Por Ricardo Adalia Martín
En cuanto la imagen se separa del soporte, de la materia en la que venía inscrita, embebida, su modo de memoria se transtorna y redefine por completo. Su antigua condición de memoria de archivo, repositoria, dependía justamente de su capacidad de absorber las cualidades propias de lo inerte: ella podía ejercer su fuerza conmemorativa, restitutoria, por la condición suficientemente inmutable de la materia a la que estaba indisolublemente apegada. Tan pronto como esa adhesión y su indisulubilidad se alivian, lo que se cumple en la nueva forma de producción técnica, las imágenes dejaran de oficiar como eficaces memorias de consignación…