Por Cristina Álvarez López
Tras una primera lectura, uno puede pensar que Último día cada día es, fundamentalmente (y como su subtítulo parece indicar), un recorrido por el pensamiento figural a partir de una serie de autores clave. En efecto, el libro dibuja un trayecto que puede leerse como un intento de historización, pero uno que no pretende ser exhaustivo, cerrado o cronológico. La historia que esboza Último día cada día es solo una de las muchas posibles; una historia muy personal y, en cierto modo, única; una historia que toma como base una serie de fragmentos de textos que, tal y como Martin reconoce, están “dispuestos, más o menos, en el mismo orden en que llegaron a mí, el orden en que me encontraron” (pp. 1-2).