché de adolescente con el mundo en contra es como el estudiante es víctima y victimario del bullying, lo cual equilibra un poco un film con una idea pesimista del mundo rural ruso.

La moda de los furries llego también a Cannes con The Tiger de Mikko Myllylahti, quien recurre a esta especie de disfraces para retratar a una muchacha que va evadiendo a un padre alcohólico, cuya paranoia lo hace recorrer la casa con una escopeta cargada. El disfraz de tigre para evadir una realidad controladora y que parece ayudar a tomar decisiones, aunque todo en un extraño tono de comedia negra.

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